Trae dinero y está dispuesto a gastarlo pero distingue bien cuando quieren darle coba
El turista ruso demanda calidad, es exigente y está superpreparado, dice una compatriota afincada aquí
Poner a Cádiz en el mapa turístico ruso es uno de los primeros pasos que debe dar la provincia si pretende incrementar de manera notable el número de turistas procedentes de Rusia. Cádiz no está en ese mapa. Cádiz no es visible en esos folletos, en ese mapa que le muestra al turista ruso que puede ir a Cataluña, a Valencia, a Baleares, a Murcia, a la Costa del Sol...
Lo dice una rusa que conoce a sus compatriotas y que conoce también Cádiz, ya que lleva unos cuantos años por estas tierras. A falta de un turista ruso que se preste a explicar por qué vino aquí, qué le ha gustado de esta zona y qué impresión se lleva de estos lugares, ella se pone en su lugar y da pistas.
Una, buena, es que Cádiz se alza como un destino exótico para el turista ruso. Exótico y poco trillado. Menos que Cataluña y los otros destinos que encabezan el ránking. Natasha sostiene que en esos lugares, el turista ruso empieza a encontrar demasiada gente que habla ruso, demasiadas facilidades para moverse, para todo. Y al ruso, explica, no le gusta salir de casa y encontrarse como en casa, contrariamente a lo que les ocurre a otros turistas. El ruso que sale al extranjero quiere sentirse en el extranjero.
De modo que Cádiz tiene ahí un punto a favor en esa batalla por lograr atraer a los rusos a sus playas, a su clima tan agradable y a su gastronomía, por ejemplo. Como tiene esas fantásticas playas sin competencia.
Pero el turista ruso es exigente. Viene con dinero y dispuesto a gastarlo. Tiene un medio y alto poder adquisitivo, como coinciden todos en destacar. Pero es exigente, quiere buenas atenciones y está "superpreparado". Quiere moverse, ver monumentos, quiere algo más que una playa, dice Nastasha. Y demanda calidad. Distingue perfectamente lo que tiene calidad. Sabe muy bien cuándo alguien trata de darle coba.
Dar coba, por ejemplo, es decirle en un bar a una pareja rusa que no sirven tapas para que pase a la zona de restaurante y tenga que pedir platos y acabe gastando más. Pero ellos ven que sí que hay clientes tomando tapas. Comprenden la jugada. Y luego se lo cuentan a Nastasha, les sienta mal. Se van con una imagen lamentable del lugar. No entienden español, hablan ruso, pero no son tontos, advierte su compatriota.
A los turistas rusos que pasan por la provincia de Cádiz les encanta el carácter afectuoso de la gente. Otro punto a favor. Pero no entienden que en los restaurantes y en los bares tarden tanto en atenderlos, consideran que hay lentitud en la atención al cliente. Un punto en contra.
Si el ruso es un turista que tiene fama de gastar, facilítale hacerlo, podría ser un lema al que agarrarse para conseguir que continúe creciendo la llegada de viajeros. Y si el ruso puede ir a la playa en octubre, porque hace un tiempo estupendo para él, ofrécele al menos una zona con servicios de playa, propone una tía, rusa, de Nastasha.
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