Cultura

Danza de ida y vuelta

Las leyendas populares son una fuente inagotable y más, el caso de la conocida como La llorona, de la que parte esta puesta en escena de una compañía méxico-gaditana que interpreta, de alguna manera, un danza de ida y vuelta. Presente en múltiples versiones en toda América Latina, el argumento básico relata la presencia espectral de una mujer que llora por sus hijos, despreciados por el padre, y que han muerto en algún lugar relacionado con el agua, bien asesinados por la propia madre o por una trágica fatalidad. Cada generación incorpora nuevos componentes -como el de la contaminación de un río como causa del fatal desenlace- e interpretaciones, como la de Clarissa Pinkola en Mujeres que corren con los lobos, que la considera una metáfora sobre el desprecio de la capacidad creadora de la mujer por parte de la sociedad patriarcal. Por su parte, esta versión para teatro-danza, cargada de elementos culturales mexicanos en vestuario, hilo argumental, escenografía, atrezzo y música, se centra quizás más en el rechazo del amor y sus frutos, tanto físicos como simbólicos. La coreografía, que trabaja el contacto físico sobre cuerpos, suelo y objetos, intenta describir los hechos y los estados anímicos de los personajes, jugando con elementos tanto reales como simbólicos, alcanzando sus mejores resultados en los momentos más dramáticos. Puesto que juega con la teatralidad y el ritual, quizás deberían matizarse algunas situaciones que necesitarían una mayor solemnidad o despejarse algunos elementos que resultan redundantes. Todo ello, para que esta niña tenga llanto para rato.

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