Soñar con El Puerto
tribuna libre
Se deja caer una ciudad que tiene grandes atractivos turísticos
CADA vez que vengo a El Puerto, sueño con encontrarme con que se ha aprobado por fin el dichoso plan de protección de su centro histórico. Pero es un sueño una y otra vez frustrado.
Se han limpiado algunas fachadas, ha mejorado el aspecto de ciertas calles del centro. El interior de algunos bares o cafés ha cambiado de aspecto: se han vuelto más atractivos. Se está haciendo algo.
Pero continúan cayéndose sin remedio las mismas y otras casas, y sólo las mallas impiden que los cascotes de algún balcón rompan la cabeza a algún transeúnte.
La margen derecha del río, donde debería haber un bonito paseo que llegase hasta la Puntilla, sigue siendo una fea sucesión de aparcamientos y la izquierda es totalmente inaccesible.
Los trabajos para construir el único de los dos aparcamientos proyectados que se aprobó finalmente se han suspendido sin que nadie sepa explicarme por qué.
En el parking al otro lado del río pasan la noche las roulottes sin que nadie se preocupe al parecer de señalar a sus propietarios que existe un camping destinado a ese fin.
La gente sigue cogiendo el coche para cualquier cosa sin que El Puerto siga la tendencia de otras ciudades, que privilegian la peatonalización.
Escucho las mismas quejas de quienes desean invertir en alguna propiedad inmobiliaria, ya sean españoles o extranjeros, que critican el exceso y la lentitud de la burocracia.
Los jóvenes emprendedores que arriesgan su dinero y tratan de abrir un comercio en el centro, única forma de atraer a los de fuera, se quejan de los continuos obstáculos que encuentran.
Hay quienes terminan arrojando la toalla porque no aguantan que se les den más largas a sus proyectos mientras que otros deciden seguir adelante aun a riesgo de ser luego multados.
Leo que Cádiz es la provincia andaluza con más jóvenes en paro y parece, cuando uno escucha todo eso, como si sobrara aquí el trabajo y no hiciera falta facilitarles las cosas a quienes llegan con entusiasmo e ideas nuevas.
Se palpa inmediatamente la frustración de muchos de los que aquí viven o trabajan, que ven cómo se deja decaer una ciudad que tiene tantos activos turísticos mientras con muchos menos, otras localidades de la provincia siguen progresando.
Unos culpan de lo que ocurre a los políticos: a los que ahora gobiernan y a los que gobernaron antes. Otros, a los técnicos del Ayuntamiento; hay quien acusa a Cultura de Cádiz o a la misma Junta de Andalucía.
Uno finalmente no sabe a qué atenerse, pero, sean quien sean los responsables, el daño a la ciudad es evidente.
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