tribuna

Masonería en Cádiz y Gibraltar (I)

  • La proximidad con el Peñón y ser una ciudad portuaria consolidó la masonería gaditana y nunca faltaron masones activos porque siempre hubo gaditanos en las logias gibraltareñas

Grabado con simbología masónica: "De la oscuridad a la Luz" (lema de la Ilustración). Grabado con simbología masónica: "De la oscuridad a la Luz" (lema de la Ilustración).

Grabado con simbología masónica: "De la oscuridad a la Luz" (lema de la Ilustración).

La fortuna de habitar en un territorio con una historia tan densa en acontecimientos es que nunca falta una efemérides que conmemorar y, en muchas ocasiones, se solapan unas celebraciones con otras. En pleno año del Tricentenario del traslado de la Casa de Contratación a Cádiz, nuestros vecinos gibraltareños están celebrando el 250 aniversario de una entidad que, en cambio, sí permanece activa. Así lo ha estado desde 1767 hasta hoy y es la logia San Juan (o St John Lodge), también conocida como la "logia de los españoles". Y en este mismo año se está celebrando el Tricentenario de la fundación de la Gran Logia de Inglaterra (diferente a la Gran Logia de Escocia o la de Irlanda, que tienen su propia historia y organización).

Lo que no es demasiado conocido es la relación que la masonería gibraltareña ha mantenido siempre con la gaditana desde sus orígenes. Aunque en España la cuestión de la masonería sigue siendo un tema polémico y que ha sido tratado por escritores con bastantes dosis de fantasía y de inexactitudes (y, en bastantes casos, como una fuente de ingresos aprovechando el morbo de lo secreto), la realidad es bastante más sencilla de explicar si se acude a las fuentes documentales y a la bibliografía correcta.

Es cierto que la constante persecución de la masonería en España a lo largo de la historia no ha permitido disponer de demasiada documentación fiable pero no significa que desapareciese toda para haber podido realizar investigaciones sólidas y bien fundamentadas. La masonería gaditana se consolidó gracias a encontrarse en una ciudad portuaria y a su proximidad con Gibraltar. Desde el siglo XVIII, la masonería mantiene una presencia ininterrumpida en el área de la provincia de Cádiz. Es cierto que no siempre hubo logias activas en Cádiz pero nunca faltaron masones activos puesto que siempre existieron gaditanos en las logias gibraltareñas.

Las primeras logias inglesas que se fundaron fuera de las islas británicas se establecieron en Madrid (1727) y otra en Gibraltar (1729), lo cual deja a las claras que la Península Ibérica fue de los primeros territorios donde se expandió la masonería. En una conferencia que impartió el profesor Keith Sheriff en el Ateneo de Cádiz en 2013 demostraba fehacientemente que la masonería llega a España a través del puerto de Cádiz y de Gibraltar (dejando aparte a los ingleses residentes en la corte madrileña). Más tarde llegaría la masonería de sesgo francés, a finales del XVIII y principios del XIX. Aunque España y el Reino Unido se disputasen constantemente la soberanía del Peñón, las relaciones mercantiles, marítimas y vecinales entre los gibraltareños y los gaditanos eran muy fluidas. Es obvio que en épocas de confrontación bélica directa, la situación se veía afectada pero siempre persistía una mínima comunicación.

El primer antecedente documentado de un masón en la Bahía de Cádiz es el de un sacerdote, el P. José Augusto, detenido y juzgado en El Puerto de Santa María en 1743. Del mismo modo, en 1745, y confiado en la promesa de amnistía para los que se autoinculpasen de pertenecer a la masonería, acude el comerciante genovés Carlos Francisco Baldeni ante la Inquisición gaditana para declarar que era masón (así como sus tres paisanos y socios: Juan Bautista Massuco y Juan Lucas Seguí). A partir de esa fecha, son incontables los casos de masones radicados o transeúntes en la Bahía de Cádiz.

Evidentemente, el carácter de ciudad portuaria encrucijada de continentes y la relativa flexibilidad de la vigilancia inquisitorial (promovida por la monarquía hispánica para favorecer la presencia de comerciantes extranjeros) significaron la apertura a las ideas y movimientos provenientes de Europa y de la cercana plaza de Gibraltar, cuya comunicación marítima con Cádiz era absolutamente pacífica y ordinaria. Por otra parte, no podemos olvidar tampoco el conocimiento que de la masonería tenían los personajes más ilustrados del Cádiz dieciochesco.

En concreto, nos referimos al Marqués de Ureña y al Marqués de Méritos (ambos fueron piezas fundamentales en la construcción de la Santa Cueva y en el encargo al músico masón Joseph Haydn -iniciado en febrero de 1785- de la partitura de las Siete Palabras). Por tanto, resulta evidente que la masonería europea (no solo la francesa) no era algo extraño en la ciudad de Cádiz en el siglo XVIII.

La logia San Juan de Jerusalén (St. John's Lodge o Logia San Juan) de Gibraltar fue fundada por militares de la Real Artillería, estacionados en Perth (Escocia) y fue originalmente conocida como Artillery Lodge nº 181. Le fue concedida una carta constitutiva ambulante (la licencia para constituirse como una logia) el día 5 de septiembre 1767 por el III Duque de Atholl (Gran Maestre de la Gran Logia de los Antiguos -una escisión producida en 1751, de Gran Logia de Inglaterra de 1717-). Esta logia sería una referencia para la formación de otras logias en los otros batallones de artillería.

En 1772, los miembros del Artillery Lodge nº 181, fueron trasladados a Gibraltar, tras haber estado destinados en Mahón (entonces, posesión británica). Hoy es la logia más antigua (en activo) existente en el Peñón. En 1790, comenzó a aceptar a los primeros civiles en sus filas. Cuando el batallón finalmente recibió órdenes para su regreso a Inglaterra en 1826, la logia ya no era ni una sombra de su carácter militar original. Los escasos artilleros que quedaban al principio acordaron, con la opinión mayoritaria de los miembros civiles, que la logia se mantuviera en Gibraltar pero, finalmente, optaron por solicitar a la Gran Logia Unida de Inglaterra una nueva carta constitutiva "civil", mientras que los masones militares conservarían la original "militar" (y ambulante) al regresar a Inglaterra. Sin embargo, cuando se aceptó tal petición, por alguna razón no aclarada hasta la fecha, fue concedida una carta constitutiva de renovación y no una nueva.

Esta carta constitutiva, del 2 de diciembre 1826, sustituía a la militar ambulante aunque fue la intención de los miembros de la antigua logia. Si esto fue por un descuido de la Gran Logia o una decisión premeditada no se puede saber, pero hay pruebas de que, por un breve periodo de tiempo, ambas logias trabajaron simultáneamente en Gibraltar y en Inglaterra hasta que la militar finalmente entregó su carta constitutiva a la Gran Logia. A partir de ese momento, la antigua logia militar de la artillería se convirtió en la nueva logia civil llamada St. John.

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