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Periodista y director de 'Hora 25'

Aimar Bretos: "La radio no es un sitio para farsantes"

El periodista Aimar Bretos, hace unos días en Cádiz.

El periodista Aimar Bretos, hace unos días en Cádiz. / Tomás Gómez

Aimar Bretos (San Sebastián, 1985) no sólo dirige un programa con 50 años de historia (Hora 25, de la Ser) sin haber alcanzado ni los 40 años de edad, sino que audiencias y compañeros de profesión refrendan su rumbo con distinciones como los recientes Premio Iñaki Gabilondo y Premio Ondas, “orgullos” a los que "jamás” pensó poder aspirar y que recibe pensando que tiene “mucho trabajo por delante para poder justificar el haberlos recibido”. Lo confesó el periodista en Cádiz, unas horas antes de la emisión de su programa en directo desde Chiclana esta pasada semana.

–”Honestidad, cercanía, coherencia y credibilidad” son los adjetivos que destacaron de usted en la entrega del premio Iñaki Gabilondo. No son pocos...

–Son cuatro palabras muy grandes, y no sé si las consigo, pero aspiro a ellas siempre a la hora de hacer el trabajo. Mencionas el premio Iñaki Gabilondo y creo que recibirlo de sus manos, y que dijera las palabras que dijo después, que esas me las guardo para siempre, es lo más grande que le puede pasar a alguien que ama el periodismo y la radio.

–En un contexto político, social y de la propia comunicación, dicen, líquido, ¿es cada vez más complicado defender estas cuatro palabras?

–Creo que los periodistas tenemos que aplicar esos conceptos a nuestro trabajo del día a día más allá de lo que pase en los entornos en los que nos movemos. En tiempos donde hay mucha gente haciendo cosas vestidas de periodismo, pero que realmente no lo son, nuestra única manera de diferenciarnos de ese contenido disfrazado de periodismo es aplicar las reglas puramente periodísticas, no hay más.

–Dirige un programa que es más longevo que usted mismo...

–Sí, de hecho soy el primer director de Hora 25 que no había nacido cuando nació Hora 25. Así que tener entre las manos una marca tan longeva, un formato tan testado y modulado por la experiencia, por el tiempo y por generaciones de oyentes es una responsabilidad y un gran reto.

–A todos esos estudiantes que pueblan las facultades de periodismo de este país, ¿qué les decimos, que es usted una esperanza o una rara avis?

–Pues espero no ser ni una ni otra en el sentido de que soy parte de una generación que viene muy convencida de que tenemos que hacer las cosas como la han hecho nuestros mayores pero trayéndolas a 2022, trayéndolas a los nuevos hábitos de consumo. Esos hábitos han cambiado, no te digo con respecto a cuando empezó Hora 25 sino con respecto a hace 10 años pues ahora buena parte del consumo es bajo demanda. No sólo en las series, en el audio también está pasando. Vamos a una coexistencia del audio en directo y el audio bajo demanda que creo que es virtuosa, no veo nada negativo ahí, y creo que a mi generación de periodistas en radio nos va a tocar protagonizar esa mutación del mercado.

–¿Esa doble morfología transforma la manera en la que se hace un programa, en principio, en directo como el suyo?

–Completamente. Nosotros hacemos el programa pensando en la gente que nos está escuchando esa noche pero también sabiendo que algunas de las entrevistas que hacemos hay quien las escuchará el sábado cuando esté limpiando los baños. Así que sí, se transforman los procesos de producción, porque hacer un producto con vigencia periodística para ambas demandas requiere un trabajo fino que es en el que estamos volcados.

–¿Dónde se suda más, en e spinning o moderando ‘El ágora’ con Carmen Calvo, Pablo Iglesias y José Manuel García-Margallo?

–No hay centro de crossfit donde se sude más que moderando El ágora (ríe). Pero es que son tres personas que son las mejores en sus entornos, que vienen de tener mucho poder y mucho conocimiento vinculado al poder, que es lo que me parece que le da un valor añadido a esa tertulia pero, al mismo tiempo, el haber estado en la sala de máquinas del poder hace, prácticamente, dos días provoca que quieran ostentarlo en la tertulia y hay muchas veces que me toca a mí gestionar lo mejor que puedo esa gran sala de egos que es El ágora (ríe). A ver, hay días más fáciles y días más difíciles, pero, en realidadm sí que me lo ponen fácil porque se ha creado entre ellos un vínculo personal que traspasa la antena.

–¿Eso fue siempre así?

–No, claro, en las primeras semanas de la primera temporada antes de entrar en el estudio no interactuaban mucho, pero ahora se enseñan fotos de los hijos, de los nietos... Hay algo personal y eso influye en que, incluso en las noches más tensas, hay algo que no se rompe entre ellos porque se han generado esas redes personales y esa complicidad. Creo que los tres se respetan mucho y creo que también me respetan a mí.

–“Lo que hacemos y lo que somos en comunicación está completamente unido”, también lo dice Gabilondo. Yo le pregunto, ¿quién es Aimar Bretos y hasta donde se muestra en antena?

–La radio no es un sitio para farsantes, ni para gente que sólo esté dispuesta a mostrarse a medias. La radio es un medio en el que tienes que ir con todo porque el oyente está con todo en ese momento. Creo que no tenemos que tener miedo a mostrarnos completamente como somos. Yo a veces en antena expreso mis dudas, mi sorpresa, mi lamento por algo que ha pasado... Y creo que el oyente lo agradece porque si tú te muestras de verdad sabe que lo que le estás contando del mundo también se lo vas a contar de una manera honesta.

–¿Es cierto que tenía una foto de Francino en su cuarto de estudiante?

–Completamente cierto. De hecho, tenía muchísimo cachondeo con mis compañeros de piso en Pamplona por eso. Cuando hice eso tenía 18 o 19 años, con 20 llegué a la Ser y con 21 estaba trabajando en el equipo de Francino. Imagínate ese primer día de trabajo... Y así como muchas otras veces has podido idolatrar a alguien y cuando lo has conocido te dices, ¡dios mío, qué engañado estaba!, con Francino es todo lo contrario. Es un tío diez en todos los sentidos, en lo periodístico y, sobre todo, en lo personal.

–Me gustaría que se hiciera la pregunta, sin decirme la respuesta, que usted se haría y que yo no le he hecho.

–¿Qué redes de seguridad tienes diseñadas en tu cabeza, Aimar, para que todas esas declaraciones de intenciones sobre la honestidad periodística que me has hecho hoy sigan intactas durante muchos años y que el paso del tiempo no te haga más cínico convirtiéndolas en cartón piedra?

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