La mala suerte de Rosa y Manuel

Así es la vida de las familias de los dos jóvenes muertos en el accidente de El Portal hace un año Piden dureza contra estos delitos

Miembros de las dos familias, reunidas en la casa de los Zúñiga, en 'el Chicle', el pasado miércoles, vistiendo la camiseta con el rostro de los dos jóvenes.
Miembros de las dos familias, reunidas en la casa de los Zúñiga, en 'el Chicle', el pasado miércoles, vistiendo la camiseta con el rostro de los dos jóvenes.
J.p.s. Jerez

21 de julio 2014 - 05:01

Aquella tarde de horrendo calor Manuel y sus amigos abandonaron la piscina de la Sierra de San Cristóbal para volver a Jerez. Todos no caben en el coche, por lo que la pequeña Rosa lo hará de paquete en la scooter de su vecino Manuel. Cuando ambos viajaban cerca del 'Rancho de la Bola', los jóvenes se ven sorprendidos por la irrupción en la calzada de un potente Volkswagen que trata de adelantar a dos camiones en línea continua y... crash. Fue todo tan rápido, tan inesperado. De pronto, un silencio. Manuel y Rosa se han estrellado brutamente contra el frontal del vehículo y han salido despedidos a la calzada. Todo es desorden. Del coche baja ileso su conductor, José María Álvarez, vecino de El Puerto, que da positivo en los controles de alcoholemia y consumo de drogas. Ocurrió el 18 de julio de hace un año.

José María es la misma persona que tuvo que pasar el trago de sentarse en el banquillo del Juzgado de lo Penal de Cádiz el pasado lunes bajo la mirada de la larga prole de las familias de Manuel y Rosa. Los Zúñiga y los Pantoja son, desde hace un año, dos familias unidas por el dolor. Acudieron al juicio vistiendo camisetas con el rostro estampado de los dos jóvenes. Y para no hurgar más en la herida y aliviarle de mayor sufrimiento, el juez permitió que no fueran exhibidas ni abordadas en las sala las circunstancias del accidente. El comportamiento fue tan correcto que el presidente del tribunal no vaciló al final de la vista en agradecerles su actitud a través de su abogado. La sentencia salió el martes: cuatro años de prisión por el atopello, una decisión que puede ser recurrida ante la Audiencia Provincial por las partes. Las familias de Rosa y Manuel, antes de de que se conociera, ya estaban indignados por una sentencia que les parece corta. Dos años por barba. Y el seguro, aunque es puntual en el pago, no sirve de consuelo a tanta zozobra. En este país, matar en la carretera sale barato.

Desde aquella funesta tarde del 18 de julio, en el hogar de Manuel, el número 26 de la calle Diego Fuentes, en la bajada de San Telmo, su rostro fotografiado está por todas partes. Manuel era el mediano de los tres hijos que María Gutiérrez dio a Manuel, hoy separado de su compañera, un hombre agradecido que parece llevar aún sobre sus espaldas, como una pesada losa, la cruz por la pérdida de un hijo de sólo 17 años. Manuel es un calco de su padre. Como el primogénito José, el hermano inseparable que se emociona cada vez que oye hablar de Manuel. Y luego está también su padrastro, José María, que aquel día tuvo una intuición al ver un vehículo de Tráfico de la Guardia Civil que se dirigía a El Portal después de comprobar que Manuel, como siempre hacía puntualmente, no abriera la pequeña tienda de comestibles que la familia posee en 'el Chicle'. Algo raro, muy raro, que el niño no avisara, que siempre lo hacía, que pedía a cualquiera el móvil y llamaba...Y pensó entonces: "¡Mi Manuel!" Poco después, se les heló el corazón. Como al conductor de la furgoneta, que aquella tarde, tras oír un fuerte impacto a sus espaldas, vio sorprendido volar el esqueleto de la scooter en dirección contraria a la que llevaba tras haber pasado los jóvenes ante sus ojos unos segundos antes.

María no duerme desde hace un año. Guarda luto y sigue entre pastillas y médicos. "Manuel ha dejado un gran vacío en esta casa. La casa está muerta. Como la de su abuela Juana, que sigue con su puesto de verduras a las puertas de la 'plaza'. O la de su tía Silvia, su tía predilecta". ¿Novias? "Manuel tenía 33 amigas, novias ninguna". José María conoció bien a su hijastro: "Manuel era una obra mía. Quizás, por las circunstancias que sean, su padre biológico no dispuso de tiempo para atenderle más. Pero eso son cosas de la vida. Le enseñaba a ser un hombre. Y era un ser muy especial. Inquieto, alegre, un niño que entraba y salía, muy solidario, estudioso, rico en amigos... de temperamento fuerte pero con un gran corazón y, eso sí, cariñoso y detallista con la familia y con una gran pasión: su Xerez. Su vida ha sido corta, pero muy intensa".

Carmen es la madre de Rosa, o Rosi, de sólo 15 años. Viven muy cerca de los Zúñiga. Desde que enviudó, Rosa durmió cada noche junto a su madre. Dolores, la mayor de los cinco hermanos, la tuvo entre sus manos y cuidó desde muy pequeña. Carmen, como María, tampoco descansaahora con normalidad. Ha pasado un año de la tragedia y, al revivir una vez más ante la Justicia la suerte de los dos muchachos, ha podido hundirle aún más la peor desgracia que puede sobrevenir a unos padres. Otro enorme vacío en la casa, dice Dolores, imposible de reemplazar.

La familia está estudiando recurrir. Quieren el apoyo popular para castigar con mayor dureza las muertes en accidentes de tráfico. José María lo aclara: "Nos ha tocado a nosotros, ¿por qué no evitar que les ocurra a otras familias en el futuro?" . Hasta el 1 de julio, curiosamente días antes del juicio, Álvarez no mostró su arrepentimiento a la familia por las muertes de Rosa y Manuel. Todo por una suerte fatal, la caprichosa fortuna.

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