Provincia de Cádiz

Retrato de una familia feliz

  • Una entrevista con Jan de Clerck, el pionero en la promoción del turismo extranjero en la provincia

Ese corpulento hombre de acento extranjero que frecuenta los salones del hotel Jerez no es un turista cualquiera. Se trata de Jan de Clerck (Waregem, Bélgica, 1943), el archiconocido pionero en la promoción del turismo en la provincia de Cádiz. Su mujer Caroline también nació en Waregem. Se conocieron y casaron. Caroline le dio tres hijos: Stefaan, Ann y Sophie, que trabajan en el grupo hotelero de sus padres, Hoteles Andaluces Con Encanto (HACE), que agrupa los hoteles Jerez, Villa Jerez, Guadalcorte Park, Playa de la Luz y Duque de Nájera. Los De Clerck son una familia unida. Y feliz.

- ¿Cómo empezó todo?

--Nosotros hemos vivido aquí todo el historial porque hace cuarenta y dos años que llegamos, en 1969, cuando las cosas eran verdaderamente muy diferentes a la actualidad. No había infraestructuras, no había nada. Empezamos de cero. Podemos decir que nuestro hotel de Rota, el Playa de Luz, ha sido el pionero del turismo extranjero en la provincia. Fue el primer hotel que trajo touroperadores tanto de Bélgica como de Alemania y esto sigue marchando. El Playa de Luz, que inicialmente era un hotel de dos estrellas muy pequeño, ahora es un hotel muy serio, de cuatro estrellas, donde yo creo que al igual que en el resto del grupo, la oferta entre calidad y precio está muy a favor del cliente. De lo contrario, no dura la historia. Tenemos, por tanto, buen producto, original, y estamos en el corazón de Andalucía, que es un valor añadido al producto que tenemos.

- La decisión la tomaron durante su luna de miel, ¿es así?

- Sí. Nos casamos y en seguida vinimos para acá. Y en el viaje de novios, paramos en Rota. Mi padre había comenzado una aventura aquí tres años antes. Era abogado, no era profesional del gremio. Las cosas iban mal, mal, mal. Entonces, vinimos unos días para ver qué estaba pasando y vimos cuáles eran los problemas, que fuimos resolviendo poco a poco y ahora tenemos un grupito, pequeño, humilde, pero bueno.

- Usted tampoco tenía esa vocación.

- No, pero la vocación viene rápido. No teníamos tanta vocación por la hostelería, pero ya digo, la vocación viene sola. Aprendimos rápido y nos gustó muchísimo.

- ¿Con qué provincia se encuentran?

- Con una provincia olvidada, sin comunicación. Aquí no había nada. Recuerdo que había un touroperador belga que volaba a Málaga y entonces, los clientes tenían que hacer un viaje de seis a siete horas en un autobús antiguo, sin aire acondicionado, en pleno verano... Habría que hacer una memoria histórica, buscar a toda esta gente y darles una medalla por el favor que han tenido de venir y de volver a Málaga con un transfer de más de seis horas de camino. No había autopistas, los autobuses no eran lo que son ahora... Lo que ha sufrido esa gente. Luego, el aeropuerto de Sevilla fue durante mucho tiempo nuestro puerto base y, más tarde, con la apertura del aeropuerto de Jerez, se desbloqueó un poco el turismo en la provincia. Digamos que la apertura del aeropuerto de Jerez ha sido el inicio de las inversiones en Sancti Petri y Chiclana y, sin ello, no habría sido posible. Así que las infraestructuras son importantes. Aquí se están haciendo esfuerzos, pero los esfuerzos llegan tarde, siempre con retraso. El AVE no va a llegar el año que viene. Aunque dicen que sí, no lo creo.¿Pero va a ser un AVE, un Rápido...? No sabemos, así que sigue siendo la provincia olvidada. Lo digo con razón y no me equivoco, porque en los tiempos de la Costa del Sol, el dinero y las inversiones iban allí, porque tenían la protección desde Madrid. La provincia de Cádiz era totalmente desconocida, al igual que la Costa de la Luz, aunque nuestra provincia es, probablemente, la más bonita y más completa de todo el país. Tenemos dos mares, ninguno lo tiene, costumbres y tradiciones, los caballos, los vinos, el flamenco... Tenemos aquí una cantidad de asuntos que no están aprovechados. Otro tema no aprovechado aquí es el turismo naútico. En estos momentos estamos bastante interesados y estamos intentando meternos en un proyecto muy serio, el del turismo náutico. Tenemos la mejor provincia del país. Pero la Administración parece que lo ha olvidado. Aquí la gente va a un campeonato de motos o de golf en Valderrama y lo que sea, y cuando pedimos una ayuda parece que son todo complicaciones. Vamos a intentar remover eso con nuestra federación de Horeca, con todos los medios que tenemos para promocionar aún más la provincia. Esto es, probablemente, la ventaja que tenemos, que aquí queda todavía mucho por hacer. Hay otras zonas como Benidorm o Torremolinos, donde ya está todo hecho. Eso es el cansancio, el aburrimiento, siempre lo mismo. Por tanto, creo que aquí hay mucho por trabajar, aunque pienso que esto es cosa de otra generación.

- ¿Le ayudan mucho?

- Sí, sí. Gracias a Dios, tengo la ayuda de toda mi familia. Mis tres hijos están metidos dentro del grupo. Stefaan va a hacer un poco el coordinador general del grupo, Sophie es directora de dos hoteles y Ann se dedica a la decoración e imagen de todo el grupo, modernizaciones, reformas, decoración y todo eso. Todo el mundo tiene aquí su trabajo.

- ¿No ha pensado en jubilarse?

