Adiós al cálido invierno
Meteorología
La provincia tuvo uno de los eneros más cálidos desde que hay registros y ha pasado la estación sin apenas lluvias. Se encara la primavera con poco más de un 60% de reservas de agua.
Una erupción volcánica, la del Tambora, en la Indonesia, hizo que el año 1816 se conociera como el año sin verano. Doscientos años después una corriente marina cálida en el Pacífico, el clásico El Niño, mucho más intenso en esta ocasión, nos ha traído un año (casi) sin invierno. Por lo menos aquí, en la provincia, si bien los meteorólogos tampoco lo han calificado como excepcional. En cualquier caso, termina un invierno que no ha habido si nos fijamos en las medias que la Agencia Estatal de Meteorología aporta sobre los últimos tres meses desde la base de La Parra de Jerez. Y si bien el año sin verano supuso todo tipo de catástrofes, en esta ocasión su repercusión afecta a cuestiones más livianas de la actividad diaria, desde el comercio a la hostelería pasando por la agricultura.
Según los datos de la base de La Parra, la temperatura y la pluviometría en estas últimas semanas están lejos de los habituales baremos invernales en estas latitudes. En los informes de Meteorología se considera que tanto diciembre como enero fueron en la provincia meses extremadamente cálidos y febrero simplemente cálido. En los dos primeros meses se estuvo más de dos grados por encima de las medias históricas mensuales. En cuanto a las lluvias, diciembre y enero fueron calificados como muy secos y febrero simplemente seco.
De este modo, si la media de lluvias a la finalización de febrero supera en los últimos 40 años los 210 litros por metro cuadrado, en el invierno 2015-16 no se ha llegado ni a la mitad, rozando los 80 litros, lo que supone que el macroembalse de Guadalcacín, que es en el que hay que fijarse en nuestra cuenca por ser el gran regulador, se halle a estas alturas en un no preocupante, pero sí significativo 63,6% de capacidad. En diciembre llovió un 12% sobre lo que llueve de media, históricamente, en ese mes; en enero fue un 55% y febrero, que ha sido el mes más invernal de los tres y que ha afinado un poco la estación, ya cayó un 71%.
No es que sea el invierno que menos ha llovido de las últimas décadas, aunque casi. Pese a la poca agua, ha llovido todos los meses, no como ocurrió en enero de 2005 o en febrero de 2012, meses en los que no cayó ni una gota en la provincia.
Más significativas, para los meteorólogos, han sido las temperaturas. La historia nos dice que las temperaturas mínimas del invierno en la provincia se alcanzan en torno al 18 de enero y más o menos la previsión se cumplió porque ese día, junto al 17 de febrero (único día del invierno que se bajó de los cero grados en la base de La Parra), se estuvo por debajo de la media con dos grados. Fueron datos excepcionales en este invierno. Los más habitual han sido mínimas prácticamente desconocidas durante cinco semanas. Y mínimas que, como ocurrió en la primera semana del año, superaron los 15 grados, algo que no sucede ni en algunos días del verano. De hecho, las estampas de los primeros días de 2016 ofrecían paseos marítimos repletos de paseantes a cuerpo, sin abrigo.
En cuanto a máximas, los primeros días del invierno se superó hasta en siete grados la media, situándose la primera semana de la estación en los 23 grados. De hecho, más de un tercio de los días de este invierno han tenido máximas que superaban los 20 grados centígrados.
La Agencia de Meteorología tiene un ranking de extremos. En 2016 se ha alcanzado uno de esos extremos, la temperatura media de enero ha sido de casi 15 grados. Nunca desde que hay registros, se había visto un enero tan caluroso, aunque es cierto que no se han alcanzado registros de temperatura máxima absoluta, que corresponde a un 25 de febrero de 1957, cuando en pleno invierno se alcanzó la temperatura de 29 grados.
El sector productivo que más directamente se interrelaciona con esta ciencia es la agricultura y por eso es tan fiable Pedro Gallardo, de la organización Asaja y premio europeo 2014 a uno de los mejores jóvenes agricultores. Gallardo asegura que "lo que se ha visto en enero ha sido insólito. Hemos tenido mínimas superiores a los 15 grados, un auténtico disparate".
Como es la primavera la que va a marcar la marcha de los cultivos, el invierno no ha sido bueno, pero no ha sido catastrófico, aunque la ausencia de frío favorece la aparición de plagas que suponen sobrecostes para los productores.
Las lluvias que ahora llegan deben mejorar la situación del cereal, que junto al girasol es el más afectado por el invierno atípico. "El trigo a día de hoy está maquillado. Tiene buen color, pero la raíz no ha profundizado y no va a localizar jugo mientras no llueva. Si la primavera no lo corrige, la producción de cereal no será buena, pero aún hay tiempo".
Menos influencia ha tenido en la remolacha, que ha necesitado de más agua y, por tanto, una vez más, de más coste, o en las viñas, que tienen reservas del año pasado y que, a estas alturas del año, se encuentra en una situación "normal".
En el lado positivo, ha estado la ausencia de fenómenos meteorológicos más destructivos, que son los que verdaderamente temen los agricultores durante el arranque del año agrícola.
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