La tribuna

Mamá, quiero ser ‘youtuber’

Mamá, quiero ser ‘youtuber’
Rosell
Jesús Beades
- Escritor

Quiero ser youtuber. Ese fue el título de la canción que Abraham Sevilla y servidor compusimos y grabamos hace siete años, y que estuvo sonando en Canal Fiesta Radio. Ahora sigue haciéndolo gracias a internet, gracias, precisamente, a YouTube. La canción, una balada clásica en medio tiempo, hacía mofa de la proliferación de influencers, personas que viven de que muchos vean sus vídeos, da igual con qué contenido siempre que el contador de suscriptores y visualizaciones siga subiendo. Insertamos en el videoclip –gamberro, barato, faltón– sonidos de cajas registradoras e imágenes del Tío Gilito zambulléndose en una piscina de billetes y esparciendo monedas con gozoso ímpetu a su alrededor. Se lo cuento, querido lector, como ejemplo magnífico de las ironías que nos ofrece la vida, y que nos rejuvenecen: este flamante 2026 que ahora estrenamos me recibe convertido en youtuber. ¡Vivir para ver!

Desde que Chad Hurley, Steve Chen y Jawed Karim, tres ex empleados de PayPal, crearon YouTube en 2005 ha llovido mucho. Ellos solo querían compartir vídeos de una fiesta universitaria y ligotear online, sin saber que un año después Google les compraría el invento por 1.650 millones de dólares. Google, desde luego, acertó. De hecho, nos sorprende recordar que antes de 2005 no existía YouTube. ¿Dónde veíamos todo, cómo nos enviábamos los vídeos que nos interesan? YouTube ha cambiado nuestras vidas desde entonces, amén de las otras grandes redes, que funcionan de modo parecido: todas quieren que pases el mayor tiempo en su plataforma, y por ello pagan a aquellos que lo hacen posible. Todos vivimos con un reproductor de vídeos en el bolsillo, cuyo algoritmo trabaja 24/7 para afinar más y más qué nos ofrece. Se da la simpática paradoja de ver canales de política que despotrican del capitalismo, en contra de los grandes empresarios digitales, dentro del propio YouTube. El sistema fagocita la disidencia, convirtiéndola a su vez en producto. Sigue, sigue hablando de Marx y de la plusvalía, mientras yo facturo.

Se dirá: ¿qué ha pasado con los libros, los periódicos, la Cultura (con mayúscula reverencial)? Sigue en su sitio, aunque la ventana de atención está más saturada. Hay también espléndidos canales sobre libros, con entrevistas muy interesantes, y sobre todo lo que uno quiera. Es esperanzador comprobar cómo Jordi Wild tiene más audiencia que los grandes programas de entretenimiento basura de la televisión generalista. En The Wild Project se entrevista, durante horas y horas, a expertos en Historia, en neurociencia, en la guerra, en Literatura, en periodismo de investigación… Son canales que enseñan, y que a la vez abren el apetito de aprender más. También funciona como radio: ese gusto de sentirnos acompañados mientras vamos al baño o cortamos la cebolla para el sofrito. Antes lo hacía la radio, y ahora lo hace la radio online (también en YouTube o en Spotify) o los podcasts. Hasta el columnismo político, el articulismo de cercanía, el comentario cotidiano, va migrando a la pantallita.

Ante este Brave New World, ¿cuál es nuestro margen de acción? Hay dos principales. El primero, como consumidores: organizar nuestra mente y nuestro tiempo, procurando decidir –pese a las sugerencias continuas del algoritmo– qué quiero ver y qué no. Procurando evitar la basura, el contenido vacío, y frecuentar aquel que nos enriquece y que nos acerca el mundo y el pensamiento crítico. Y los tesoros del Arte. Y dos: como creadores. Todos somos creadores en potencia, y si uno se ve con ganas y talento –y tiempo disponible: es infinito el que requiere– puede también crear su propio contenido y ofrecerlo a los demás. Yo lo hago en dos canales (Te lo dice Beades, y Radio Beades) y es una experiencia, si bien agotadora, también muy satisfactoria. Nunca antes en la historia habíamos tenido la posibilidad de crear un público para todo aquello que nos interesa, de cero y sin barreras de entrada. Aprovechemos la oportunidad. Seamos audaces. ¡Mamá, yo quiero ser youtuber!

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