Análisis del estado actual del futuro transporte de la Bahía de Cádiz El tranvía ve una luz

  • Tras 13 años de obras, incumplimientos, parones y mofa general el futuro transporte de la Bahía cobra nuevos bríos gracias a la unión de la Junta, Renfe y Adif

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El cartel es raro pero premonitorio: "Empieza urbano", puede leerse a ambos márgenes de las vías. Y el tranvía se para. Realmente no tiene por qué hacerlo, porque cuenta con todos los permisos para seguir su viaje. Pero como está en periodo de pruebas y no hay usuarios que le esperen, se detiene. Es jueves y el reloj busca la una de la tarde. En ese momento David Peña, el conductor, llama por el móvil al supervisor de la Policía Local de San Fernando para comunicarle que el tranvía va a entrar en La Isla. Tampoco tiene por qué hacerlo, porque la Policía isleña sabe de antemano qué días y en qué franjas horarias serán esas pruebas. Pero la cortesía, que nunca falte. "¿Necesitáis ayuda?", pregunta el supervisor policial desde el otro lado. "No, no, para nada. Pero gracias", responde Peña con su acento madrileño.

Nadie se espera lo que va a suceder a partir de ahí. Pero, claro, como ya hemos cruzado un tramo urbano de Chiclana y como los que saben de esto dicen que lo de la calle Real es diez veces más peligroso, pues uno se imagina que allí parado, y mientras le guiña al histórico puente Zuazo, el tranvía se santigua y se seca el sudor de la frente. Y allá que va.

Y la primera, en la frente. Cuando está a punto de iniciar la marcha, el conductor ve de lejos a un pescador que camina por las mismísimas vías del tranvía buscando un buen hueco para ver si pica algo en los caños. "Está prohibido caminar por aquí, señor. Sí, el tranvía ya funciona y hay dos unidades circulando", le advierte David Peña con educación pero con firmeza desde la ventanilla. Y el buen hombre acata la orden y da media vuelta.

Salvado el primer escollo, llega la calle Real y con ella, la apoteosis. Puede circular hasta a 15 kilómetros por hora, que es la velocidad máxima permitida para el tramo urbano, pero el tranvía ni por asomo puede llegar a esa cifra. Primero porque tiene que frenarse en seco al toparse con una furgoneta del Ayuntamiento estacionada y sin nadie dentro en plena vía, casi enfrente del Castillo de San Romualdo; y un coche sale de improviso de la calle San Nicolás y un motorista cruza luego a toda velocidad para enfilar la calle Dolores justo delante de la máquina, obviando las señales acústicas que generan la campanilla y la bocina; y el tranvía vuelve a frenarse cerca de la iglesia de San Francisco para no atropellar a ese hombre que graba un vídeo desde la misma vía; y viene un taxi de frente, y luego otro; y después se topa con un coche de reparto de Correos que también estorba al tranvía; y muchos, muchos coches pasan olímpicamente y cruzan las intersecciones de la calle Real pese a que los semáforos en rojo advierten que viene el tranvía; y algún peatón incluso se encara con el conductor por darle un susto; y en el colmo de los colmos hasta el propietario de un bar tiene que levantar a sus clientes de la terraza y retranquear las mesas porque ocupan una parte del margen de seguridad lateral de las aceras. Y cuando llega a la parada de La Ardila, ileso pero exhausto, el tranvía no se lo cree. Prueba superada... hasta el próximo "empieza urbano".

Pero hasta cierto punto lo que acaba de suceder en el centro de La Isla es lógico. Son tantos años de obras, de avisos de que iba a venir un tranvía, que después de una pila enorme de promesas incumplidas acumuladas durante 13 años –sí, sí, 13 años–, nadie se lo cree. A estas alturas, los isleños se han apropiado de una calle Real que muchos creen peatonal al cien por cien, nadie mira ni a izquierda, ni a derecha cuando de cruzar en perpendicular la arteria principal de la ciudad se trata, y de ahí que ahora, cuando el tranvía ha llegado para quedarse, nadie se lo cree.

El tranvía ni estaba ni se le esperaba ya ni en Chiclana, ni muchísimo menos en San Fernando, donde las obras comenzaron bastantes años antes. Pero el tranvía ha llegado, y lo ha hecho para quedarse. Es el cuento del lobo pero en versión tranviaria.

Después de 13 largos años deambulando por un oscuro e interminable túnel en el que sólo ha servido de mofa general, el tranvía de la Bahía ha visto una luz allí lejos, al final del túnel. Y, ahora sí, se ha autoconvencido de que la meta está cerca y de que su entrada en servicio ya no es una quimera. Aún no hay plazos para su entrada en funcionamiento y se da por hecho que es imposible que ello se produzca este año.

Pero la esperanza ha vuelto a todos los responsables de las administraciones y organismos públicos que están involucrados para que este servicio de transporte sea por fin realidad. Y estos nuevos bríos han aparecido cuando la Junta de Andalucía, Renfe y Adif se han dado al fin la mano.

"Ahora sí" es la frase más repetida en el entorno del tranvía para plantar cara a los escépticos. Y esa afirmación se sustenta en los avances y reuniones continuas que los tres organismos antes referidos vienen manteniendo entre ellos y también con la Agencia de Seguridad Ferroviaria.

