Carrillo superstar

Así vieron algunos históricos comunistas de la provincia al líder del exilio

Pedro Ingelmo / Cádiz

23 de septiembre 2012 - 06:47

Santiago Carrillo se enteró de que España no era comunista en Cádiz. En el pabellón Fernando Portillo, para ser más exactos, donde acudió a cerrar la campaña de 1977 con el que era uno de los grandes reclamos del PCE recién legalizado, el poeta Rafael Alberti. Poco antes de que empezara el espectáculo -y los mítines comunistas lo eran como no lo han vuelto a ser los mítines de nadie-, Santiago Carrillo reunió a la gente de su candidatura en la provincia, encabezada por Alberti, al que secundaban Paco Cabral, un mítico campesino de Trebujena, el abogado Fernando Martín Mora y, un poco más abajo, Juan Pérez, que había sido emigrante y un hombre imprescindible para la organización del PCE en Jerez. Carrillo les informó de que las entonces artesanales encuestas no auguraban un gran resultado, es más, el resultado sería pobre. Es curioso que aquellas encuestas fueran más precisas que las actuales. "Ánimo, quizá saquemos algunos más de lo que dicen", les consoló Carrillo. Lo cierto es que en aquel mitin salieron los oradores cariacontecidos, convencidos de que el PCE no sería un partido de poder en España.

Lo recuerda el propio Juan Pérez, que la primera vez que vio a Carrillo fue en Frankfurt, cuando él trabajaba en la Opel, allá por 1970. Pérez dedicaba sus tardes a las actividades del PCE en Alemania. "Era una organización muy dinámica y teníamos una clientela potencial muy elevada, 120.000 trabajadores. Montamos aquel mitin en Frankfurt y logramos que vinieran 5.000 personas. La estrella era Carrillo. Los alemanes le dejaron dar el mitin, pero a la salida estaba la policía para expulsarlo del país. Alemania era un país democrático, estaba Willy Brandt, pero la presión de la embajada era muy fuerte".

La segunda vez que Pérez vio a Carrillo fue más surrealista. Se trataba de otro gran acto del PCE, esta vez en Ginebra, en 1974. Como asistente al mitin, al que se habían acercado numerosos militantes desde España, Pérez veía en el estrado a Carrillo y a la Pasionaria, sentados. "Por la megafonía se escuchaban sus voces, pero ellos estaban allí, mirando al tendido, callados. Todo era muy extraño. Luego nos enteramos de que el gobierno suizo les había permitido la asistencia al mitin, pero les prohibía intervenir, con lo que se buscaron esa fórmula, que consistía en grabar su discurso y ponerlo. En el cierre del mitin se levantaron y cantaron con nosotros las canciones típicas, ya que nadie les había prohibido cantar".

Pérez habla de él con admiración, aunque reconoce que apenas le trató: "Le debemos mucho todos. Su prioridad era la reconciliación y la prueba está en que aceptó los pactos de la Moncloa, sobre los que se sustentó el consenso de la Constitución".

Pepe Mena, otro histórico del PCE, es conocido en Cádiz por muchas cosas, pero, sobre todo, por ser el concejal que el 23 de febrero del 81, en pleno golpe de Estado, apostó, con más miedo que otra cosa, por continuar con el concurso de carnaval del Falla que se estaba celebrando mientras Tejero hacía de las suyas.

Mena fue un exiliado, pero admite que lo hizo por decisión propia, que nadie le echó, pero necesitaba irse. Diez años estuvo fuera de España. Conoció la Rumanía de Ceaucescu y el Berlín oriental y aquello no le gustó. En los 60 estuvo con Carrillo en París, donde coincidió con él en el comité central, y afirma que le defendió "del problema de Líster", el otro líder comunista, el radical. No quiere decir nada malo de Carrillo, pero se le escapan reproches. "Está en la Historia, pero han utilizado su cadáver, se han vertido muchas lágrimas de cocodrilo. Lo van a beatificar. A Carrillo le tengo respeto, pero hizo mucho daño al partido. Esa transición que nos han vendido como un trágala ha convertido a España en un país de playas y tapitas".

Tampoco tiene buen recuerdo de cuando en una entrevista que concedió con motivo de las elecciones del 82 afirmó que "la Pasionaria saldría por la puerta grande de la Historia y Carrillo como una rata por la alcantarilla. Tras publicarse, los de Carrillo me persiguieron por la plaza de la Catedral para pegarme una paliza".

Manuel Gómez de la Torre es actualmente asesor del vicepresidente de la Junta, Diego Valderas, y en el 79 era uno de los candidatos del PCE por Cádiz. Llegó a ser miembro del comité central y vio muchas veces a Carrillo, pero como todos los dirigentes locales apenas si tuvo trato con él. Explica el motivo: "Nos cohibía. Yo tenía 28 ó 29 años y él era una leyenda. Era un líder que actuó siempre como líder, para lo bueno y para lo malo". Por tanto, los comunistas de Cádiz escuchaban con la boca abierta cuando él hablaba, pausadamente, "siempre con un cigarro en la mano, uno detrás de otro, en un tono muy pedagógico, con una capacidad de análisis como no he visto a ningún otro político".

Admite que Carrillo conocía poco de la realidad de la provincia, "para qué voy a decir lo contrario. Era muy profesional, un hombre incansable. Se informaba un poco antes de los mítines y soltaba algo de la actualidad local con toda naturalidad". Trebujena, que ahora sigue siendo un reducto comunista, le llamó poderosamente la atención cuando acudió allí en el año 1982 a un encierro de mujeres por un motivo que Gómez no recuerda. "Improvisó un acto en el que dejó a todo el mundo embelesado. Era un orador magnífico, con un gran magnetismo".

Años antes, cuando Rafael Alberti decidió dejar el escaño, Carrillo, con un interés poco habitual por una lista local, se preocupó de que el trebujenero Paco Cabral, cuya historia de lucha en el campo le fascinaba, ocupara el sitio del poeta portuense por encima del brillante abogado laboralista jerezano Fernando Martín Mora. Gómez reconoce, que, de toda la provincia, Carrillo tenía debilidad por Trebujena.

La ex parlamentaria y ex delegada de Educación, Blanca Alcántara, era una militante comunista muy jovencita, de 22 años, la primera vez que coincidió con Carrillo, al que habían preparado en Jerez una rueda de prensa en la plaza de las Marinas, en el salón de actos de lo que entonces era la Caja de Ahorros de Jerez. "Hace mucho tiempo, sólo recuerdo que llegó hora y media tarde y yo estaba de los nervios porque la gente se impacientaba. Había despertado mucha expectación. El imponía mucho y era muy cariñoso con todos, tenía carisma, pero le volví a ver varias veces más y no creo que de una vez a otra se acordara de mí".

No se acordaría de ella, pero cuando Alcántara y un grupo más de comunistas de la provincia se pasaron en 1982 al PSOE, Santiago Carrillo aprovechó un mitin en la plaza del Arenal de Jerez para echarles una bronca de esas de viejo profesor, de esas que dejan mal cuerpo. Carrillo seducía e intimidaba y en Cádiz era toda una estrella de la política.

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