Pésames y velatorios en la Sierra de Cádiz: dar la 'cabezá' o sacar las sillas a la calle
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A pesar de la llegada de las salas de duelo, los velatorios domésticos se resisten a desaparecer
Las costumbres se adaptan a los tiempos. Y los velatorios en la Sierra se han ido modificando también poco a poco. La llegada de los tanatorios y las salas de duelo en muchos de los pueblos de la comarca desplazaron una tradición muy arraigada en esta zona gaditana. Hace poco más de 20 años, los duelos se hacían de puertas para adentro. La pérdida de un ser querido se lloraba en casa y el pésame se daba en la misma.
Hoy, esta tradición de velar en el hogar se está casi perdiendo en muchos pueblos de la comarca en favor de los tanatorios, aunque es una tradición que se resiste a desaparecer. Como también, aunque muy tímidamente, se está diluyendo en pueblos más grandes y con servicios de tanatorio y cremación la costumbre de velar durante toda la noche al finado, pues la “mentalidad” va cambiando con respecto a ello. “Depende de la edad de esa persona y de las causas o circunstancias que rodean a la muerte se vela más o menos durante toda la noche”, explica una fuente del sector funerario.
El caso es que los momentos más duros de la pandemia obligaron a muchas familias a no poder velar a sus seres queridos de noche en algunos tanatorios, que tenían horarios restringidos: una situación anómala que ha vuelto ya a la normalidad. Lo que sí perdura en algunos municipios es la costumbre de velar en casa, que se entiende como un último acto para materializar la voluntad del difunto, de querer ser despedido en su hogar. En localidades como Algodonales, Benamahoma o Puerto Serrano continúa este especial arraigo.
Por ejemplo, Puerto Serrano cuenta con una sala de duelos municipal, que se ha ampliado con más espacios para ofrecer comodidad a los dolientes. La misma convive con la tradición de velar en casa tanto de día como de noche. En este pueblo, hay una costumbre que es sacar sillas a la calle en casa del finado, siempre que el tiempo acompañe, para que pasen por ahí familiares y amigos y compartan el duelo.
“Esta tradición tiene un sentido social. Se hace como gesto para que el pueblo se entere de que se está velando a un vecino”, dice el alcalde de la localidad, Daniel Pérez. Además, esta visualización se percibe como un termómetro del afecto o conocimiento que se tenía de esa persona.
En contraposición, Olvera ha perdido casi la costumbre de velar en casa. Es algo casi residual. Olvera es el único pueblo de la Sierra de Cádiz que convive con dos cementerios en activo. Uno está a los pies de su imponente castillo y es de titularidad de la Iglesia, que recibió en 2020 el título de ‘Cementerio más Bonito de España’, mientras que el otro camposanto es propiedad del Ayuntamiento local. Aquí como en la mayoría de pueblos se sigue practicando dar ‘la cabezá’, que es el gesto de pésame que se realiza al féretro y la familia doliente durante la celebración del entierro en la iglesia.
En Olvera, hay un tanatorio con dos salas de duelo, aunque no tiene servicio para cremaciones. Está abierto las veinticuatro horas de día cuando hay un fallecido y este servicio lo presta directamente el Ayuntamiento, que cuenta con personal para ello.
“Acude mucha gente al tanatorio a dar el pésame, pero también se da ya en la iglesia, en sus puertas o en la cabecera del templo, por donde pasan las personas para mostrar sus respetos a la familia, y eso se llama aquí y en muchos sitios dar la ‘cabezá’”, explica el regidor Francisco Párraga.
Tosantos 2021: un balón de aire para la flor cortada
La festividad de Todos los Santos, fecha anual de mayor venta en el sector de la flor cortada de Chipiona, se ha cerrado en esta localidad de la Costa Noroeste con un balance muy positivo. El año pasado, las expectativas eran buenas, pero finalmente se vieron frustradas por las restricciones oficiales motivadas por la pandemia. Ya librada de estas limitaciones, la campaña de 2021 ha arrojado buenos resultados para este sector fundamental en la economía chipionera. La pandemia ha llevado a muchos agricultores a dejar el cultivo de flor cortada para, por ejemplo, dedicarse a la producción de hortalizas. Así las cosas, al reducirse las plantaciones y, con ello, la oferta, está teniendo una mejor salida en el mercado con unos precios aceptables para el sector. En definitiva, todo se ha vendido: claveles, margaritas y demás flores típicas de estas fechas. Los agricultores chipioneros que no han abandonado la flor cortada han conseguido de este modo aguantar el tirón y miran ya a la Navidad. Luego llegará San Valentín, San José… y, por supuesto, la Semana Santa, que también se prevé positiva para el sector. Lo peor de la crisis sanitaria del Covid es ya una pesadilla del pasado para estos profesionales. /F. JAVIER FRANCO
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