venezuela El alto índice de violencia, el déficit de vivienda o la falta de educación de calidad son los principales retos

En busca de un poder eterno

  • Chávez ha logrado un país menos desigual que el que encontró en 1999, pero los expertos dudan de que haya aprovechado correctamente la bonanza del petróleo

El presidente Hugo Chávez busca perpetuarse en el poder en una Venezuela menos desigual que la que encontró en 1999, pero que sigue teniendo grandes retos por delante, como los altos índices de violencia o el déficit de viviendas, pese a los millonarios programas sociales financiados con crudo.

Todo lo que ocurre en Venezuela tiene que ver con su naturaleza petrolera y Chávez no es una excepción: llegó al poder cuando el país estaba sumido en una grave crisis originada dos décadas antes por una abrupta caída del precio del barril y si lleva casi 14 años al mando es en parte porque con los ingresos del crudo financió sus millonarias ayudas a los pobres.

"Chávez ha dado a Venezuela una cosa incuantificable: puso a la sociedad a gravitar alrededor del que era, es y será el gran tema de América Latina: la desigualdad", explica Alberto Barrera Tyszka, coautor de la biografía Hugo Chávez sin uniforme. "Hizo una repartición más equitativa y democrática de la renta petrolera y le dio conciencia a los excluidos de su protagonismo en la sociedad", agrega.

El mandatario, de 58 años, se jacta a menudo de haber traído justicia social a un país gobernado por "un grupito muy rico" que "condenaba a la mayoría a la pobreza y a la miseria" y donde "las madres llegaron a comprar Perrarina -comida barata de perros- para alimentar a sus hijos".

Varios indicadores confirman el avance social: según la Cepal, la pobreza, que en 1999 rondaba el 47% de la población, cayó en 2010 a 27,8%, y la pobreza extrema pasó de 21,7 a 10,7%. Cayó también el analfabetismo, del 9,1 al 4,9% en 2011, así como el desempleo y la tasa de ocupación informal.

Cuando Chávez llegó al poder de este país que alberga las mayores reservas mundiales de petróleo, el barril estaba a 17 dólares y desde entonces ha ido escalando hasta llegar a más de 120 dólares, lo que le supuso un ingreso petrolero sin precedentes que le permitió financiar millonarios programas sociales de vivienda, alimentación, salud, pensiones o educación.

Para la historiadora Margarita López Maya, el hecho de que algunos indicadores mejorasen no significa que el chavismo haya aprovechado como debió "las magnitudes inconmensurables de dinero de la bonanza petrolera": sigue faltando educación de calidad y oportunidades de empleo en esta economía rentista que depende casi exclusivamente del crudo. "Las medidas sociales, que han tenido un impacto político, no terminan de atacar los problemas estructurales sino que están pensadas como políticas de emergencia", explica.

Como ejemplo, pone el Mercal, programa de distribución de alimentos en un país sin apenas producción agraria, o la Gran Misión Vivienda, el plan de construcción de casas subsidiadas que lanzó en 2010 para paliar el déficit de tres millones de viviendas tras unas devastadoras lluvias. "Cualquier urbanista o experto en viviendas sabe que así no se resuelve el problema de la vivienda. Las casas están hechas con premura, algunos edificios no tienen estacionamiento o están en zonas sin servicios. Es una misión especialmente dirigida a ganar elecciones", concluye.

"El problema de las revoluciones es que tarde o temprano el principal objetivo es mantenerse en el poder", coincide Barrera, muy crítico con el hecho de que estos programas sociales -que Chávez impulsó en 2003, tras fracasar el golpe de Estado-, "no puedan ser auditados", pues están financiados por un fondo paralelo al presupuesto del Gobierno.

Por otro lado, el mayor problema para los venezolanos, la violencia, no ha dejado de crecer. Según el Gobierno, en 2011 la cifra de homicidios fue de 50 por cada 100.000 habitantes. En cambio, conforme el Observatorio Metropolitano de Seguridad Ciudadana de Caracas, ese año se registraron 19.000 homicidios, lo que situaría la tasa en 67 por 100.000 habitantes.

Para López Maya este fenómeno, que convierte a Venezuela en uno de los países más violentos del mundo, se debe a varios factores: la "descomposición social que la polarización política exacerba", la impunidad de los autores de los homicidios -el 90% no se castigan-, el problema de la droga o la falta de expectativas de los jóvenes.

Según Barrera, la relación de los venezolanos con la violencia no es nueva, pero ha crecido con el chavismo, debido en parte a la "beligerancia del discurso" oficial que impera desde 1999. "Además, en Venezuela hay entre 9 y 15 millones de armas. Este país necesita desarmarse", advierte.

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