Balance del XVI Festival de Música Española de Cádiz

Un festival demasiado largo y con muchos vacíos

  • Al contar con una programación muy esparcida en el tiempo se corre el riesgo de que el Festival de Música Española de Cádiz pierda su identidad como festival 

Un momento de 'El último hechicero' en el Teatro Villamarta. Un momento de 'El último hechicero' en el Teatro Villamarta.

Un momento de 'El último hechicero' en el Teatro Villamarta. / Manuel Aranda

Del 9 de noviembre al 2 de diciembre ha transcurrido la programación del XVI Festival de Música Española de Cádiz. Entre medias del Festival, la festividad de Santa Cecilia, el 22 de noviembre, con todas las actividades que conservatorios, asociaciones musicales y ayuntamientos suelen programar para la ocasión, y las programaciones ordinarias de otoño-invierno de los teatros y auditorios de la provincia.

Está claro que el mes de noviembre es musical, nos pongamos como nos pongamos. Mes al que se agregan a lo largo del año, el Carnaval en el febrero Gaditano, el Festival Flamenco de Jerez, también entre febrero y marzo, los compases de bandas de Semana Santa, y los conciertos veraniegos que cada ayuntamiento promueve con mayor o menor acierto.

Es probable que, en cuanto a duración, el Carnaval pueda que sea el evento musical más largo de todos ellos, ganándose en ese sentido, el título de “los más jartibles”. También es cierto que el Carnaval es mucho más que música…

Y cuento todo esto, porque en mi opinión este año, la XVI Edición del Festival de Música Española de Cádiz ha tenido una programación muy larga en el tiempo. Un mes, prácticamente ha durado, desde que comenzó a primeros de noviembre. Y un mes, con sus cuatro fines de semana, que es donde principalmente se ha concentrado la programación del Festival. Los lunes, salvo el día 26, con el Taller Sonoro en el Conservatorio, no ha habido programación alguna del Festival. Los martes y miércoles la programación ha sido testimonial o nula, y el único jueves que tenía algo interesante, el de Ruibal, se suspendió el concierto por afonía del cantante.

En fin, lo dicho, que cuatro fines de semanas han acaparado la inmensa mayoría de la programación del FMEC 2018. Y en mi opinión eso no es bueno, por varias razones. La primera, porque el propio Festival corre el riesgo de perder su identidad como Festival, al estar tan esparcido temporalmente y con picos muy altos de oferta los fines de semana y valles profundos de falta de oferta, entre semana. En segundo lugar, se corre el riesgo de confundir el Festival con las programaciones ordinarias de teatros y auditorios, y por último, se producen duplicidades de programación con otros eventos, como por ejemplo, los programados para las celebraciones de Santa Cecilia. En mi opinión, el Festival debe mejorar este aspecto y repensar la extensión en el tiempo del mismo.

Y cuento todo esto, con el ánimo de aportar para mejorar un Festival que me gusta, y al que asisto año tras año. Que ha tenido grandes momentos y que los sigue teniendo. Y que es muy gaditano, entendiendo el término en el sentido más provincial posible.

Y dicho esto, el Festival este año ha tenido, desde mi punto de vista, momentos brillantes, como lo fue el estreno mundial de la opereta de salón: El último hechicero, una auténtica joya rescatada del olvido, desde que se escribiera en el siglo XIX por Pauline Viardot. Y además el estreno fue en el Teatro Villamarta, que es el teatro que se ha ganado a pulso el título de buque insignia de la ópera en la provincia de Cádiz, tras más de 20 años luchando infatigablemente por ello.

Y ha sido un éxito total, la fidelidad al Oratorio de la Santa Cueva de Cádiz, y este año aún más, si cabe, ya que se ha recuperado y estrenado en ella, una partitura inédita para flauta y cuarteto de cuerdas de la obra Las siete últimas palabras de Cristo en la Cruz, de Haydn y Barbieri.

En lo sinfónico ha habido de todo un poco: un brillante y seguro Michael Thomas que hizo doblete, con la Orquesta de Córdoba y con la Orquesta Ciudad de Almería. Una estupenda Orquesta Ciudad de Granada con su director titular Andrea Marcon al frente. Y una testimonial Orquesta Filarmónica de Málaga en formato super reducido en la Iglesia de San Juan de Dios. Hemos echado en falta las magníficas capacidades de la orquesta andaluza por excelencia: La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, que pese a dar un buen concierto, se puede esperar mucho más de ella, sobre todo si es solo una vez al año la que viene a Cádiz.

Ha habido recitales, dúos musicales, música actual, la sanluqueña Ruth Rosique, que llegó a actuar en tres ocasiones, e incluso el Festival lo abrió un concierto de rock, en la Plaza de San Juan de Dios, con Bosco y su Akelarre musical (aunque no comparto que fuera una banda de rock la que inaugurara el Festival). Una pena que uno de los espectáculos más novedosos de la programación: Los conciertos del Museo del Dique en Puerto Real tuvieran que suspenderse por lluvia, pues en mi opinión son una buena idea, que supongo se materializará en otra ocasión.

Resumiendo: el FMEC es un festival muy querido en Cádiz, y goza de buena reputación fuera de nuestra provincia. Todos los años nos sorprende con algo bueno y algo nuevo. Pero por favor, el título de “los más jartibles” no hay que disputárselo al Carnaval, que se lo tiene ganado por méritos propios.

Mimbres para hacer un buen festival los hay. Ganas y buen equipo en la programación y producción, me consta que también. Pero es mejor para un festival agrupar cosas, de mayor calidad, y en menos tiempo. Entiendo que es lo que realmente motiva al público festivalero a comprometerse con el Festival. El año que viene, más.

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