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Víctor Vidal: "Tenemos más estrés que los constructores de pirámides"

  • Inspector médico y especialista en medicina del trabajo, Víctor Vidal acaba de publicar 'El estrés laboral. Análisis y prevención', título en el que indaga sobre la "pandemia del siglo XXI"

Víctor Vidal, durante la entrevista en el Hotel Playa Victoria. Víctor Vidal, durante la entrevista en el Hotel Playa Victoria.

Víctor Vidal, durante la entrevista en el Hotel Playa Victoria. / Lourdes de Vicente

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–Lo pillo de vacaciones: ¿cómo vamos al respecto? ¿descansamos, las practicamos bien?

–No desconectamos bien: estamos en alerta 24 horas incluso en época vacacional, lo que repercute en la salud, porque no cargamos las pilas adecuadamente. Pensamos en cosas relacionados con el trabajo y el cortisol sigue presente, y sigue teniendo sus consecuencias en forma de fuga de estrés. Tenemos que aprender a desconectar literalmente: dejar a un lado los dispositivos electrónicos. Y también es importante retomar la capacidad de reilusionarnos con algo, y procurarnos hábitos de sueño correctos. Uno de los signos de que no desconectamos bien en vacaciones es el insomnio: pensamos qué vamos a hacer cuando volvamos, o qué nos queda por hacer, o a qué no llegamos.

–El estrés, asegura, es cinco veces más perjudicial para nuestra salud que el alcohol o el tabaco. Pues no parece que existan muchas campañas de salud pública al respecto.

–Piensa que hemos tardado 40 años en prohibir fumar en espacios públicos en España, conociendo de sobra los efectos perjudiciales del tabaco. Vamos muy lentos, muy poco a poco: hasta que el estrés adquiera ese carácter de potenciador de la enfermedad pueden pasar años.

–Pero parece que el efecto del estrés va más allá de una simple úlcera: afirma que el estrés continuado tiene relación con la metástasis.

–Se ha demostrado, además, que el estrés continuado induce la alteración de los oncogenes, con lo que tiene relación con la metástasis. Cuando uno fuma, se produce una inflamación del sistema pulmonar, lo que hace más probable que desarrolle un cáncer. Igual ocurre con el estrés: puede provocártelo o no, pero tienes más opciones porque el cortisol, la hormona del estrés, provoca la inflamación en los tejidos, lo que aumenta las posibilidades de desarrollar cáncer de colón, mama, páncreas e hígado, principalmente. El 70 por ciento de las enfermedades están relacionadas con el estrés y, si no lo están, las agrava. El estrés afecta a todas las células del organismo, provoca alteraciones hormonales graves y disminuye las defensas.

–En principio, hubiera dicho que agentes de bolsa, periodistas, médicos... éramos carne de cañón para el estrés, pero sostiene que más bien es al contrario.

–Los periodistas manejan bien el estrés: conocen bien los altos y bajos y han aprendido a desarrollar herramientas. Hay un tipo de profesión en la que, para sobrevivir, se exige un nivel de resistencia muy alto al estrés. Probablemente, tenga carga genética:hay personas que desarrollan genéticamente este tipo de adaptación, y otras, que no. Por supuesto, cuando se vencen las resistencias, aparecen las dolencias cardíacas y vasculares: aumentan los niveles de cortisol en sangre y la agregabilidad plaquetaria que causa trombos, ictus...

–¿Cuándo decidió centrarse en el estrés como campo de estudio?

–Hace unos quince años: ya entonces parecía evidente la relación directa entre enfermedad y estado psíquico de los trabajadores;tras muchos problemas digestivos y dermatológicos, sobre todo, aparecía el “es que no estoy bien en el trabajo”. Estamos muy pendientes de cómo estar sentados en el trabajo, por ejemplo, pero no de cómo nos sentimos por dentro, cuando es igual de importante. Hemos descuidado la prevención en este aspecto también. Y es un mal que afecta a todos los estratos:muchos grandes empresarios se han quedado en el camino.

