"Tarifa es única: no hay lugar con este viento, ni tan bien adaptado al viento"
Van Looy, que recibe hoy el premio anual de turismo de la Diputación, comparte el galardón con todos los agentes de la localidad: "Es un homenaje a la forma en la que Tarifa se ha buscado su propio futuro"
Un holandés de 25 años llega a la Tarifa de 1966 a dirigir uno de los dos hoteles del pueblo. Otro mundo. Pesca y campo. El aeropuerto más cercano, a una distancia abismal, y la cercana Algeciras, a tres cuartos de hora por una carreterilla "llena de baches". "Nada que ver con el turismo, que eso no existió hasta los 80..." Apenas había algunos viajeros de paso, algunas familias que se marchaban espantadas por el levante, "un verdadero handicap" para aquel lugar. "¿Y dónde vive usted?", "En Tarifa", "¡Ah! En Tenerife".
Pero Roberto Van Looy se quedó, arrendó el Hotel Dos Mares y sembró casi sin saberlo las mejores semillas de la Tarifa moderna, la del windsurf, de la gente guapa y la movida nocturna, del viajero alternativo pero de fecunda cuenta corriente. Un destino turístico reconocido en Europa. Hoy la Diputación de Cádiz entrega al holandés el premio con el que distingue cada año a las principales figuras del turismo en la provincia.
-¿Cuándo empezó a pensar que el viento, despúes de todo, no iba a estar tan mal?
-Cuando empezaron a venir grupos de windsurfistas de una parte del sur de Alemania. Salían los viernes de Múnich. Allí había unos almacenes que actuaban como intermediarios. Ellos tenían aquí sus tablas y se volvían los domingos a su país. Les salía más barato que ir a Italia. Hablamos del inicio de los 80... Un amigo hablaba con otro, con otro... Ellos nos enseñaron el camino, nosotros vimos la tendencia y reaccionamos, nos adaptamos a lo que estos clientes nos pedían, como las casetas esas de ahí detrás que se utilizan para guardar el material, que es caro... O la decoración de nuestro hotel, o la primera escuela de windsurf del país... Es importante reaccionar y adaptarse, no esperar a ver qué hace todo el mundo para después imitar.
-¿Y cuándo fue el momento en que tuvo certeza de que iba a ser un gran negocio?
-El gran paso de este destino es el primer campeonato del mundo de windsurf, en el año 85, con los primeros grandes sponsors... Aquel primer campeonato fue una experiencia genial, una movida en la playa, en el pueblo... conciertos, toda clase de eventos deportivos, música... Nos enseñó un poco lo que podía ser el futuro. La gente de aquí no sabía lo que era aquello. Pensaban que aquellos muchachos con bañadores y melenas no tenían dinero, pero eran grandes clientes. Hoy siguen viniendo al hotel. Después de aquella cita se han repetido otras casi cada año. Los campeonatos de windsurf son importantísimos, tanto como uno de fórmula-1. No nos hacemos una idea de la promoción que suponen para Tarifa en todo el mundo.
-Después, todo ha ido lanzado.
-Sí, empezaron a abrir bares y restaurantes que ya no eran los clásicos. Cambiaban desde los colores de las paredes al vestuario del personal. También abrieron tiendas de fabricantes y vendedores de tablas, de moda... Otras escuelas de windsurf. Es un pequeño mundito pero diferente a todo lo que hay ahora mismo en Europa. Se le dio a Tarifa un ambiente de libertad... que le llaman ellos.
-¿Ese "ambiente" es ahora la marca de Tarifa, tanto como los propios deportes de viento?
-Veo que cada vez hay más gente en Tarifa que no es deportista, gente que viene por el espectáculo, el ambiente y la noche, y que es una parte muy importante del negocio. En algunos casos los que no son windsurfistas y vienen a ver a los windsurfistas dejan más dinero que los propios deportistas. Pienso que hay que hacer un esfuerzo para que este ambiente de día y de noche no se pierda.
-¿Tiene miedo de que Tarifa se masifique y pierda su esencia?
-Hay mucha gente que tiene miedo de que cuando haya un puerto grande en Tarifa esto se acabe, o cuando esté la autovía, o si se construyen grandes hoteles... Creo que esto es el progreso y que no se puede ir en contra, ni tampoco ser egoísta. Cuando lleguen los cambios habrá que adaptarse a las nuevas situaciones. No hay que tener miedo al progreso.
-Le premian por apostar por un turismo de calidad. ¿Qué es para usted un turismo de calidad?
-Qué es calidad... éste es un hotel de tres estrellas y hasta hace poco teníamos dos. Pero, ¿qué hotel está mejor situado? Tengo 50 habitaciones y tengo a 50 personas trabajando, abrimos todo el año y estamos cobrando ahora mismo más que cualquier hotel que yo conozca, y tenemos nuestro público. Hay hoteles de cadenas en lo que todo es perfecto… Quizá nosotros no buscamos tanto la perfección como la amabilidad, el bienestar de la gente, que todo no sea tan cuadriculado; si piden algo y no lo tenemos, ya lo buscaremos, adaptarnos a los clientes… La calidad es lo que tú puedes ofrecer que a la gente le gusta, dar en el clavo de lo que la gente espera de un sitio como éste. Una amplia terraza, una vista al mar, un ambiente agradable. Que la gente se encuentre en casa. Y un poco de normalidad.
-La Diputación también ha elogiado la labor de las pequeñas empresas del turismo en Tarifa.
-Sí, entiendo este premio como un reconocimiento a Tarifa, a toda su movida, a la gente que tiene que ver con esto… hoteles, cámpings, restaurantes, tiendas… es un premio a la forma en que Tarifa se ha buscado su propio futuro.
-¿Cómo vaticina ese futuro?
-Hay lugares con buen viento, como Brasil, algunos sitios de Francia... Pero el bloque completo del viento que ofrece Tarifa no lo hay. No hay lugar con este viento, ni tan bien adaptado al viento. Ahora hay que mantener y mejorar esta industria. Si tú ofreces algo diferente y único, creo que tienes un futuro asegurado.
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