La canción maldita de sor Sonrisa

La historia de 'Dominique', el éxito inesperado de Jeanine Deckers.

Carlos Aranda Linares

23 de mayo 2016 - 01:00

JEANNE-PAULE Marie Deckers, más conocida como Jeanine Deckers, nació el 17 de octubre de 1933 en Laeken, un barrio del norte de Bruselas en el seno de una familia conservadora. Tuvo una infancia poco feliz debido en parte a la ausencia de su padre, que se alistó y participó activamente en la Resistencia durante los años de la Segunda Guerra Mundial, y muy especialmente a la autoridad férrea y nada afectuosa de su madre, con la que nunca tuvo buena relación.

Tras dejar inconclusos sus estudios de Magisterio y huyendo de las presiones familiares para contraer un matrimonio pactado, en septiembre de 1959 ingresó con el nombre de hermana Luc-Gabriel o Sor María Gabriel en el convento de Fichermont, en Waterloo, de la orden de las dominicas. Joven de voz dulce, aficionada a la música y con conocimientos de guitarra, la hermana Luc-Gabriel se aplicó especialmente en las labores del coro donde, sin otra pretensión que la de acompañar con ella la liturgia sagrada, compuso en 1961 la canción Dominique, dedicada a Santo Domingo de Guzmán, el santo español qué fundó la orden de los dominicos en el siglo XIII.

Se trataba de una canción pura, ingenua y pegadiza que gustó tanto dentro como fuera del convento, lo que indujo a sus superioras a firmar un contrato con Philips para editar en 1962 un disco sencillo con ella y otro tema en su cara B. Por razones del voto de pobreza que profesaba la hermana Luc-Gabriel, los derechos de autor se repartirían entre la discográfica y el convento, que los destinaría a sus obras misioneras.

La canción pronto alcanzó un éxito imprevisto, grabándose versiones en todos los idiomas imaginables, encabezando las listas de éxitos en numerosos países de varios continentes y llegando a superar en algunas listas de Estados Unidos al propio Elvis Presley, que por aquellos años se encontraba en su mejor momento. Rebautizada con el nombre artístico de sor Sonrisa, un nombre que a ella siempre le pareció absurdo e inapropiado, la fama alcanzó a la hermana Luc-Gabriel casi de inmediato en forma de noticias de prensa, entrevistas y actuaciones en emisoras de radio y televisión hasta llegar a cambiar su vida casi por completo.

En 1964, tras recibir un premio Grammy, grabó un segundo álbum Una flor, corazón de Dios, también de temática religiosa, que no tuvo el éxito del anterior. En 1966 y aun sin haber profesado los votos perpetuos, Jeanine abandona la vida conventual y la orden religiosa para dedicarse por completo y ya con total libertad a la música con el nuevo nombre artístico de Luc Dominique, pues la orden de las Dominicas le requirió que dejara de usar el nombre de sor Sonrisa e incluso intentó que se retirara del mercado aquel primer y exitoso disco grabado bajo ese seudónimo. En aquel mismo año se estrenó una película inspirada en su vida, titulada La monja cantante, protagonizada por Debbie Reynolds y el mexicano Ricardo Montalbán. Pero su argumento, que relacionaba su ingreso en el convento con la frustración provocada por un noviazgo fracasado, fue tachado de ficticio por la propia Jeanine.

Marchó a vivir con su íntima amiga Annie Pécher, once años más joven que ella, de la que ya no se separará hasta su muerte. Desde el primer momento Jaenne y Anne hubieron de soportar la extendida sospecha y acusación de lesbianismo, condición que ellas nunca confirmaron pero que se atisbará más que probable en algunas anotaciones de los años ochenta en el diario íntimo de la cantante.

Publicó entonces otro álbum titulado Je ne sui pas una vedette, con cuyos controvertidos y despechados contenidos criticaba la mentalidad retrógrada de la Iglesia, el machismo social imperante y se posicionaba en favor de la píldora anticonceptiva, para la que incluso compuso la canción La Pilule d'or(La píldora de oro). Pero el nuevo disco y su gira promocional por Estados Unidos y Canadá resultaron un rotundo fracaso.

