Cultura

La Doña inolvidable

  • Este mes se cumplen cien años del nacimiento de la actriz mexicana María Félix, una de las estrellas de habla hispana más fulgurantes de todos los tiempos

Dicen de La Doña que era altiva, avasalladora, desdeñosa. Cruelmente bella y segura de sí misma. Toda una diva. "Tanta y tan intensa es su hermosura, que duele", dicen que dijo Jean Cocteau. Dicen muchas cosas de La Doña, pero quien mejor describe a María Félix es María Félix. En cada una de sus declaraciones -y dejó muchas para elegir- la fulgurante estrella de cine latinoamericana se retrataba, se desnudaba, sin miedo al que dirán. Dicen tanto de La Doña... Tanto que cien años después de su nacimiento sigue dando que hablar porque, además de cada espectacular fotograma que dejó para la historia, de ser por siempre la María Bonita de Agustín Lara, María Félix, sin ser feminista, también ejemplificó el deseo de autonomía de las mujeres mexicanas.

María Félix, que tomó y devolvió este préstamo que es la vida un 8 de abril, se atrevió a defender en público el deseo de independencia de las mujeres frente a los hombres. No, no fue adalid del movimiento feminista, ni mucho menos. María Félix era "egoísta, individualista, autoritaria y clasista", como declaró a su muerte, en 2002, la secretaria técnica de la Red por la Salud Reproductiva de México, Claudia Cruz, pero "tuvo la osadía de hacer declaraciones impensables para su época, como cuando aseguró que era contraria a una nueva maternidad porque le restaba tiempo para su carrera de actriz".

Pero, empecemos desde el principio. María Félix nació dos veces. La primera, la que celebramos este mes, el 8 de abril de 1914 en Álamos, Sonora, al norte de México, con el nombre de María de los Ángeles Félix Güereña. Su padre, Bernardo Félix Flores, era descendiente de indios yaquis, y su madre, Josefina Güereña Rosas, tenía sangre vasca. Tuvo once hermanos (Josefina, María de la Paz, Pablo, Bernardo, Miguel, María Mercedes, Fernando, Victoria Eugenia, Ricardo, Benjamín y María del Sacramento) aunque de ellos, Pablo es al que estuvo más unida. Sin embargo, su madre lo envió a un colegio militar (donde moriría) ya que no entendía la admiración que despertaba en la niña.

Y la niña creció. A los 13 años fue nombrada por sus compañeros reina de la belleza y antes de cumplir los 20 se casó para alejarse del ambiente opresivo que creaba don Bernardo en casa. El elegido, Enrique Álvarez Alatorre, con quien tuvo a su único hijo, Enrique Álvarez Félix. Se divorciaron pronto y María partió a Ciudad de México donde la descubriría el cineasta e ingeniero Fernando Palacio.

"No era nadie pero me sentí mucho". "La vida me hizo y me hizo, posiblemente, muy bien". Diría la actriz recordando estos inicios. Recordando su segundo nacimiento. Sería en la calle de la Palma, mirando escaparates. Palacio la vio, le ofreció una prueba para una película y María, desconfiada, no lo creyó, incluso, dicen que respondió: "¿Quién le dijo que yo quiero entrar en el cine? Si me da la gana, lo haré; pero cuando yo quiera, y será por la puerta grande". ¿Leyenda o realidad?

Lo que sí es un hecho constatable es que a partir de ahí vendrían 47 películas -entre ellas esa Doña Bárbara (1943) a la que le debe el mote y el éxito- en 30 años de carrera con el nombre de María Félix. Algunas de esas cintas las hizo en Europa, nunca en Estados Unidos ya que los americanos, como aseguró en una ocasión,"me ofrecen papeles de india y las indias las hago en mi país, en el extranjero sólo encarno a reinas".

María Félix amó y fue amada intensamente. Tres veces más se casaría -Agustín Lara, Jorge Negrete y Alex Berger- e, incluso, a su muerte se descubrió que legó todos sus bienes a un joven asistente, causando, una vez más, un gran revuelo. María Félix amó y se amó sobre todas las cosas. "Yo nunca he llorado por un hombre porque en el momento en que no me quiere él, ya no lo quiero yo".

Quizás La Doña no fue un ejemplo de entrega, ni de altruismo pero no se dejó manejar en un mundo en el que le hubiera bastado ser sólo María Bonita.

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