Miyazaki cuenta con sus dibujos animados lo que otros aún no han sabido en La Mostra

El director japonés comparte jornada con un film italiano que persigue redimir al fascismo

Antonio Lafuente / Venecia

01 de septiembre 2008 - 05:00

El japonés Hayao Miyazaki logró ayer con dibujos animados contar una historia y conmover con ella, algo que otros directores de la Mostra no supieron hacer con actores. Miyazaki lo ha conseguido con Gake no Ue no Ponyo, filme con el que compite por el León de Oro.

La película se desarrolla en una ciudad junto al mar en la que un niño rescata en una escollera llena de basura un pez rojo, al que bautizará como Ponyo. La amistad entre el niño, Sosuke, y el pez crece hasta el punto de que Ponyo quiere ser humano.

Esa trama es el pretexto con el que Miyazaki habla, por ejemplo, de la relación entre el hombre y la naturaleza, de la necesidad del equilibrio entre ambos y de la amistad entre los niños, pero también entre los adultos.

Con sus dibujos, Miyazaki es capaz de tocar la fibra del espectador, aquella que une al adulto con el niño que fue, haciéndole recordar sus juegos, como el barco de juguete en el que siempre quiso navegar o su amor por los animales.

Miyazaki explicó en rueda de prensa tras la proyección del filme que para lograr su objetivo había trabajado a mano, "porque el ordenador, aún estando bien, debilita la fuerza del mensaje".

El cineasta japonés ya consiguió anteriormente conmover con sus historias, como con Sen to Chichiro no kamikakushi, que logró en 2002 el Oso de Oro en Berlín y en 2003 el Oscar a la mejor película de animación.

Pero Miyazaki no engaña a nadie, Ponyo Gake no Ue no Ponyo, estrenada en Japón donde bate récords de taquilla, es una película para niños. Como pasa siempre que las películas para niños conmueven a los mayores, Miyazaki abre sin querer una pregunta acerca del grado de infantilismo de la sociedad moderna.

Mientras, del director italiano Pupi Avati se vio ayer Il papa di Giovanna. La cinta trata de Giovanna (Alba Rohrwacher), hija de Michele (Silvio Orlando) y Delia (Francesca Neri), una joven adolescente con un desequilibrio mental que mata a su mejor amiga en Bolonia en 1938.

La película, producida por Mediaset, firma propiedad de Silvio Berlusconi, permite a Avati profundizar en la relación padre e hija, al tiempo que redimir sorprendentemente al fascismo.

Una redención que al igual que ocurrió el sábado con otra cinta italiana continuará dando argumentos a quienes han criticado el "excesivo patriotismo" de esta 65 edición de la Mostra de Venecia.

stats