La tranquilidad sustituye a la convulsión de la madrugada
La Policía hacía guardia en la casa del agresor a la espera de realizar los registros de la misma
La calle Estornino, situada en la barriada de El Rinconcillo, mostraba ayer por la mañana una aparente calma, a pesar de la tempestad ocurrida en la noche del día anterior. Sólo el ir y venir de los diversos medios de comunicación y la patrulla de la policía situada en frente del número 10 señalaban que allí se había producido algo, un tiroteo que se saldó con la vida del ex policía Juan Montiel, y un posterior atrincheramiento del asesino en su domicilio, que duró aproximadamente nueve horas.
El vecino de la casa colindante a la de la víctima explicó a este diario los momentos de angustia e incertidumbre vividos por él y su familia el pasado lunes. Era algo extensible a casi todo el barrio. "El agresor estaba asomado al balcón cuando llegué, hablando con dos vecinos de la calle. Éstos me dijeron que me fuese de allí y no entendí el porqué. Así que aparqué y en ese momento el hombre cogió un rifle, por lo que di marcha atrás y salí corriendo hasta la esquina, donde me encontré a policías con chalecos antibalas y otros agentes", aclaró.
La zona quedó totalmente acordonada, sin que nadie pudiera acceder a ninguna de las viviendas cercanas al lugar de los hechos. En esos instantes de incertidumbre, este vecino sólo podía comunicarse con su mujer e hijas mediante el móvil, advirtiéndolas en todo momento de que cerraran todas las persianas y se pusieran a resguardo en la habitación más lejana. "No me dejaban entrar en mi domicilio, en el que se encontraban mi mujer y mi hija. A partir de las 00:00 acompañado con una pareja de la policía pude pasar saltando por el patio de mi vecino", narró este residente de la calle Estornino.
De igual modo, otras personas que viven cerca de la zona también presenciaron los hechos aunque no quisieron realizar ninguna declaración al respecto. Aún tenían miedo.
Los disparos duraron toda la madrugada hasta que, a las 6 de la mañana, una unidad del Grupo de Operaciones Especiales (GOES) consiguió detener al asesino. Cuenta este vecino que "el negociador de la policía se tiró toda la madrugada intentando convencerle de que se entregase; sin embargo, éste hacía caso omiso y se volvió incluso más agresivo emprendiéndola a tiros con los agentes". El asalto era inevitable.
Sin embargo, ayer todo parecía haber vuelto a la normalidad para estas familias, que en la madrugada del martes vivieron momentos de inquietud al no poder salir de sus domicilios durante el desarrollo de los acontecimientos.
Los niños jugaban con las bicicletas en la calle mientras un coche policial hacía guardia. La casa permanecía precintada, en espera de que se llevaran a cabo los registros pertinentes del domicilio.
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