–No sé hasta qué punto tiene solución todo esto. Estamos diseñados para ser neuróticos, para detectar amenazas y solventarlas.

–Eso es cierto: pero para lo que estamos programados no es para estar en alerta continuamente, sino para estados de alerta puntuales. La hormona protagonista del estrés es el cortisol:cuando hay un estrés positivo, los niveles son los adecuados; el problema aparece con el distrés, un estrés prolongado que produce que la presencia elevada y continuada del cortisol en sangre tenga efectos devastadores para la salud. La reacción normal ante el estrés es alerta, resistencia y agotamiento.

–Yo diría que ahí estamos todos, en el agotamiento.

–Cuando ya se llega a esa fase, se pierde la capacidad de enfrentar la realidad. No desconectas, no te recuperas del agotamiento y las consecuencias son nefastas, cada vez peores. Los trastornos de depresión, de ansiedad y muchos procesos inflamatorios son provocados directamente por picos altos y constantes de estrés, lo que acelerará cualquier mal potencial presente en el organismo: el estrés crónico es un factor de riesgo en el cáncer de colon y mama, al mismo nivel que el tabaco.

–Me hace pensar en otra de las plagas modernas que sufrimos: el déficit de atención.

–Y que está relacionado con la pérdida de memoria a corto plazo. Algo que cualquiera ha podido comprobar en épocas de mucho estrés es la aparición de lagunas de memoria. Si esto se prolonga, el efecto en la memoria va más allá de lo puntual. El estrés continuado está también relacionado con los casos de demencia temprana, que han mucho aumentado en los últimos años: estudios en laboratorio han demostrado que unos niveles altos de cortisol destruyen las neuronas en el hipocampo e impiden su regeneración.

"El estrés continuado aumenta la posibilidad de padecer cáncer de colon, mama, páncreas e hígado"

–Cuando un adicto al trabajo de manual deja de trabajar, quizá porque se jubila, no es extraño ver que físicamente pega un bajón evidente y casi inmediato. ¿Por qué es esto?

–También está relacionado con el cortisol: se produce una especie de efecto rebote. El estrés disminuye, no se acepta, y el cortisol aumenta, y hay un problema de regulación homeostática que puede afectar a cualquier órgano.

–¿Lo laboral es la única causa del aumento del estrés?

–Hoy día, las presiones sociales son muchas, lo permean todo. No hay producto eterno, siempre queremos más. Creo que falta reilusionarse en el trabajo y en la vida. Los efectos de los alimentos en el estrés también son muy importantes. Hay que buscar tener momentos de ocio, buscar tiempo para estar con la familia o los amigos porque la oxitocina, que es la hormona de la felicidad, disminuye la presencia de cortisol.

–Pero al hablar de estrés, inevitablemente, tenemos que hablar de tiempo. O de su falta de.

–Hemos de aprender a cerrar puertas al tiempo de trabajo para tener nuestro propio tiempo y cuidar de nosotros mismos, reilusionarnos y confiar en nuestras capacidades. Recurrir a técnicas de relajación, respiración, habilidades sociales, música, lectura de prensa, risoterapia, saber disfrutar de las pequeñas cosas...

–Es imposible, por mucha buena voluntad que se tenga, sacar tiempo para uno mismo, el buen ánimo y las pequeñas cosas con un horario draconiano, o con varios trabajos parciales, o con un precariaje absoluto.

–Ocurre que aquí hablamos de la parcela personal, no de la estructura. Lo principal es exigir que los gobernantes mejoren las condiciones laborales: contribuir a reducir el nivel de estrés es una responsabilidad conjunta que empieza de arriba a abajo y que incluye a políticos, empresarios, servicios de prevención, médicos y trabajadores.

–¿Cree que la jornada laboral es razonada hoy día? ¿Qué opina de la introducción del sistema de fichaje?

