Festival de cine de Sevilla | What you gonna do when the world is on fire? | Crítica Minervini en los límites

Uno de los niños protagonistas del filme de Roberto Minervini. Uno de los niños protagonistas del filme de Roberto Minervini.

Uno de los niños protagonistas del filme de Roberto Minervini.

Puede que la coproducción con Francia haya influido en la estilización de lo nuevo de Minervini, más cerca de los bellos contrastes escultóricos de un Sylvain George (pasado por el filtro de Gianvito y Wilkerson) que de su anterior cine, de un naturalismo impresionista más soso. Ahora todo pesa más, empezando por la responsabilidad de los temas (el bárbaro repunte del racismo en la región del Mississippi, la resistencia del desclasado, la frágil supervivencia de antiguos grupos de lucha como Black Panther), y aquí, además, se le abre a la mirada un núcleo de personas a las que la marginalidad y la persecución han convertido en refractarios a la coquetería habitual de quien se advierte filmado.

De entre todas las películas que contiene What are you gonna do when the world is on fire?, la mejor es la que sigue el esparcimiento y las pequeñas reflexiones de un par de hermanos negros; niños tocados por la gracia cuyos movimientos y manera de discurrir resultan un bello atentado contra las técnicas del documental convencional. Es a partir de ellos, sin embargo, que se sienten de manera más dolorosa los límites de Minervini, lejos del cine de un Charles Burnett, Billy Woodberry o Kent MacKenzie, de los que supieron trascender las poéticas personales rumbo a lo desconocido, enunciando sus películas desde un lugar misterioso desde donde lo real aparecía bajo una nueva luz, bañando a personas/personajes dignificados por su libertad, a veces no del todo asumible por el espectador. Por no hablar, claro, de Pedro Costa.

Sabemos lo absolutamente injusto de tirarle de la oreja a Minervini por el que es hasta ahora el mejor filme de su carrera, pero después de una semana de festival, las carencias y tics de la actual política de los autores nos empujan a lo arbitrario.