Cultura

Ver con los oídos

Las voces, los ecos, los verbos y las palabras también son imágenes. Los documentales de este primer bloque tienen en común la importancia de un buen sonido, en todos los sentidos del término. En Lo indecible, la lectura del informe sobre la tortura en el Chile de Pinochet, separado en párrafos leídos por diferentes individuos en su ámbito de trabajo y alternados con la descripción de su detención por parte de la víctima, se convierte en dolorosas imágenes. El poder evocador del lenguaje no sólo sirve para iluminar la tragedia, sino también para ilustrar un drama personal e intransferible y convertirlo en comedia de la vida, como así se desarrolla en Hijos de Sansón. En otro sentido se ha trabajado en In Albis, pieza más cercana a la video creación que al documental, empleando una magnífica fotografía fija en blanco y negro, sonorizada de evocadoras onomatopeyas. El mismo tipo de soporte emplea Vestigios, aunque se trata de imágenes reales y familiares, que se organizan en torno a una narración en euskera en tono monocorde. Finalmente, La aldea perdida. El lado oscuro reúne como buenos hermanos la estética visual y el tono documental, con unas extraordinarias y fantasmagóricas imágenes que cobran sentido sagrado y catártico, con oraciones -lingüísticas y religiosas- que brotan de un sentimiento de raíces profundas.

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