Cultura

Pepa de Oro, la creadora de la milonga flamenca

  • La bailaora y cantaora del barrio de Santa María fue hija del torero Paco de Oro. Fruto de los viajes a Hispanoamérica con su padre nació este cante de ida y vuelta

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Josefa Díaz Fernández, Pepa de Oro, nació en Cádiz el día 29 de enero de 1871 en la calle Mirador, 17. Hija del matador de toros Francisco Díaz García, Paco de Oro y de la cantaora Agustina Fernández Fernández.

Pepa de Oro, bailaora más que cantaora, desde jovencita acompañó a su padre en las temporadas taurinas de Hispanoamérica. Allí conoció y absorbió el cante de la milonga y le aportó su sello personal, injertándole el compás del tango; y a ella se le debe la creación de la milonga flamenca.

Desde el punto de vista musical, resulta interesante el aflamencamiento de una música foránea manteniendo, sin embargo, el ritmo originario y el acento primigenio. Lo que hoy se denomina arreglo musical ya lo hacían los cantaores flamencos del siglo XIX con los aires folklóricos hispanoamericanos en los que se basaron para crear los cantes que se han dado en llamar de ida y vuelta: milongas, guajiras, vidalitas, etc.

Pepa de Oro fue figura popularísima en los cafés cantante de Jerez, Cádiz, Málaga, Sevilla, Madrid… En 1885 se encontraba ya en plena actividad artística en el jerezano Café de Caviedes, obteniendo grandes aplausos de los aficionados que llenaban noche tras noche, los cafés cantante.

Fue una gitana del gaditano barrio de Santa María, de gran belleza y de singular empaque, con una larga cabellera, con la piel de un bello color moreno oro; sus ojos melosos hablaban más que por su lengua y fue fumadora de puros. Heredó el apodo de su padre, Paco de Oro (Cádiz 1840-Madrid 1910), a quien llamaban desde niño Paco-Oro porque era muy rubio. En sus comienzos como novillero ya se anunciaba en los carteles como Paco de Oro. Se hizo famoso por sus viajes a Hispanoamérica para torear y, en aquel tiempo, se cantaba una letra que decía: "Paco de Oro / ha venío de Lima / de matar toros".

Paco de Oro fue un torero que estaba bien dotado, era gallardo y con facultades, con jindama para poner un comercio. Seis veces, seis, tomó la alternativa entre 1870 y 1877 y otra intermedia en su Cádiz natal. Fue un sibarita gozador de la vida. Estuvo asistiendo a las temporadas taurinas hasta 1889 que toreó por última vez en la Plaza Paseo en México, alternando con Manuel Hermosilla, el torero de Sanlúcar, que tantas corridas llevó al gran cantaor Enrique el Mellizo, en su cuadrilla.

En uno de los viajes en el que Pepa de Oro acompañó a su padre a tierras del Nuevo Mundo, los toreros de Lima organizaron una fiesta para las gentes del arte de Cúchares, y a la misma asistieron toreros españoles y Paco de Oro con su hija. Cuando la fiesta estaba el rojo vivo, con el folklore del país, salió Pepa bailando y cantando y dejó a todos los existentes "asombrados" con su gracia de esencia gaditana y con desplantes toreros.

Fernando el de Triana, en su libro Arte y artistas flamencos dice así: "Fue Pepa puntera bailaora de arrogante figura y, aunque no era gitana, cualquiera hubiera dicho que era pura cañí. Como número extraordinario cantaba unas milongas a compás de tangos, que a la vez bailaba, y que el público aplaudía con verdadero entusiasmo". En esta ocasión, el de Triana se equivocó al decir que no era gitana, pues estaba mal informado.

El abuelo de Pepa de Oro, por línea paterna, fue el matador de toros Gaspar Díaz Cantoral Lavi y sus bisabuelos fueron el matador de toros José Díaz Jorge Agualimpia y de la cantaora María Cantoral Valencia, La Cantorala, ambos gitanos. Otro hermano de su abuelo Gaspar fue otro matador de toros, Manuel Díaz Lavi, y una hermana de ellos fue Gabriela, quien contrajo matrimonio en 1817 en la catedral vieja con el torero José Gabriel Ortega, conocido como Chicuco, cuya unión fue el comienzo de la dinastía de los Ortega de Cádiz, de donde nacieron toreros, cantaores y bailaores a raudales, como Rafael el Gallo, Joselito, El Cuco, Barrambín y Lillo, en el toreo; Manolo Caracol, Enrique Ortega El Gordo, Jacoba, Ortega El Viejo y Joselito de la Morala, en el cante; y en el baile la señá Gabriela, Rita, Carlota, Rosario, Regla, Rafael Ortega, Inés la del Columpio y un largo etcétera.

Por la línea materna, hermanos de su madre fueron los grandes cantaores María Fernández, La Borrico, apodo éste por el temperamento de su voz; Pedro Fernández, conocido como El viejo de la Isla, que fue el abuelo de mis amigos Los Melu de Cádiz, Perico, José, Milagros, Agustín, gitanos todos.

Recuerdo que en conversaciones con Agustín El Melu, me dijo que la mujer de Paco de Oro, Agustina, que era conocida como La Vizca, no le envidiaba nada a sus hermanos como cantaora, pero que su marido no quiso que se dedicara al artisteo. Así mismo, Pepa fue prima de los cantaores Gabriel Díaz Fernández, Macandé y de Enriqueta Díaz La Macaca, apodo que heredó de su marido Miguel Cruz, Macaco, gran cantaor.

Pepa de Oro, en su juventud se casó con un banderillero. Quedó viuda y, posteriormente, contrajo matrimonio con Esteban de Jerez, del que tuvo que separarse por "borde" según me comentaba una sobrina de ella, María Baena Díaz, esposa que fue del cantaor Antonio Díaz Soto El Flecha.

Por último convivió con un cantaor sevillano apodado El Macareno. Ambos pusieron una pensión en la calle Núñez de Arce en Madrid. Pasados algunos año, ella decidió venirse a su Cádiz natal; ya no cantaba y andaba económicamente mal.

Falleció el día 18 de mayo de 1918 en la calle Mirador número 13, a los 47 años de edad. A los pocos días fallecía el que fue su pareja, El Macareno.

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