Flamenco Kitchen | Crítica Flamenco entre fogones

  • La compañía Flamenco Nómada abre el FIT con su espectáculo ‘Flamenco Kitchen’, una propuesta de claro tono reivindicativo

Una escena de 'Flamenco Kitchen', la obra con la que el grupo Flamenco Nómada abrió el FIT. Una escena de 'Flamenco Kitchen', la obra con la que el grupo Flamenco Nómada abrió el FIT.

Una escena de 'Flamenco Kitchen', la obra con la que el grupo Flamenco Nómada abrió el FIT. / Lourdes de Vicente

Flamenco Nómada ha abierto la edición de este año del Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz con su montaje Flamenco Kitchen, que se estrenó en el último Festival de Jerez hace unos meses. Esta segunda puesta de largo delata la doble vocación de un trabajo difícil de encuadrar. Y no porque su definición como espectáculo flamenco o como obra teatral sean excluyentes, sino porque, desde su misma concepción, el montaje se mueve en un límite difuso.

Flamenco Kitchen es el primer trabajo de la compañía Flamenco Nómada, fundada por tres mujeres con experiencia suficiente para alcanzar lo que se propongan: la bailaora y cantaora Ana Salazar, la cantaora Inma la Carbonera y la directora de escena Juana Casado. Sus credenciales son la apuesta por la innovación y “por crear nuevos modelos de trabajo donde la investigación es el motor de la creación”. En ese proceso parecen encontrarse todavía. Con toda seguridad irán afinando sus objetivos y cómo quieren plasmarlos sobre el escenario en próximas propuestas.

Cuatro bailaoras y un solo bailaor en escena defienden con fuerza y tablas suficientes una obra de claro tono reivindicativo en la que la mujer es el centro de un universo concentrado entre fogones. Las cocinas de un gran restaurante se convierten en el símbolo del espacio de explotación e invisibilidad al que se han visto relegadas muchas mujeres, aunque el mundo laboral las haya acogido con su falsa pátina de igualdad.

Son estas mujeres estereotipos reveladores de una realidad incuestionable: la lucha viva por conseguir el respeto social y elevar la autoestima personal. Cuatro mujeres, cuatro dramas. Cuatro maneras de encarar la vida. Con más optimismo y tolerancia que desgarro, aunque también. Una pena que no se tire más del hilo, que no se les dé a estos personajes femeninos la posibilidad de desenredar la madeja, de llevar un poco más lejos sus historias.

La puesta en escena se rinde a la efectividad de pocos elementos: carros y utensilios de cocina que son utilizados para configurar diferentes espacios o para crear animadas percusiones que cobran absoluto protagonismo en algunos momentos de Flamenco Kitchen. Un acierto.

Sobriedad en el vestuario. Pocos riesgos coreográficos. La emocionante voz de Inma la Carbonera llena el escenario, sustenta por sí misma una representación que en la noche del viernes tuvo que sortear pequeños incidentes con el sonido.

La propuesta de Flamenco Nómada pone el acento en la incuestionable capacidad del flamenco para expresar sentimientos y desde este punto de vista la fuerza del espectáculo es indiscutible, aunque no baste para configurar una línea dramática suficientemente sólida. Tampoco importa mucho. Quizás ni siquiera sea eso lo que se pretende. El público aplaude mucho.

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