A principios de los años setenta desarrolló como cantautora un estilo de canción protesta antibelicista, feminista y nunca exenta de un matiz espiritual con la que tampoco volvió a toparse con el éxito. El mismo público que años antes la había encumbrado caprichosamente por tan solo una simpática canción, ahora le daba la espalda, relegándola a un olvido que la sume en su primera crisis depresiva.

Para intentar vencer las dificultades económicas, hubo de impartir clases de guitarra y abrió junto a su pareja una pequeña escuela para niños autistas. Fue entonces, en 1974, cuando el fisco belga le reclamó una cuantiosa suma en concepto de impuestos por los royalties o derechos de autor de la exitosa canción Dominique. Inútilmente intentó defenderse argumentando que nunca había recibido cantidad alguna por ello, pues dichas cantidades las habían percibido la orden dominica y muy especialmente la discográfica Philips. Aunque la orden religiosa le dio una pequeña e insuficiente cantidad de dinero para hacer frente a la deuda, Philips supo defenderse y no hizo lo propio. Así, con una deuda que aumentaba por la acumulación de años de intereses de demora, en 1982 la hacienda belga le cerró y embargó el pequeño centro para niños autistas que Jeanine regentaba. En un intento de obtener recursos, a principios de los ochenta, la olvidada Jeanne sacó al mercado un último disco recuperando a la desesperada el viejo nombre de sor Sonrisa con el que décadas atrás había logrado fama internacional, pero fue en vano.

En un infructuoso intento de paliar su situación, las autoridades religiosas fueron generosas y le ayudaron a adquirir su vivienda en el pequeño pueblo de Wavre.

Sumidas en la depresión, acosadas por las deudas y sin trabajo, el 29 de marzo de 1985, Jeanine y Annie se suicidaron en su casa con una ingesta de barbitúricos y alcohol. Tenían cincuenta y uno y cuarenta y un años respectivamente. Ese mismo día y sin que ellas aun lo supieran, la Sociedad Belga de Autores, Compositores y Editores conseguía recaudar para ella 571.658 francos belgas, mucho más de 99.000 francos belgas que aun acumulaba su deuda. Triste ironía del destino.

Cada una dejó una breve carta. La de Jeanine decía "¿Soy una fracasada? Tan solo trato de permanecer honesta conmigo misma, busco la verdad e intento cuestionarme todo en mi vida… Hace diez años habría dicho que soy una perdedora, pero hoy no pienso en términos de perder o ganar. La vida es un continuum. Estás constantemente en camino. Un día me siento bien y al siguiente me siento mal. Todo es soportable. ¿Volvería a hacerlo todo igual otra vez? Esa no es una buena pregunta. No podría. No puedes hacerlo todo igual de nuevo. Es así".

Por su parte, su compañera Annie escribió ""Jeanine padece una depresión constante. Sólo vive para mí y yo para ella. Esto no puede seguir. Ambas sufrimos demasiado. Ya no tenemos sitio en esta vida ni otro ideal aparte de Dios, pero de eso no podemos comer. Nos vamos en paz hacia la Eternidad. Confiamos en que Dios sabrá perdonarnos. Él nos vio sufrir y no nos abandonará. A Jeanine no le gustaría morir para el mundo. Padeció una dura existencia en la Tierra y merece vivir en el recuerdo de la gente".

Siguiendo sus últimas voluntades, fueron enterradas juntas y cristianamente en el cementerio de Cheremont de la ciudad de Wavre. Y allí, al lado de su amiga Annie, descansa finalmente dor Sonrisa, aquella joven a la que una canción ingenua y algo infantil catapultó inesperadamente fuera de los seguros y confortables muros del convento hacia un mundo en el que nunca encontró su sitio ni la paz. En su lápida grabaron a manera de epitafio "He visto volar su alma a través de las nubes", un pequeño verso de una de sus poco valoradas canciones.

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