Crítica de teatro/El caballero indeterminado

Monja y soldado bajo una misma piel

  • Juanjo Macías protagonizó la obra 'El caballero indeterminado' en el teatro Pedro Muñoz Seca

El actor Juanjo Macías, durante la representación del viernes en el Muñoz Seca.

El actor Juanjo Macías, durante la representación del viernes en el Muñoz Seca. / Andrés Mora Perles

Asistimos en el teatro municipal Pedro Muñoz Seca a la segunda función de abono de esta temporada teatral de otoño 2021 de El Puerto de Santa María. En esta ocasión se trataba de un montaje de una compañía de las llamadas independientes, de las que en cada comunidad hay alguna, en este caso de una de casa, una compañía andaluza ubicada en Sevilla con un amplio historial a sus espaldas y cuyo mejor reclamo es su propio nombre, La Tarasca, y los argumentos escogidos para montar sus obras, en este caso la famosa novela, una novela de éxito, del historiador Arsenio Moreno.

Juanjo Macías, con la ayuda de José Manuel Vaquero, que pone música y hace de narrador de la historia, es el encargado de recrear en primera persona la singular vida de Magdalena-Gaspar, historia real de una niña a la que sus padres campesinos y pobres metieron a monja hasta que a causa de un accidente se convirtió en hombre cuando ya tenía 28 años.

Casos como este han existido desde la antigüedad aunque, naturalmente, no es algo que ocurra con frecuencia. Es un caso de hermafroditismo documentado en distintas épocas de la historia de España y que, en la narración de las aventuras del, la, protagonista, Magdalena-Gaspar, no ocupa el lugar destacado (popular) en la historia de nuestro país a pesar de lo llamativo de la historia y de situarse en pleno Siglo de Oro español.

El portuense Juanjo Macías es un actor idóneo para este trabajo, ya que con su voz profunda y sonora y su soltura y facilidad para utilizar gestos corporales que potencian lo que dice realiza un enorme esfuerzo para adentrarse en la personalidad del personaje, dejando en segundo término su vis cómica, a la que su público está acostumbrado y que en esta ocasión solo hace uso de ella en contadas ocasiones.

Ramón Bocanegra, que además de autor de la adaptación asume la dirección de la obra, se esfuerza en darle un giro al espectáculo para que no decaiga el interés de los espectadores en ningún momento, porque una autobiografía es muy difícil encajarla en una estructura teatral tradicional y esto lo consigue Bocanegra por medio del atrezzo y el vestuario en un escenario casi desnudo. Una caja negra con una mesa, unos bultos y unas cajas sobre las que sombreros, tocas, capas y sayas son en cada momento usadas por el protagonista según la fase de su vida de la que nos esté hablando.

La representación en algunos momentos peca de monótona a pesar del esfuerzo del director, Ramón Bocanegra, en buscar acciones y reacciones del protagonista que sorprendan al espectador y eviten esa monotonía en la que, sin embargo, cae el espectáculo en algunos momentos.

El público que llenaba la sala siguió con muchísimo interés el desarrollo de la obra y la actuación de Juanjo Macías, premiando su labor y la de José Manuel Vaquero con una prolongada ovación al término de la representación.

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