"Van para ti en dos minutos"
medio ambiente
La actuación del cabo del Seprona en la trampa tendida a Juan Clavero causa recelos entre los ecologistas. Este es su relato de los hechos
El administrador de las fincas que el empresario inmobiliario belga Marnix Galle tiene en la Sierra de Cádiz, miles de hectáreas de monte en los términos de El Bosque, Grazalema y Zahara, es José Miguel Herrera, hijo de otro empresario inmobiliario, éste de San Roque, Alfonso Herrera. Su padre fue el que le vendió a Galle la finca La Breña del Agua en 2013 por 11 millones de euros. Con entrada por Benamahoma, a pocos metros de la segunda vivienda de Juan Clavero, aquí se concentra todo el problema con los ecologistas. Ecologistas en Acción lleva años batallando para que se eliminen las vallas que impiden el paso de los excursionistas por caminos públicos, mientras que Galle defiende esas vallas como un modo de protección del entorno.
Todo esto es bien conocido por el cabo primero del Seprona Juan Manuel, como lo es por toda la Sierra. El cabo tiene buena relación con José Miguel Herrera, por lo que no es extraño que el viernes 25 de agosto éste le llame para decirle que se ha enterado que al día siguiente va a haber una marcha ecologista y le pide que esté alerta por si se separan del cordel del camino público y así poder denunciarlo. Juan Manuel le avisa que él no entrará de guardia hasta las 15 horas. Herrera se queda con la copla.
Al día siguiente se produce la marcha, pero no es exactamente una marcha. Se trata de un paseo de tres miembros de la organización para inspeccionar si siguen vallados los caminos públicos, que lo están, y así denunciarlo ante la Junta, que había ordenado su eliminación. A esta marcha se suma un desconocido, Manuel Alcaide, vecino de Jerez, y, según el informe de la Guardia Civil, el candidato número uno a ser acusado de haber introducido la droga en el coche de Juan Clavero.
El sábado, José Miguel Herrera, a las 15,29, media hora después de que el cabo entrara de guardia, envía un SMS al agente del Seprona: "Estoy en Calvillo", un conocido restaurante de El Bosque.
El cabo Juan Manuel llega con algo de retraso porque ha tenido un incidente con un buitre en el camino. Cuando llega, se sienta en la terraza y Herrera le dice: "No sé si contarte esto porque como tú eres del Seprona no tienes que ver con el tema y, además, vas solo". A Juan Manuel le pica la curiosidad y le anima a que continúe el relato: "Bueno, te lo cuento a condición de que mi nombre no aparezca por ninguna parte. Tengo un infiltrado que me ha comentado que en una furgoneta blanca (los ecologistas) llevan droga". "Será para fumársela", le contesta el cabo. "No, no, llevan bastante cantidad". El cabo del Seprona, según relata a los compañeros que están investigando el caso, decide entonces llamar al teniente adjunto para que le envíe allí la patrulla de guardia, que está en Prado del Rey. Se encuentra con ellos en el camino que hay detrás del histórico hotel Las Truchas, un carril de acceso con poco tránsito. Ahí retoma el contacto telefónico con Herrera: "Van para ti en dos minutos", le informa Herrera. Dicho y hecho: dos minutos. Aparece la presa: Juan Clavero en su coche. Le hacen bajar, registran el coche de arriba a abajo y no encuentran nada. Nuevo mensaje a Herrera. "La información es falsa". "Espérate un momento", contesta Herrera. Dos minutos después, se supone que tras haber hablado con Alcaide, contesta: "Detras asiento copiloto. Borra esto". Y allí están las 29 papelinas de cocaína, justo donde les habían dicho. Proceden a la detención.
Este relato, para el abogado de Ecologistas en Acción, Juan Domingo Valderrama, no hace creíble lo que posteiormente declaró, que a José Miguel Herrera sólo le conoce del ámbito laboral. Para empezar, las cámaras del restaurante recogen cómo el cabo y Herrera se saludan con un abrazo cuando el primero llega. No se suele saludar tan efusivamente a un mero conocido. De hecho, al capataz que se encuentra con Herrera le saluda simplemente dándole la mano. A Juan Clavero dice conocerle de oídas por sus actuaciones en la Sierra. Aunque fuera cierto tan escaso conocimiento de dos personajes tan vinculados a su área, es difícil de creer que no conociera la animadversión del uno hacia el otro.
En la investigación, el cabo escucha el audio de la llamada paralela de alerta que un capataz de la finca, Óscar González, hace desde la única cabina operativa de El Bosque a la Central provincial de la Guardia Civil tras haber llegado a este punto en una ranchera propiedad de Breña del Agua Investments. El cabo no reconoce su voz.
La Guardia Civil citó a declarar para su informe tanto al administrador de la finca como a los dos capataces, además de al jerezano que se introdujo en la marcha. Todos ellos, a instancias de sus abogados, se acogieron al derecho a no declarar.
La comprobada relación entre el capataz y el infiltrado
El capataz Óscar González, apodado 'El Coco' y que con casi toda seguridad realizó la llamada desde la cabina, tenía una estrecha amistad con Manuel Alcaide, el jerezano que se infiltró en la marcha y del que se sospecha que dejó la droga en el interior del coche de Clavero. La declaración de la camarera de uno de los bares de El Bosque no deja lugar a dudas. Según ella, Óscar González era un asiduo del bar hasta que dejó de ir hace poco más o menos un año. En una decena de ocasiones estuvo acompañado de Alcaide. El jerezano llegaba al pueblo los fines de semana, normalmente en autobús, y allí le recogía con la ranchera de la empresa Óscar. En otra de las declaraciones ante la Guardia Civil un vecino también reconoce a Manuel Alcaide "por haber estado tomando copas muchas veces en el pueblo". Según este testimonio, Alcaide se solía quedar en la conocida como Casa del Espino, que es la que utiliza Óscar como vivienda dentro de la finca. A veces Alcaide, declaró, cuidaba del hijo de Óscar cuando a éste le tocaba la custodia.
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