- No he tenido tiempo todavía. Creo que me aburriría, así que la verdad es que todavía trabajo mucho, pero hago un poquito lo que me la gana, que no es lo mismo.

- La crisis les habrá afectado.

- Bastante. Hay que luchar muchísimo. Entonces, el gran problema para la crisis de este momento, porque hemos conocido otras crisis pero al rato vimos la recuperación y ahora mismo, sin embargo, no vemos tanto la luz al final del túnel. Este es el problema de la situación hoy: que tenemos más ganas de desanimarnos que de animarnos. Esto tiene que cambiar, porque hay que animarse y tener ilusión, pero la crisis es muy grande y, para mí, todavía tiene que venir mucha crisis de los países emisores de turistas, que creo que en países como Alemania u Holanda todavía no ha llegado, pero va a llegar. En todo caso, observamos que la gente viene en vacaciones menos tiempo de lo normal, menos días. Recuerdo en Rota, en el restaurante de la playa que se llama 'La Gaviota', que es simpatiquísimo y con unas vistas impresionantes, había familias que estaban hasta tres horas para comer. Y ahora, en una hora y cuarto han terminado porque se saltan el jamón, el langostino, y después se olvidan del Carlos I o del cognac y entonces se reduce mucho el consumo. Esto se nota en todos los sitios. La gente necesita unas vacaciones, necesitan el sol, pero deciden en el hotel escoger lo más barato posible para afrontar la crisis.

- Pero usted es considerado un triunfador.

- Yo creo que no. Hemos hecho nuestro trabajo, luchado mucho, pero este gremio es muy duro, es muy complicado y muy frágil. Ahora bien, hay muchas cosas que todavía pueden mejorar. La profesionalidad por ejemplo, que ha de mejorar mucho y en el gremio de la hostelería necesitamos más vocación. Mucha gente que está aquí trabajando es porque no tienen otro trabajo, no tienen esa vocación. Yo digo que para ser camarero hay que tener ganas, porque el horario es complicado, se estropea un poco la vida familiar, especialmente cuando le toca a uno un turno de noche por ejemplo, las vacaciones son complicadas... Entonces, para ser camarero o trabajar muchas horas al día hay que tener verdadera vocación. Y esto aún no lo hay. Y automáticamente, entonces tampoco hay tantos profesionales. Y en la hostelería, al menos para mí, hay que buscar la perfección para servir al cliente lo mejor posible.

- ¿Qué quiso ser de pequeño?

-En realidad, la profesión de la abogacía no me disgustaba. Pero cuando digo la suerte que he tenido de vivir aquí, ver a la mayoría de la gente felices porque vienen de vacaciones, porque en otras profesiones no ves más que gente triste por sus miserias y problemas. No conozco a ningún cliente que vaya a ver a su abogado y le diga: 'Mire usted, vengo a saludarle porque estoy muy contento'. Solamente van al abogado cuando tienen problemas.

- ¿Siente lástima por lo que está ocurriendo?

- Mi familia en Bélgica tiene mucho que ver con la política. Por tanto, la política la sigo. Tengo un primo que es ministro de Justicia. La política es muy parecida en todos los países. Hay dos o tres generaciones donde los políticos comenzaron a vivir del sistema, cuando antes eran más bien idealistas, pero tenían vocación. Ahora no la ves, la política es ahora una manera fácil de ganar dinero, de vivir muy rápido a cuenta de los otros. Y esto es lo que está pasando en Europa, no sólo en España. Que se han creado unas generaciones de gente que tienen la mentalidad equivocada. Para mí, un político debe tener mucho idealismo, muchas ganas de servir, puede ganar mucho dinero, pero no importa. Pero que ganen lo que tienen que ganar, no tienen porqué ganar más. No creo que haya que dar más detalles.

- ¿Cómo nos ven los belgas?

- Los belgas tienen mucha simpatía con los andaluces. Es lo que yo he intentado decir a la Administración y autoridades, que Andalucía suena muy bien y eso hay que aprovecharlo mucho más. Es un producto que se vende. En eso intentamos colaborar con nuestro grupo. Nosotros vendemos Andalucía, el espíritu de Andalucía. El mar, el sol, las tradiciones, el flamenco, la amabilidad de la gente... Esto viene todo junto. Todo eso se puede concentrar en la palabra Andalucía.

- ¿Y qué no les gusta?

- La justicia, que yo respeto, pero que creo que no es igual para todo el mundo. Y esto sí me puede afectar.

-Y la burocracia, ¿no?

- Me gustaría, en este momento, tener un proyecto turístico precioso, en un muy buen sitio, tener el dinero para legalizarlo e ir a la Administración y decirle: 'Aquí tiene usted mi proyecto y, si en un plazo de seis meses me dais la licencia de obras con todos los papeles arreglados, firmo notarialmente que voy a hacer aquí la inversión y coloco a un centenar de empleados. A mí me gustaría poder hacer eso, porque estoy seguro que no tendré los papeles en seis meses. Seguro. Porque aquí hay tanta tontería en la Administración y tanta pérdida de tiempo... Esto es así. Tenemos un proyecto en Algar que lleva ya cuatro años con problemas administrativos. ¿Cómo se explica eso?

- ¿Por qué acepta retos importantes en tiempos de crisis? Me refiero al hotel de Puerto Sherry.

- En Puerto Sherry nuestra situación es diferente. Es el primer hotel donde llevamos la explotación, pero la familia no tiene nada que ver. Allí hay un inversor, Pedro Bores, que está apostando mucho por Puerto Sherry y que está haciendo muchísimas inversiones y nos pidió nuestra colaboración para llevar su hotel; hemos llegado a un acuerdo y ahí estamos. Pero aparte de llevar su hotel, hemos descubierto el interés y las posibilidades del turismo náutico en la provincia.

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