Condenado en Cádiz un militar por intentar matar a su pareja estrangulándola
Ha quedado probado que él tapó con una mano la nariz y la boca de la víctima mientras que con la otra le apretó con fuerza el cuello.
Ella perdió la conciencia, si bien su novio pensó que la había matado. La mujer recuperó el conocimiento y huyó por el balcón de la casa donde convivían.
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La Audiencia Provincial de Cádiz ha condenado a nueve años y dos meses de cárcel a un militar por intentar matar a su pareja estrangulándola en el domicilio en el que ambos convivían en Conil. Ha quedado acreditado que el hombre la inmovilizó, le tapó la nariz y la boca con una mano mientras que con la otra le apretó con fuerza el cuello hasta hacerle perder la conciencia, todo ello en represalia por haber salido de noche con sus amigas. Él pensó que la había matado y se alejó del cuerpo, si bien la víctima llegó a recuperar el conocimiento. Entonces huyó de forma sigilosa por el balcón de la casa y saltó hasta el de su vecina para pedir ayuda. Aunque la condena no es firme, el tribunal gaditano ha enviado ya a prisión al procesado de manera provisional.
La sentencia dictada por el tribunal de la Sección Tercera de la Audiencia de Cádiz en febrero de este año recoge en su relato de hechos probados que el ahora condenado, militar de profesión, mantuvo una relación sentimental con la víctima durante un año aproximadamente. Llegaron a convivir en una vivienda, ubicada en Conil, desde diciembre de 2019 hasta enero del año siguiente.
El 6 de enero del 2020, prosigue la resolución judicial, ella le comentó a su novio que tenía pensado salir al día siguiente a celebrar el cumpleaños de una amiga en una discoteca, lo que a él no le pareció bien, motivo por el que se inició una discusión entre ambos durante la cual ella le comentó que la relación no podía seguir así y que se planteaba romper. Él reaccionó con un “como me dejes, te mato”. Ella, "incrédula", le cuestionó por esa amenaza, a lo que él le contestó: "Igual no te mato, pero me voy a encargar de que no seas feliz ni un sólo día de tu vida”. Acto seguido, le pidió perdón, le dijo que no confiaba en ella y que estaba agobiado.
Al día siguiente, la víctima salió de fiesta con sus amigas, mientras que el procesado hacía guardia de noche en su trabajo. "Gran parte del tiempo lo dedicó a llamar y mandar mensajes de WhatsApp a su pareja en los que seguía afeándole que estuviera en una discoteca con otros hombres en un salón privado, como él suponía, al tiempo que la presionaba para que volviera a casa", refleja la sentencia, que especifica que la llamó 30 veces entre las 2:29 y las 3:28 horas; también le envió "infinidad de mensajes casi de manera constante" que el propio remitente borró en su mayoría, aunque la destinataria pudo capturar algunos desde las 2:14 hasta las 6:39 horas.
Según ha quedado acreditado, esta conducta generó en la mujer tensión psicológica y "un gran temor" a lo que pudiera ocurrir cuando volviera a encontrarse con su pareja. Así, cuando regresó a su domicilio acompañada de una amiga, "lo hizo con tanto miedo y terror que le pidió a ésta que se quedara a pasar la noche en su casa, aunque sin revelarle el verdadero motivo", expone la sentencia. La amiga, finalmente, no se quedó.
Ya en su domicilio, temerosa de que su novio pudiera atentar contra su vida -como ya se lo había advertido el día anterior- y convencida de que así lo haría, "decidió enviar a su propio mail un correo en el que explicaba su situación y estado. Lo hizo a modo de despedida de sus allegados y amigos", continúa la resolución judicial.
Estrangulamiento
Vencida finalmente por el sueño, la despertó el olor a tabaco. Su novio había llegado a casa. Pronto se inició una discusión entre ambos que la mujer quiso zanjar llamando a la madre de él, a lo que éste se opuso, llegando a manifestar: “Como se ponga mi padre, te mato”. La llamada se cortó, así que el padre del procesado volvió a llamar para preguntar qué pasaba. En ese momento, el ahora condenado le arrebató el terminal a su pareja, quien corrió hacia la puerta de la vivienda, la abrió y empezó a gritar: “Socorro, me mata”.
La sentencia explica que el hombre consiguió alcanzarla y la introdujo a la fuerza en el domicilio. Una vez dentro, mientras la línea telefónica con el padre seguía abierta en manos libres, el hijo se dirigió a su progenitor y le dijo: “Lo siento papá, la voy a matar”. Entonces "empujó a la víctima contra el mobiliario, ella se golpeó la cabeza y cayó al suelo, donde su novio la inmovilizó sentándose sobre ella y colocando sus rodillas sobre los hombros. A continuación, con una mano le tapó los orificios nasales y la boca mientras que con la otra le apretó con fuerza el cuello, conducta que mantuvo hasta que observó que su pareja perdió la conciencia y su cuerpo quedó inerte sin signos vitales. Creyéndola muerta, se levantó y se alejó del cuerpo unos metros, dándole la espalda".
Momentos después, y tras una fuerte reacción de su organismo a modo de sacudida, la mujer empezó a respirar y recuperó el conocimiento, por lo que pudo escuchar a su novio decirle a su padre: “Papá, está muerta”. Ella, de manera sigilosa y aprovechando que el procesado le daba la espalda, consiguió incorporarse y desplazarse hasta el balcón de la vivienda, desde donde saltó al de su vecina para pedir ayuda. La vecina llamó al 112 y acudieron al lugar agentes de la Policía Local, de la Guardia Civil y sanitarios que trasladaron a la víctima a Urgencias, concluye la resolución judicial.
Por estos hechos el militar ha sido condenado como responsable de un delito de homicidio en grado de tentativa a la pena de ocho años de prisión; como autor de un delito de amenazas leves en el ámbito de la violencia de género, a ocho meses de prisión; por un delito de coacciones también en el ámbito de la violencia de género, a seis meses de prisión; y como autor de un delito de injurias y vejaciones leves, a 10 días de localización permanente. Además, debe indemnizar a la perjudicada en 31.000 euros por las lesiones físicas y psíquicas causadas.
La sentencia no es firme y puede ser recurrida ante el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. No obstante, la Audiencia Provincial de Cádiz ha acordado enviar ya a prisión al encausado de manera provisional después de que la Fiscalía y la propia denunciante lo solicitasen. El tribunal ha respaldado la petición al valorar el riesgo de fuga y, sobre todo, para garantizar la protección de la víctima ante posibles represalias una vez conocida la condena.
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