Chano de Cádiz, para siempre

Familia, amigos y autoridades de la ciudad inauguraron ayer en la Plaza de la Merced la escultura dedicada a uno de los baluartes del cante flamenco

Tamara García / Cádiz

16 de mayo 2009 - 05:00

Eterno. Suspendido en el tiempo. Para siempre. Un amago de sonrisa. Una mano adelantada. La otra en el estómago, encontrando la esencia donde hay que buscarla. En las entrañas. Bien podría ser una insinuación del cante. O el cuento. Una historia de las suyas. Una de las que ayer se recordaban en la plaza de la Merced durante la inauguración de la escultura que recrea la que era su estampa. Sentado, en su Barrio de Santa María, Chano Lobato se queda para siempre.

"Es igual". "Fíjate en la pose". "Hasta los zapatos y las chaquetas". "¿Y las manos? Qué manos"... Visto bueno a la obra del escultor chiclanero José Antonio Barberá. Los comentarios se cruzan, como los besos, momentos antes e instantes después de que Chano Ramírez, el hijo del cantaor gaditano que murió recientemente, descubriera la obra de bronce patinado ante una multitud con caras amigas, familiares y de autoridades.

"Mi padre tenía mucha ilusión por ver el monumento, ya lo teníamos todo previsto para que viniera pero... Ya sabes cómo es la vida", explica el primogénito del intérprete gaditano después de destapar, algo emocionado, el manto encarnado que cubre la pieza. "Pero mira, por lo menos, una parte de él está en la escultura porque dentro de ella hemos metido una caja del tiempo, que se llama, con una parte de sus cenizas, fotografías y artículos que se han escrito sobre mi padre", relata Chano que también quiere llamar la atención sobre una inscripción oculta en uno de los rincones de la escultura: "Está escrito Linda, el nombre de nuestra perra, pero no voy a decir dónde, a ver si la gente lo encuentra". Y es que Linda, según estuvo contando Chano a algunos amigos, siempre aguardó al cantaor en los camerinos durante sus actuaciones y, en los últimos tiempos, estuvo atenta a su dueño hasta el punto de avisar al hijo si el intérprete necesitaba algo. "El día antes de morir Chano dejó de comer y de beber. Parecía que lo presentía", cuentan.

Más besos, más abrazos, más anécdotas, más aplausos. Los que desatan la presentación que José Castellón Pareja entona como previa al descubrimiento de la obra y el pequeño poema que el flamencólogo y compadre de Chano Lobato, Félix Rodríguez, crea y lee para la ocasión: "A tu cante y tu compás lo hiciste arte/Con un aroma especial, injertaste a tus bulerías/Llevando a Cádiz como estandarte/Con la gracia y jondura de tu Barrio Santa María".

A Conchita Aranda y Bendito, de Los Gitanillos de Cádiz, les cuesta encarar el rostro del artista que recrea la frescura de sus mejores momentos. Mariana Cornejo alaba el parecido. Al igual que Pepi de Ignacio . Felipe Scapachini observa reflexivo la pieza. Y El Junco, y Reyes, y Encarna Freire Sellé, la nieta del gran Aurelio, y las caras que siempre ves en las peñas, los fieles aficionados, que comentan cuanto o tanto lo conocían. Y su familia, sobre todo, su familia se maravilla del prodigio del arte, del prodigio de la imaginación, del prodigio del deseo. Desde su hijo Chano, a su hermana Charo, a su sobrinos... Las autoridades tampoco quieren faltar, la alcaldesa y gran parte del equipo de gobierno, Rafael Román, el presidente de la asociación de vecinos Las Tres Torres... Y la gente del Barrio que lo verán, ahora sí, en la plaza sentado. Eterno.

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