Crítica de teatro: Crimen y Telón El teatro ha muerto ¡viva el teatro!

  • La compañía Ron Lalá cierra con brillantez el Festival de Teatro de Comedias con la obra 'Crimen y Telón'

Una imagen de la obra 'Crimen y Telón', que cerró el Festival de Comedias. Una imagen de la obra 'Crimen y Telón', que cerró el Festival de Comedias.

Una imagen de la obra 'Crimen y Telón', que cerró el Festival de Comedias. / Andrés Mora

Todo empieza y todo acaba y el XXVIII Festival de Comedias 2018 ha bajado el telón hasta el próximo verano y nunca mejor dicho porque la última representación se titulaba precisamente Crimen y Telón y fue un verdadero broche de oro que nos permitió olvidarnos de otros espectáculos de los que mejor no acordarse y quedarnos con el buen sabor de esta función y de The Ópera Locos de Yllana Teatro.

Nos encontramos con un espectáculo redondo, una obra maestra, un regalo para la inteligencia. Estamos ante una compañía relativamente joven, sin demasiada experiencia pero que saben combinar perfectamente lo popular y lo culto y conseguir que el público lo pase bien, que se divierta y le guste el espectáculo y se emocione, llore, ría, tararear las canciones que salpimentan la obra y sorprenderse con el inesperado final como en toda película de suspense que se precie.

Un momento de la representación de la obra en el patio de San Luis Gonzaga. Un momento de la representación de la obra en el patio de San Luis Gonzaga.

Un momento de la representación de la obra en el patio de San Luis Gonzaga. / Andrés Mora

Ron Lalá hace un verdadero homenaje al Teatro, al Teatro con mayúscula, al Teatro Universal y lo hace recorriendo su historia en busca de los fundamentos de este Arte que ha conseguido sobrevivir y emocionar a generaciones de todas las épocas desde hace mas de mil de años, presentándonos personajes inmortales como el espectro del padre de Hamlet, Lady Macbeth, la Dama Duende o a Comedio y Tragedio, dos hermanos que se odian y se necesitan según se dice en la obra. Y no falta un repaso al teatro francés, al inglés y al español en forma de canción con Lope, Tirso, Moreto y Cervantes, Rojas y Alarcón, sor Juana y Calderón, Valle-Inclán, Lorca, Zorrilla, o Nieva y Arrabal. Pero ahora, en la función que comentamos, el teatro ha muerto y un detective debe descubrir a su asesino y debe hacerlo a pesar de los misteriosos personajes que conspiran en la sombra para evitar que lo haga.

Ron Lalá hace un verdadero homenaje al Teatro Universal, recorriendo su historia

Esto que parece tan extraño no lo es si vemos que en la época en que se desarrolla la acción en un próximo futuro que en el montaje se muestra por medio de un audiovisual al comienzo de la representación, las artes en general están prohibidas y la resistencia rinde homenaje a la poesía, la más compleja y escurridiza de todas las artes y al teatro en verso, resaltando la importancia y la necesidad del Arte y la Cultura en la sociedad. El mundo en el que ocurre todo esto nos recuerda al mundo feliz de Aldous Huxley. Estamos en 2037 en Ciudad Tierra en la que el lema que la rige es : “Un solo mundo, una sola mente, una sola urbe”. Mandan los ordenadores y se imponen “los tres pilares del Glorioso Gobierno Global: Entretenimiento absoluto, Gasto extremo, Bienestar obligatorio: ser feliz es un deber de todos”.

Tampoco la función deja de lado la ciencia ficción, el cómic y el musical adornando la acción con música y canciones que el público tararea divertido.

En clave de cine negro, de thriller, el detective Noir debe de buscar al asesino sin descartar a nadie, ni siquiera a nosotros, los espectadores, que también forman parte del montaje igual que los técnicos que han puesto en pie la función, regidora, iluminador, atrezzo, vestuario, iluminación, etc..

Un momento maravilloso de la función es cuando Teatro descubre el rostro de su más acérrimo enemigo, Poder, y se encuentra con un simple espejo, todo un hallazgo.

Ron Lalá son dignos descendientes de grupos como Tábano, Goliardos, los primeros Joglars o el Magic Circus. Todo el montaje es soberbio, la puesta en escena de Yayo Cáceres, la belleza del vestuario de Tatiana de Sarabia, la iluminación de Miguel Ángel Camacho, etc.

El peso principal recae en Juan Cañas e Íñigo Echevarría pero son muchos los personajes que encarnan a la perfección Miguel Magdalena, Álvaro Tato o Daniel Rovalher que se multiplica tras su máscara interpretando a diversos personajes.

El público, encantado y feliz tras la representación, premió con una prolongada y sentida ovación a toda la compañía que ha iniciado ante nosotros su gira por toda España.

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