Obras de arte diferentes

El artista Tony Carbonell expone hasta el 31 de julio su colección de abanicos 'Aires de Eros', de la que afirma: "El hilo conductor es la sensualidad descarnada"

El artista cubano junto a una parte de su exposición en la taberna del Pópulo.
El artista cubano junto a una parte de su exposición en la taberna del Pópulo.
Alaia Rotaeche /Cádiz

22 de julio 2011 - 01:00

Juan Antonio Carbonell Gómez, "Tony" Carbonell, desprende aires cubanos. Nacido en Matanzas en 1952, estudia en la Escuela de Artes de Cubanacán y se licencia en Historia del Arte en la Universidad de La Habana. Pero muy pronto comienza a viajar y a llevar su arte por todas partes, desde la propia Cuba, que le ha influido en "el colorido, la tropicalidad", hasta Florencia o Cádiz, donde se establece de forma permanente en 1996. "Aquí me he sentido en casa", afirma el artista gráfico, cercano y muy abierto, que llega armado con una cámara para fotografiar la muestra.

Lo primero que llama la atención cuando se entra en la taberna El Teniente Seblón, donde se exhibe su última exposición, es lógicamente el soporte que utiliza: el abanico. "Son objetos que siempre han deslumbrado por ser obras de arte". A simple vista, cuando se habla con él, se nota que los ama, que son su pasión: "Un abanico siempre es un misterio; donde hay un abanico siempre hay alguien interesado en saber qué contiene, si es de colores, qué forma tiene...". Comenzó a usarlos como lienzo en 1997, cuando en su primera exposición de dibujos en Cádiz, incluyó tres abanicos con paisajes de la ciudad. "Lo descubrí como objeto de la cultura española", confiesa Tony, "aunque ya lo conocía por mi abuela, que tenía una colección preciosa allá en Cuba". No fue hasta 1999 cuando hizo su primera gran exposición exclusivamente de abanicos, una muestra muy variada, "con elementos andaluces, otros dedicados a los dioses afrocubanos, los orishas, algunos de paisajes de Cádiz...". La muestra que se exhibe en la taberna hasta el 31 de julio se compone de piezas de varias de sus colecciones, como son La legionaria, inspirada en la obra de Fernando Quiñones; Paradiso, "un juego de palabras entre paisaje, paraíso, país...", en la que se incluye una pieza espectacular que copia una vidriera de la Plaza Vieja de La Habana, o una increíble lámpara-abanico, colocada en un rincón, que imita a un pavo real, y que está en esta muestra porque "evoca la sensualidad del animal". Da la sensación de que para él es lo que más importancia tiene: la sensualidad en el arte.

En una esquina, están colgadas varias fotos de celebridades, como Ana Belén o la Reina Sofía, "que tiene una pieza mía", cuenta orgulloso. Tony cuenta que la colección de Concierto Barroco, compuesta de tres abanicos protagonizados por ángeles notablemente masculinos, nació gracias a la exposición que Lucía Bosé trajo a Cádiz alrededor de 1999. "Era una exposición increíble, fantástica, con unos ángeles enormes e impresionantes".

En cuanto a la colección estrella, la dedicada a Jean Cocteau, es atrevida, muy "abierta y descarnada", con escenas, como dice él mismo, "protagonizadas por hombres jóvenes, individuales, en grupo, imaginadas", todo ello de una forma descarada y libre, pero que no llega a caer en lo vulgar. Una alumna de su taller de abaniquería entra a ver la muestra y sale un tanto escandalizada pero divertida; sin embargo, Carbonell dice con seguridad: "¿Por qué no va a haber un abanico atrevido, que sorprenda, y que además motive a la alegría? Porque es una alegría para la vista, que yo he visto cosas así", y se ríe, consciente de loque provoca con su arte. Porque lo que hace es arte; ha recibido numerosos reconocimientos internacionales, y es un hombre formado y muy vivido, algo que se nota cuando habla.

Además, ha pretendido homenajear al gran Cocteau. "Por aquí no se conoce mucho, pero es un referente homoerótico a nivel internacional", asegura, y cuenta que la razón de esta colección es el sexto aniversario de la taberna, un sitio "con un perfil abierto e intelectual".

Antes de irse, confiesa que algo que le hace atreverse a usar los abanicos es "el factor sorpresa" al desplegarlo. Y desde luego sus obras sorprenden, para bien o para mal, a gusto del consumidor.

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