El Alambique
Libertad Paloma
Felicitación
Fotografía y sociedad
LA historia de la fotografía se encuentra irremediablemente asociada a la historia propia de la humanidad, de las sociedades, de sus culturas. Desde fecha iniciática se convirtió en un preciso instrumento que ha dado inventario a los hechos humanos más insólitos, erigiéndose temprano en plataforma para proteger la memoria privada o pública y también como un potente instrumento de comunicación que hizo cambiar de cabo a rabo la visión que el hombre tenía de sí mismo y de su ecosistema antropológico.
Pero para que se descubra la fotografía tuvieron que rodearse los elementos técnicos y científicos necesarios a lo largo de varios siglos, siempre con la luz como materia prima. Antecedentes ópticos como la cámara oscura y posteriormente la cámara lúcida, los avances químicos o el entusiasmo que el diecinueve produjo en materia inventiva y de renovación sociopolítica (el carburador, la rotativa, el telégrafo, las revoluciones burguesas…etc) son ejemplos coetáneos imprescindibles para que este nuevo medio de obtención de imágenes se desarrollara con eficacia.
En esos primeros años la fotografía estuvo auspiciada por varios nombres que investigaban en paralelo; por el inglés William H. Fox Talbot (1800-1877) o los franceses Hipólito Bayard (1801-1887), Hércules Florence (1804-1879) y el cónclave societario creado por Joseph Nicéphore Niépce (1765-1833) y Louis Daguerre (1787-1851) quién dio forma y presentó de manera avispada el procedimiento que nominó daguerrotipo el 19 de agosto de 1839 ante la Academia de Ciencias y las Bellas Artes en París y la protección del astrónomo y diputado François Arago. Una técnica perfeccionada de la heliografía de Niépce que llevaba investigando veinte años atrás, pero que no pudo ver concluida por su anticipado fallecimiento.
Tres meses después de su presentación oficial, el daguerrotipo llegó a España de la mano de Ramón Alabern (1810-?) que realizó una toma en la ciudad de Barcelona el 10 de noviembre, donde se podía ver la casa Xifré y la lonja. No se conoce el paradero de la plancha obtenida, ya que se sorteó entre el público asistente. Sí se sabe que se necesitaron 22 minutos para sensibilizar la placa. Seis días más tarde El Corresponsal publicaba la crónica del primer intento en Madrid por tres catedráticos (De la Paz, Camps y Pous) que mantuvieron la placa durante una hora de exposición. Miembros del Liceo de Madrid, o el médico Joaquín Hysern realizaron intensamente daguerrotipos con los edificios emblemáticos de la capital como protagonistas, el Museo del Prado o la Puerta de Alcalá.
La técnica daguerrotípica fue descendiendo poco a poco hacia el sur. La ciudad hispalense conoció los primeros intentos en 1840 de la mano de Vicente Memerto Casajús (1802-1864), que años atrás introdujo también la litografía. Dada la importancia de los monumentos sevillanos, Casajús se decidió por un encuadre donde podía verse la Giralda y que tituló "Torre árabe de la Catedral". Otro importante fotógrafo para la historia sevillana es Francisco de Leygonier (1812-1882), de profesión marino mercante, abrió el primer estudio en la ciudad y realizó un soberbio álbum fotográfico de vistas de Sevilla, álbum que en 1980 fue comprado por la Universidad de Texas. El historiador y fotógrafo sevillano Miguel Ángel Yañez Polo ha publicado un extenso trabajo sobre los inicios de la fotografía en Sevilla, además de crear en 1976 de manera privada la Fototeca Hispalense, un importante archivo sobre la ciudad que acopia imágenes desde 1839 hasta 2005.
Cádiz también fue precoz en tener imágenes y fotógrafo. Según un estudio realizado por Rafael Garófano el 18 de diciembre de 1841 un americano llamado George W. Halsey inauguró el primer gabinete de fotografía de España. Se encontraba situado en la casa que hace esquina entre la Plaza de San Antonio y la calle Buenos Aires. Halsey de echo no era nuevo en esos menesteres, ya que venía de La Habana, donde meses antes inauguró lo que se ha conocido como el primer estudio comercial de retratos de Iberoamérica, instalado en la azotea del Real Colegio de Conocimientos Útiles en la calle Obispo nº 46 de la capital cubana. Destacadas también fueron por lo germinal de su trabajo las imágenes que obtuvo de Cádiz el británico Claudius Galen Wheelhouse (1826-1870).
