XXI Congreso de la Fundación Bonald "Este país tiene la piel muy fina"

  • La mandíbula de cristal del nuevo españolito se cuela en la conversación entre Mendicutti y Antonio Lucas sobre "El humor y sus melancolías" 

Eduardo Mendicutti y Antonio Lucas, durante su charla en la Fundación. Eduardo Mendicutti y Antonio Lucas, durante su charla en la Fundación.

Eduardo Mendicutti y Antonio Lucas, durante su charla en la Fundación. / Miguel Ángel González

La conversación entre el escritor sanluqueño Eduardo Mendicutti, creador del inolvidable personaje de la Susi, y el poeta Antonio Lucas, dos tipos que dijeron ser muy poco graciosos, derivó del epígrafe oficial sobre el humor y sus melancolías a una nueva edición del debate acerca de lo fina que tiene la piel este país del Quijote, del Buscón, del Lazarillo... De un país de pícaros hemos pasado a ser un país de haters y ofendiditos, dos nuevos vocablos que no hablan muy bien del estado de salud de nuestro sentido del humor.

Mendicutti reconoce que "yo ahora no podría hacer lo que hacía. Antes escribía con libertad absoluta; ahora te o te saltas el peaje y luego lo acabas pagando, o pagas el peaje y te olvidas de problemas". Lucas lo ha detectado y asegura que "hay quien patrulla las redes a la caza de alguien a quien estigmatizar, lo que demuestra muy poca salud democrática. El humor de hoy tiene que ser muy preciso o puedes ofender a todos los que tiene como vocación ofenderse". Al parecer, según Luque, esto sucede mucho en los periódicos, "que funcionan como autos de fe. Si lo que se escribe no está en el código de lealtades le cae encima al autor lo más grande. Y aparece el peligro de la autocensura, que es algo que está muy feo". 

El sanluqueño lo ilustró con una anécdota. "Una vez Carmen Calvo, en su vida anterior, me invitó a dar una charla en el Congreso. Salió lo de la Susi y, para mi sorpresa, me dijeron que era un ataque al feminismo. Esto dio para otra reflexión. El poco sentido del humor del feminismo frente al que sí exhibe el movimiento gay. A mí el movimiento feminista siempre me ha parecido ejemplar e incluso mucho más adelantado que el movimiento gay. Yo lo soy, aunque sea un gay emérito. En el mundo feminista no puedes hacer nada. Los gays, para luchar contra la marginación, hemos utilizado el humor como arma. Ante el insulto, se apropiaban del insulto y se utilizaba de forma combativa. Es un mecanismo de defensa".

Porque el humor es básicamente eso. Una defensa. Una defensa, por ejemplo, contra la melancolía, que es de lo que iba la charla. Y así, Lucas reflexionó sobre Mendicutti y tuvo la osadía de decir que tenía una actitud muy punk. "¿Punk yo? Pero si parezco un dependiente de El Corte Inglés". "Bueno un dependiente de El Corte Inglés con el que te puedes ir a tomar una copa". "¿Una copa? Pero si yo no bebo". 

Pero negándolo, hay algo que da la razón a Lucas. El propio Mendicutti dice, por ejemplo, que es malísimo contando chistes. "No sé hacerlos, no sé contarlos, no sé construirlos". Pero llega la novela y siempre sabe lo que va a escribir porque empieza desde el título. Por ejemplo, Yo no tengo la culpa de haber nacido tan sexy. Y el      editor le dice que, hombre, que vaya nombre. Por eso firman un contrato en el que el título es El alma en vilo porque de lo que trata es una transexual que quiere ser santa y que habla como San Juan de la Cruz, pero no hay forma de que levite porque anda la carne de por medio. Todo eso es muy punki.

Pero de la melancolía se habló poco. 

 

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