Matar el tiempo entre rejas

Una decena de colaboradores de la Cruz Roja acuden una vez por semana a la prisión para impartir una serie de talleres

Algunos de los monitores de Puerto 2, en el encuentro de voluntarios.
Algunos de los monitores de Puerto 2, en el encuentro de voluntarios.
Alejandro Barragán / El Puerto

26 de octubre 2008 - 01:00

Una más entre tantas actividades humanitarias que lleva a cabo la Cruz Roja, los talleres de manualidades que se imparten en algunos módulos de la cárcel de Puerto 2 son de sus programas más novedosos. Y satisfactorios para sus monitores voluntarios. Una vez por semana, una decena de colaboradores altruistas de la organización acuden al centro penitenciario para guiar a unos 20 ó 25 presos preventivos en la producción de trabajos manuales -actualmente están decorando figuras para el nacimiento que instalarán en Navidad. El objetivo, como en todo lo que hace la Cruz Roja, no es más que ejercer una "labor social hacia las personas desvalidas", como apunta el presidente local, Juan Ruiz-Herrera.

Más allá de la simple producción de objetos artesanales, el programa en Puerto sirve como terapia para los internos que participan en los talleres, siempre por propio interés; nunca es obligatorio. Como cuenta uno de los monitores, y a la vez coordinador de la iniciativa, Juan Cárave, los talleres son "un desahogo" para ellos, pues muchos "aprovechan para contar sus historias" y "quitarse horas de patio". De hecho, son tres horas las que se ahorran los participantes de la iniciativa (de 10 de la mañana hasta la una del mediodía) de ir deambulando de un lado para otro entre los muros de la prisión. Al fin y al cabo es una manera productiva de matar el tiempo entre rejas. "Están locos por estar entretenidos", comenta Cárave. Y además, los presos saben que apuntarse les sirve para "coger puntos". Sin embargo, no todos los presos se animan ni muestran interés.

Es tal el interés que tienen esta veintena de reclusos por dedicarse a estos talleres de manualidades que la Cruz Roja está planteando acudir al penal dos veces por semana. Ya no sólo el miércoles, sino también los lunes. Sería bueno para ellos desarrollar esta iniciativa a comienzos de semana, después de pasar un fin de semana sin poder hacer nada. "Siempre nos están esperando", apunta el coordinador. Sin embargo, la posibilidad de ampliar el programa a dos días por semana sólo depende de la disponibilidad de los voluntarios.

Los talleres van desde las acuarelas, óleo y cerámica hasta el inglés, la informática o el pintado de camisetas, en tres módulos diferentes de la prisión, incluyendo el de respeto (libre de drogas). Sin embargo, hay algunos que no se pueden desarrollar en los módulos accesibles para la Cruz Roja, según las herramientas que necesiten (los hornos y tornos de cerámica, por ejemplo, sólo están disponibles en uno de los módulos, de forma que sólo los internos de esta zona pueden participar en dicho taller).

La idea surgió hace unos cuatro años, cuando un grupo de voluntarios hacía prácticas de Trabajo Social en la prisión y que luego quisieron continuar la labor desde la Cruz Roja. Así, fue el año pasado cuando comenzó a llevarse a cabo con voluntarios de la organización, con edades comprendidas entre los 25 y los 65 años. Este septiembre comenzó el segundo año del programa y así esperan seguir, continuando con esta labor social.

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