–Creo que el fichar es un error:es una medida de difícil introducción. Pienso que todo, tanto una disminución de horas, flexibilidad de horarios, teletrabajo... contribuye a mejorar el nivel de rendimiento y de bienestar siempre que haya disposición de las partes. La productividad no siempre está en relación con las horas que se trabajan: de hecho, el presentismo tiende a probar lo contrario. La creación de unos departamentos de bienestar en las empresas, por ejemplo, sería una medida que podría contribuir a adaptar los horarios y las distintas necesidades de los trabajadores.

–Usted dice: departamento de bienestar; yo digo: guardería (por ejemplo).

–El departamento de bienestar se encargaría de ver la necesidad de desarrollar espacio para guardería, flexibilidad horaria o cuestiones como la resolución de conflictos internos con la mayor rapidez. También creo que es importante el reconocimiento, que te hagan saber que lo que haces no cae en saco roto.

–Que te lo hagan saber materialmente también tiene su encanto.

–Desde luego. Pero potenciar hoy día que una empresa te pague más es difícil. Sin embargo, procurar el bienestar personal termina incidiendo en la productividad, y en el beneficio. No podemos intentar que aumenten los salarios, pero mejorar el bienestar puede tener influencia indirecta en esto.

–Me viene a la mente ese dicho común entre psicólogos: “Usted no necesita terapia, necesita un sindicato”.

–Es importante concienciar a la patronal de la importancia de la psicosociología: no ir de malas, sino empezar de buenas. La creación de departamentos de bienestar puede incidir en esa capacidad para detectar y solucionar conflictos antes de que crezcan de tamaño. Nadie se libra del estrés crónico, y los daños son graves tanto para uno mismo como para los demás, así que son las propias organizaciones, las propias empresas, las más interesadas en que el trabajador se encuentre a gusto. No olvidemos que el estrés crónico tiene la sombra de las bajas eternas, de malas productividades, de conflictos internos sin resolver en los trabajos, que son verdaderamente los que provocan más enfermedades.

"Hoy día, no podemos intentar que nos paguen más pero el bienestar laboral puede contribuir a ello"

–Parece que cada vez hay más ganas de desconectar de todo...

–Tenemos la necesidad de tener esa válvula de escape. Por eso, si alguien quiere dejar de fumar, tendrá primero que eliminar el estrés y, después, dejar el tabaco. En absurdo hacerlo al revés: dejar de fumar sin corregir la causa que lo provoca. Los problemas coronarios han aumentado en un 30%, así como el consumo de ansiolíticos. Está claro que necesitamos válvulas de escape frente al estrés.

–La España vacía, o vaciada, ¿cuántos trabajos no se podrían hacer con un poco más de infraestructura y una conexión decente? ¿Nuestras vidas mejorarían en un entorno rural?

–En el campo, como decimos, se respira paz, que es muy importante. Es en sí un mundo muy distinto al urbano, y muy determinante. Nos falta tiempo para dedicarlo a nosotros mismos.

–Es sorprendente que, con tantas cosas diseñadas en principio para facilitarnos la vida, vivamos más acelerados que nuestros abuelos.

–Quienes construían las pirámides tenían menos nivel de estrés que el que tenemos actualmente, aunque su vida era atroz y trabajaban, desde luego, más y peor que nosotros hoy en día: pero tenían menos exigencias personales y sabían disfrutar con mucho menos. Algo que llama mucho la atención...

–Me llama la atención, sí. El modelo de un esclavo de hace 5000 años no es algo a lo que aspire.

–Claro que no, quiero decir que ahora funcionamos por cota de satisfacción, que es algo muy moderno: el último móvil, la última moda, la última serie, el mejor padre, el mejor cuerpo. Todo ello nos lleva a un nivel de exigencia altísimo: podemos llegar a ser muy destructivos con nosotros mismos. Las tecnologías evolucionan a pasos agigantados, muy por delante de nuestra capacidad para asimilarlas.

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