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Bordados del siglo XVIII para una salida extraordinaria

Hermandades Salida procesional extraordinaria de Humildad y Paciencia

La imagen de Nuestra Señora del Desconsuelo lucirá mañana una saya y un fajín, unas piezas muy valiosas del patrimonio de la cofradía de la capilla de la Aurora

La saya y el fajín que llevará la Dolorosa del Desconsuelo.
Francisco González Luque / El Puerto

26 de junio 2010 - 01:00

Aunque cualquier momento es bueno para recordar que algunas de nuestras cofradías conservan, además de las tallas representativas de diferentes estilos y valor devocional, otro tipo de piezas de excelente categoría artística, ahora que se cumplen 400 años de la fundación de la hermandad del Cristo de la Humildad y Paciencia, consideramos oportuno destacar por mérito propio, antigüedad y calidad artística varias de las muestras más valiosas de su patrimonio: los bordados de una saya, su correspondiente fajín y un manto de terciopelo de Nuestra Señora del Desconsuelo, su dolorosa titular. Estas labores, verdaderas joyas de este tipo de artesanía cofradiera, son barrocas y de la segunda mitad del siglo XVIII.

LA SAYA GRANATE

La saya que lucirá esta dolorosa en su salida extraordinaria conserva excepcionales labores bordadas en falda y bocamangas sobre un ajado ya terciopelo granate. Junto con los hilos de oro y seda, menudean por toda la superficie lentejuelas y espejuelos que aportan mayor vistosidad y variedad. Además de la calidad de su diseño, dichas labores y sus correspondientes rellenos de cartón conservan el valor añadido de estar bordadas en oro sobre las telas originales.

Los motivos ornamentales permiten datarla en la segunda mitad del siglo XVIII. Entre estos destacamos, en la parte superior, una espiga con granos ovalados formados por espejuelos, centrando la composición decorativa. En medio sobresalen dos corazones entrelazados y orlados de rayos ondeantes (el de Jesús, traspasado por una corona de espinas y rematado por cruz y a su derecha el de María, con corona central, puñal atravesándolo y remate floral). En la parte inferior, un ramo de azucenas aparece flanqueado por sendas rosas de pasión también bordadas en oro. Rodeando estos motivos principales aparecen otros elementos vegetales (recordemos que la inclusión de repetidas flores está justificada por representar las virtudes de María): ramos, hojas y tallos sinuosos y entrelazados, espigas, cardos, rocalla y otros símbolos como el central anagrama de María.

En las bocamangas, las labores están igualmente bordadas en el terciopelo y se basan asimismo en motivos decorativos vegetales (rosa y espiga central, roleos y tallos laterales) y geométricos (lazos o cintas combinados con guirnaldas). Orlando todo el borde de la manga y encima de los flecos dorados que la rematan, se entrecruzan óvalos con algunas rosas incrustadas (se han perdido otras) y enmarcados por lentejuelas de nácar donde se fusionan los hilos de oro, seda y espejuelos que dan lugar a una primorosa y exquisita ornamentación.

Todo este repertorio ornamental está expuesto y bordado con suma delicadeza y guardando una perfecta simetría a partir de un eje central. El resultado estético ofrece calidades de hermosura, dinamismo y elegancia, muy alejadas del abigarramiento y pesadez o reiteración innecesaria de otros bordados más modernos.

Con las labores de esta saya guardan relación asimismo otras prendas que también conserva la hermandad: un fajín granate y un manto de terciopelo verde muy deteriorado, razón que ha imposibilitado su salida cubriendo la titular, aunque sí lo ha lucido la imagen en el quinario extraordinario recién celebrado en la Prioral.

UN FAJÍN BARROCO

Haciendo juego y complementando la magnífica saya barroca del siglo XVIII, la Virgen del Desconsuelo luce también en esta importante ocasión otra prenda que suele pasar desapercibida pero que en este caso conviene observar y deleitarse en ella: un fajín de idénticos color, diseño de labores, estilo, autor, fecha y excepcional calidad artística que aquélla. Como bien es sabido, esta pieza de la indumentaria de una dolorosa es una especie de cíngulo que se coloca en su cintura para ceñir la saya y simbolizar la virginidad de María. Éste que comentamos es de terciopelo rojo y conserva los originales bordados de oro y pedrería que igualmente pueden datarse en la segunda mitad del siglo XVIII y del estilo barroco.

Está compuesto por una banda ancha superior de la que parten otras dos verticales dispuestas en diagonal. La decoración es similar en las tres superficies aterciopeladas: motivos vegetales compuestos por tallos, flores y hojas simétricamente dispuestas (horizontalmente en la banda superior y verticalmente en las laterales, donde se incluyen además lazos en la base del tallo) centrando la composición ornamental. Circunscribiendo toda la superficie se repite el motivo curvilíneo ya comentado en la saya correspondiente: grecas entrelazadas orlando los bordes. Junto al oro del bordado a mano destacan también los espejuelos o diminutas piezas de cristal insertas en algunas hojas, las lentejuelas que simulan pétalos de rosas y el brillante cosido en el centro de la franja superior. Las tres bandas están rematadas por pequeños flecos tupidos con hilos de oro.

BORDADORES ANÓNIMOS

Con los antiguos bordados de esta saya, fajín y manto de Nuestra Señora del Desconsuelo pueden relacionarse otras piezas de gran interés tanto en Jerez como en Sevilla. En ambas ciudades se pueden rastrear los trabajos de varios bordadores entre mediados del siglo XVIII y primera década del siguiente cuyos motivos (florales y geométricos, especialmente) se podrían relacionar con los singulares diseños de estas magníficas piezas conservadas en nuestra ciudad. Pero conviene recordar que también en El Puerto existían talleres de bordadores abiertos en esa segunda mitad del siglo XVIII.

CONSERVACIÓN Y RESTAURACIÓN

Fajín, saya y manto componen un extraordinario conjunto de bordados (de los mejores existentes en El Puerto, nos atreveríamos a considerar) que podríamos calificar de notables piezas museísticas que necesitan urgente recuperación. Porque el paso del tiempo y su uso contribuyen al deterioro progresivo de las telas y correspondientes bordados, dificultando su oportuna conservación. Sería no sólo interesante sino hasta casi obligatorio, diría yo, procurar por todos los medios (suena a sorna insinuarlo siquiera en estos tiempos de crisis, ¿no?) que se propiciasen las labores del pasado a nuevo terciopelo de obras mal conservadas como las que aquí comentamos. Dado el estado actual del terciopelo de estas prendas de la Virgen del Desconsuelo debería plantearse su restauración transplantando las labores de bordado que deben conservarse a un nuevo soporte (a ser posible de idéntico tejido y tonalidad), conservando y reutilizando no sólo los bordados sino también lentejuelas y espejuelos originales.

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