Y llegamos a El Puerto de Santa María, una ciudad que dio cobijo al menos durante dos años a uno de los personajes más interesantes de la época, se trata de Ludwik Tarszeñski Konarzenski, el Conde de Lipa (1793-1871), hijo de un Grande de Polonia y capitán del ejercito que se trasladó a España vía París y que por sus peripecias contra los carlistas se ganó el aprecio de la Corona. Traía en sus alforjas asuntos de espionaje, levantamientos contra los rusos y otras intrigas palaciegas. Fue fotógrafo de cámara de Isabel II y de la Reina María II de Portugal e igualmente uno de los originarios docentes de fotografía que existieron contando en su pléyade de alumnos con la primera mujer fotógrafa, Amalia López Cabrera (1838-1899).
El Conde de Lipa se casó en Sevilla con Magdalena de Voisins y fruto de ese matrimonio nacieron dos hijos; Enriqueta y Luis. La mayor, Enriqueta Isabel Tarszeñski de Voisins concretamente lo hizo el 27 de abril de 1845 en El Puerto. Al hilo de ese nacimiento y posterior bautismo en la Iglesia Mayor Prioral el 2 de mayo (libro de bautismo 122, folio 114 vuelto) se certifica por el padrón municipal que la familia vivió en la calle Luna nº 28, entre los años 1845 y 1847, donde queda meridianamente claro que tenía como ocupación el ser maestro de florete. Hay que reconocerle al Conde un desplegado nomadismo por todo el territorio español, que además de vivir en El Puerto lo hizo en Málaga, Córdoba, Madrid y Zafra.
Quedan escasas fotos realizadas por el Conde de Lipa al resguardo histórico, y que se sepa, ninguna de la ciudad portuense, y eso que fue uno de los innovadores del daguerrotipo en nuestro país (por su personalidad, se entiende que no se preocupó en demasía de esa salvaguarda). La imagen más representativa si cabe es la que ilustra la puesta de la primera piedra de la Biblioteca Nacional, en abril de 1866.
El Puerto no fue diferente a cualquier ciudad española decimonónica cuando aparecen los originarios intentos fotográficos. Se evidencia que las primeras imágenes obtenidas hasta finalizar el siglo tienen que ver con los monumentos característicos, los paisajes urbanos, trabajos relacionados con la industria vitivinícola, militares, familias bodegueras, políticos y algún destacado periodista. En este sentido actualmente se cuenta con escasísimas fuentes documentales que custodien originales que sirvan para arrojar luz sobre las primeras imágenes fotográficas, pretendidamente realizadas en la década de los cuarenta del diecinueve. Sí se puede decir que era habitual, y se repitió en innumerables ocasiones, que los primeros interesados en hacerlas fueran personas ilustradas en la ciencia y no en el arte; médicos, farmacéuticos, grandes conocedores por oficio de los procedimientos químicos que iban parejo a la obtención de imágenes, como el vapor de mercurio para sensibilizar las placas de metal del daguerrotipo francés, o el nitrato de plata y el yoduro de potasio del calotipo inglés.
Empero, aunque hay que reconocer que la fotografía fue un medio democratizador (con el paso de los años y las nuevas técnicas la sociedad pudo aún más coparticipar de ella), es importante reseñar también que inicialmente no estuvo exenta de polémicas y diatribas encendidas contra el nuevo "diabólico artificio". En la prensa alemana del momento (Leipziger Anzeiger) se llega a decir que "el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios y ninguna máquina humana puede fijar la imagen divina". O la crítica acérrima del poeta francés Charles Baudelaire donde dice que "la sociedad inmunda se precipitó, como un solo Narciso, a contemplar su trivial imagen sobre el metal. Una locura, un fanatismo extraordinario, se apoderó de todos estos nuevos adoradores del sol".
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