Un museo natural muy vivo
El colego SAFA-San Luis cuenta con un museo de ciencias naturales con alrededor de 5.000 piezas La mayoría datan de los siglos XVII y XIX
En el interior del colegio SAFA-San Luis, con más de 150 años de sabiduría, se esconde uno de los museos más completos y más desconocidos. Como ocurre en el resto del edificio, cada pieza tiene un relato que contar y ayer las personas interesadas tuvieron la ocasión de escuchar estas historias, dentro de las jornadas de puertas abiertas organizadas por el centro educativo.
Es una colección que cuenta con más de dos siglos de historia y con más de 5.000 piezas de diferente origen, ya que muchas especies que se encuentran en la sala pertenecen a la fauna de Centro América y otras tantas de origen andaluz y español, y alguna que otra de África y Asia.
Las primeras piezas del museo llegaron a manos de los Jesuitas en los años 1865-1867, cuando dicha orden se asentó en el antiguo Hospicio de Misiones ubicado en la calle Los Moros, consolidándose entre los años 1875 y 1924 para el estudio de los alumnos del colegio.
Durante la Guerra Civil, el colegio fue utilizado como hospital de sangre, una ocasión que aprovecharon antiguos alumnos y jesuitas para trasladar las piezas a domicilios particulares. Aunque al finalizar la guerra se juntaron todas las piezas, fue en 1961 durante las reparaciones del edificio y el traslado del noviciado a Córdoba, cuando se propiciaron la sustracción y extravío de las piezas singulares de la colección.
Entre los años 1971 y 1975 se empezó a dar valor a las piezas que aún quedaban en pie, siendo desechadas hasta un 50% del total de las muestras debido al mal estado de conservación, mutilaciones o roturas. Uno de los nombres más destacados en dicha restauración del museo es el padre Luis Conradi, que con la financiación de Fernando Terry, logró recuperar muchas piezas gracias al trabajo del taxidermista sevillano Vicente Gamarra, quién quedó sorprendido de lo bien que estaban disecadas especialmente las aves rapaces.
La mayor de las motivaciones que tenía el Padre Conradi para la recuperación del aula era la ayuda en el estudio de la fauna, gracias a estas especies disecadas. "Lo que más me preocupaba es que la colección no pudiera ser admirada por los niños", manifestaba Luis Conradi en la primera página del cuaderno de clasificación de conchas, que él mismo elaboró durante cinco años.
La colección cuenta con un total 2.502 conchas, unas piezas que, según cuenta la profesora encargada del museo, Isabel López, "suelen llamar poco la atención de los alumnos al principio, pero luego poco a poco van tomando curiosidad ante ellas".
Entre los atractivos del museo se pueden citar mamíferos como el guepardo de Kenia; aves de Doñana; peces como el esturión del Guadalquivir que ayudó a descubrir el caviar en Andalucía; e incluso insectos como la colección de mariposas. Llaman la atención también los antiguos utensilios del laboratorio de química, representaciones de fósiles de antiguos alumnos y fotografías que representan cómo eran las aulas siglos atrás.
Este espacio sirve aún de estudio para los alumnos del colegio y también forma parte de la oferta educativa municipal, para que otros centros puedan disfrutar de esta colección. Además está abierta gratuitamente al público con una solicitud previa.
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