La canaricultura de Espinosa, pasión, sacrificio y reconocimiento
José Antonio Espinosa lleva más de 40 años criando pájaros Acaba de volver a ganar el campeonato mundial de canarios de postura en Holanda
El campeón mundial de canaricultura, José Antonio Espinosa, es hijo de La Isla. Aquí mantiene una afición que nació en Madrid -donde trabajaba- hace más de 40 años. "Empecé en el año 75 o 76", recuerda. Después de este tiempo, y de sumar las tres medallas de oro (también tres de plata y una de bronce) en la competición de canarios de postura celebrada en la ciudad holandesa de Autotron Rosmalen, atesora ya 44 campeonatos del mundo. Si se le suman los 103 campeonatos de España resulta el español más laureado.
Sin idea de lo que suponía la crianza de estos pájaros, José Antonio recibió en los años 70 un regalo de un proveedor de su empresa: una pareja de canarios rizados. Sólo tres o cuatro días después, la hembra se le murió y, a pesar de ese desconocimiento, decidió comprar otra hembra. "Saqué un montón de pajaritos", rememora. Luego sumaría los ejemplares que adquirió en el Rastro Madrileño. "Entonces comencé a documentarme", explica. Ese deseo de aprender este cultivo, de mejorar su afición, le ha llevado a un importante reconocimiento mundial. Pero también le ha supuesto una gran inversión y, por supuesto, un sacrificio grande. "Ahora que estoy jubilado, vengo a las ocho de la mañana aquí", comenta, mientras señala la sala donde tiene las jaulas con los ejemplares que posee. "Después, son las diez de la noche, y sigo", prosigue. El tiempo que le dedica es mucho. "Mis padres no lo entienden, mis hijos tampoco. Mi mujer de vez en cuando me ayuda", reconoce. Sí que cuenta con la colaboración de un cuñado, el experto en mantenimiento; y con la ayuda del veterinario y del farmacéutico, y con el asesoramiento de un equipo técnico, el Club de Canarios de Postura Al Andalus, de San Fernando. "Me permite mantener esto", reconoce. La tarea no es fácil por todo lo que implica. "Ya no tengo ni el 20% de lo que tenía", calcula. Ahora es más selectivo. Se queda con aquellos que tienen una puntuación de 8 u 8,5 para arriba, antes desde un 7. "También pesan los años", sonríe.
Existen tres modalidades de competencia con canarios: de canto, donde sólo participan machos, que son los que cantan; de color, por el plumaje; y de postura, que atiende a su forma, a su belleza. "Desde siempre esta modalidad es la que me ha llamado más la atención", matiza Espinosa, que en los últimos tiempos se ha centrado en los mehringer, unos pájaros de origen alemán, que fue a buscar a su tierra y para cuya reproducción ha trabajado con esmero. "Merece la pena, son unos pájaros muy bellos, especiales", asegura. El último campeonato mundial ganado, gracias a ellos, le da la razón. "Detrás ha habido un trabajo importante, y una selección muy cuidada", insiste. Otra raza por la que apuesta es el rogetto italiano.
Mientras cuenta su historia, alrededor de José Antonio revolotea un pequeño agaporni. Kiwi, como se llama este ejemplar, se posa en su dedo, sube hasta el hombre, y salta a la cabeza. No extraña, así que no se asusta por la presencia de alguien desconocido: pronto presta atención al fotógrafo y no es el único con el que se atreve. Incluso picotea en el bloc de notas. "También tengo algunos. Ahora la hembra ha tenido dos crías y faltan dos más", añade este experto en canaricultura.
Espinosa no está solo en La Isla con esta afición. La asociación a la que pertenece cuenta con grandes canaricultores, también reconocidos a nivel internacional: "Animo a mis compañeros a seguir en el empeño, a continuar trabajando".
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