Álava, dos marinos y un buque de la Armada

ELSEXTANTEDELCOMANDANTE

Otro héroe. Se cumplen 200 años de la muerte en Chiclana de Ignacio María de Álava, capitán general de la Armada que tomó parte en la victoria marítima más importante sobre Inglaterra

Retrato de Ignacio María de Álava.
Retrato de Ignacio María de Álava.
Luis Mollá Ayuso
- Capitán de navío

12 de junio 2017 - 02:06

Recién ingresado en la Escuela Naval Militar, uno de los barcos en los que solía embarcar durante mis primeras prácticas en la mar era la fragata rápida Álava, que debía su nombre, según decían, a Miguel Ricardo de Álava y Esquivel, un oficial naval vitoriano que alcanzó el empleo de mariscal de campo tras participar en diferentes episodios de la Guerra de la Independencia y también en la batalla de Trafalgar, en la que embarcó a bordo del Príncipe de Asturias a las órdenes de Federico Gravina. Tras colgar temporalmente el uniforme, Álava ocupó cargos políticos llegando a ser ministro de Marina y presidente del Consejo de Ministros justo antes del malhadado Juan Álvarez Mendizábal. Fue también un reconocido diplomático y espía a favor de la Corona española, a pesar de su rechazo al absolutismo de Fernando VII.

A decir verdad tuvieron que pasar muchos años para darme cuenta de mi craso error (aunque, y a pesar de que lo he confirmado en diferentes fuentes, aún mantengo dudas), pues en realidad siempre pensé que el nombre que, rojo sobre gris, se leía en las aletas de aquella fragata de mis embarques primigenios se debía a otro Álava, concretamente a Ignacio María de Álava, tío carnal de Miguel Ricardo y causa probable de la vocación marinera de su sobrino. Y sin menospreciar a este, es a Ignacio María a quien me quiero referir, un marino muerto en Chiclana hace ahora 200 años.

Ignacio María de Álava y Martín de Navarrete nació también en Vitoria, y con sólo 16 años sentó plaza en el Real Colegio de Guardiamarinas de Cádiz. Todavía no había cumplido los veinte cuando ya había navegado los siete mares y embarcado en todo tipo de unidades navales, incluido el mando del algún jabeque armado en corso contra los moros de la Berbería, piratas berberiscos que tanto daño hicieron en nuestro litoral mediterráneo hasta la aparición de ese genio de la mar llamado Antonio Barceló. Como comandante de la fragata Rosa tomó parte en la victoria más importante de los españoles sobre los ingleses en la mar (en tierra habría que supeditarla a la de Blas de Lezo sobre Vernon en Cartagena de Indias), que fue la captura en 1780 de un convoy doble recién salido de Porstmouth que trataba de aprovisionar las posesiones inglesas en las Antillas y la India. El botín fue de 51 buques, 294 cañones, cerca de 3.000 soldados, pasajeros y personal de servicio, y un valioso cargamento en forma de lingotes de oro, todo lo cual estuvo a punto de causar un crack bursátil en Londres parecido al sufrido cuando la derrota de Edward Vernon en Cartagena de Indias. A bordo de su fragata Rosa, Ignacio María de Álava fue uno de los encargados de escoltar a Cádiz las naves apresadas.

En 1792, con 42 años, fue ascendido a brigadier (contralmirante) y dos años después a jefe de escuadra (vicealmirante), confiriéndosele el mando de una flota compuesta por los navíos Europa y Montañés, las fragatas Fama, Lucía y Pilar, más la urca Aurora, escuadra con la que partió de Cádiz en 1793. Su periplo le llevó a doblar el inquietante cabo de Hornos y hacer escala en El Callao, Lima, las islas Marianas y Manila, donde estableció el Apostadero de Marina y reguló el funcionamiento del Galeón de Manila que tan buenos réditos comerciales brindó a España. Comoquiera que el regreso a la patria lo hizo por el cabo de Buena Esperanza, consiguió la hazaña de circunnavegar el globo, llegando a Cádiz a bordo del Montañés el 15 de mayo de 1803. Ya en la capital gaditana, Álava tuvo noticia de que había sido ascendido a teniente general (almirante).

Al igual que su sobrino, Ignacio María también participó en la batalla de Trafalgar, en su caso como segundo jefe de los buques españoles, ondeando su insignia en el navío SantaAna. Durante el transcurso del combate fue herido de gravedad en tres ocasiones hasta que perdió el conocimiento, lo que dio lugar a una curiosa correspondencia epistolar con el almirante británico Cuthbert Collingwood, el cual argumentaba que Álava debía haberse considerado su prisionero por haberse rendido el SantaAna, a lo que contestó el oficial español que "cuando el oficial al mando -el jerezano Francisco Riquelme y Ponce de León- rindió el buque, él estaba sin conocimiento y que por tanto no se había rendido y que su sable y espada, símbolos de sus servicios, estaban todos en su poder".

Repuesto de sus heridas se confió a Álava el mando de lo que quedaba de la escuadra española, sucediendo de este modo al difunto Federico Gravina e izando su insignia, como él, en el PríncipedeAsturias. A base de grandes esfuerzos, el vitoriano consiguió alistar ocho navíos y algunas fragatas y buques menores, por si se daba la ocasión de volver a hacer frente a los ingleses que seguían merodeando las costas gaditanas.

Durante la Guerra de la Independencia ejerció el mando en Cádiz de la exigua Flota española, hasta que en 1810 fue nombrado comandante general del apostadero de La Habana, aunque regresó a Cádiz dos años después como capitán general del departamento, tras una brillante y ejemplar administración del apostadero del Caribe.

En 1814 fue ascendido a capitán general de la Real Armada y tres años después nombrado decano del consejo superior, cargo que apenas tuvo tiempo de desempeñar, pues en vista de su mala salud pidió licencia para trasladarse al benigno clima de Cádiz, cosa que resultó insuficiente para su curación, falleciendo en Chiclana a los 67 años de edad. Inhumados sus restos inicialmente en el cementerio de dicha localidad gaditana, fueron más tarde trasladados al Panteón de Marinos Ilustres, donde recibieron sepultura definitiva en 1870. En su lápida hay una inscripción que reza: "Aquí yace el capitán general don Ignacio María de Álava, Gran Cruz de las Órdenes de Carlos III, San Fernando y San Hermenegildo, Decano del Almirantazgo, marino insigne, completo español para su Patria y su Rey; esposo, padre y amigo merecedor de servir de modelo. Murió el 26 de mayo de 1817 a los 67 años de edad".

Descanse en paz. Y su sobrino, también. Y a ver si alguien desenreda a cuál de los dos Álava honraba aquella fragata de la Escuela Naval.

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