En la Consejería de Fomento del nuevo Gobierno andaluz de PP y Cs se lavan las manos con un retraso histórico que, cierto es, no es atribuible a ellos. Y después sacan pecho con los avances habidos en estos últimos meses pero también aplauden a Madrid. Y dicen que la obra del tranvía se ha reactivado por una decisión rotunda adoptada en el Consejo de Gobierno de la Junta reunido en Sanlúcar a las pocas semanas de que Juanma Moreno llegara a la Presidencia. Y también ponen como clave para este supuesto relanzamiento que se haya nombrado a un cerebro de la obra, a un project manager encargado de dirigirlo y controlarlo todo, una responsabilidad que ha recaído en el ingeniero de Caminos Manuel Fernández, director de Obras en la Agencia de Obra Pública de la Junta de Andalucía.

Pero en la misma Consejería de Fomento se alaba igualmente la implicación en el proyecto que han adquirido dos organismos estatales de la importancia de Renfe y Adif. La primera ha asumido toda la explotación comercial del tranvía, que gestionará como si de un ramal más de su servicio de Cercanías se tratara, y ha empezado también a enviar a parte de su personal a las oficinas tranviarias de Pelagatos, en Chiclana, para que reciban allí toda la formación necesaria para el posterior control de máquinas y equipos. Y Adif sigue asesorando en todo lo que se refiere a la seguridad del futuro servicio, que no es poca, como es fácil de adivinar cuando de un transporte ferroviario se refiere.

Hace apenas tres días este periódico pudo conocer in situ el estado de salud del tranvía de la Bahía tras 13 años yacente. Y la conclusión es que del cerebro está perfecto, porque el Puesto de Control Central (PCC) de Pelagatos está a pleno rendimiento; que las piernas cada vez van mejor, porque el tranvía discurre bien entre Chiclana y San Fernando aunque falta darle más masajes en forma de concienciación ciudadana para que la marcha sea más ágil en los tramos urbanos; y que sólo falta colocarle algún bypass en ese corazón que es la parada del Río Arillo. Porque sin ese nudo ferroviario, el tranvía se moriría. Porque sin ese nudo ferroviario, el tranvía no podría proseguir viaje hacia Cádiz por la vía del ferrocarril y los usuarios no podrían hacer transbordo en los trenes de Cercanías si quieren proseguir viaje hacia Puerto Real, El Puerto y Jerez.

Es en este punto, en el Río Arillo, donde se localizan las últimas obras físicas que le falta al proyecto. Manuel Ramírez explica a pie de obra que ya se han construido los andenes y se ha levantado la estructura que servirá de pasarela peatonal para que los usuarios del tranvía y de los trenes de Cercanías puedan cambiar de vía para hacer los transbordos.

Estos trabajos, a los que les quedan simples detalles (colocación de los dos ascensores, mobiliario, cartelería, etc.) tienen su mérito, porque sólo se han podido desarrollar por las noches y en una franja no superior a las cinco horas diarias para no alterar así el tráfico ferroviario.

En paralelo, la Junta ha iniciado ya en este mismo punto la construcción de la vía 1 del tranvía, la más cercana a la autovía CA-33. Serán apenas 500 metros que partirán desde la estructura conocida como el Salto del Carnero, en La Ardila, y que conectarán con la vía del tren pasados los andenes de Río Arillo. Estos trabajos se han visto demorados en exceso ya que previamente ha sido necesario restituir las conducciones del Consorcio de Aguas que dan de beber a Cádiz, las cuales databan de la década de los cincuenta del siglo pasado y que ahora han sido desplazadas al otro margen de la autovía.

Cuando todo eso esté finalizado, se supone que sobre el mes de octubre, sólo restará que lleguen los contratos y las homologaciones necesarias para que este nuevo servicio de transportes de la Bahía sea una realidad.

Porque en el cerebro de Pelagatos todo está a pedir de boca. Ignacio Suárez, gerente de Material Móvil e Instalaciones de la Agencia de Obra Pública de la Junta de Andalucía, explica cómo funcionan los talleres para mantenimiento, reparación y/o limpieza de las unidades tranviarias y cómo funciona también el PCC.

Allí está el ojo que todo lo ve, porque equipos de telecomunicaciones de última generación permiten controlar a la vez el estado de las vías, el consumo de energía en las catenarias y en las paradas, y la friolera de 110 cámaras supervisan y vigilan si hay incidentes o averías a lo largo del recorrido.

Este PCC está en contacto continuo con el puesto de mando que Adif tiene en la estación de Santa Justa, en Sevilla, e incluso desde esta nave de Pelagatos se puede avisar por megafonía a los usuarios de las diferentes paradas por si se vislumbrara algún riesgo.

Después de 13 años es lógico que los escépticos en torno al tranvía se hayan multiplicado. Entre ellos hay quienes están convencidos de que el tranvía jamás entrará en servicio y quienes piensan que, en cualquier caso, este servicio no tendrá la suficiente demanda y que en muy poco tiempo será un transporte deficitario.

La Junta y Renfe piensan lo contrario, es decir, que sí habrá demanda, porque el tranvía contará con muchas paradas y discurrirá por el centro de las ciudades, y que ese hipotético déficit está asumido de antemano, porque no hay ni un sólo servicio de transporte público que dé beneficios, recuerdan.

Mientras tanto el tranvía sigue ajeno a tantos comentarios. Ha visto una luz. Es muy tenue y está aún lejos. Pero algo es algo y allá que va. "Ahora sí", parece susurrar entre tanta oscuridad. Veremos.

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