Aparecen en Granada tallas barrocas de San Juan de Dios

Son magníficas piezas de Dolorosa y San Juan procedentes del antiguo hospital

Reconstrucción ideal del Calvario hoy disperso.
Reconstrucción ideal del Calvario hoy disperso.
Francisco González Luque

01 de febrero 2015 - 01:00

Después de una larga e incompleta investigación (artística pero también detectivesca), rastrear varias pistas e indicios, descartar intencionados olvidos y silencios, localizar, estudiar in situ, fotografiar y analizar las piezas, quiero hacerles partícipes y avanzarles unas conclusiones provisionales acerca de unas tallas de extraordinaria calidad que proceden del antiguo hospital de San Juan de Dios de El Puerto pero prácticamente desconocidas.

Se trata de unas imágenes de Dolorosa y San Juan que formaban parte de un Calvario citadas en el inventario que se hizo en 1835 a raíz de la desamortización de la iglesia del antiguo hospital de San Juan de Dios de El Puerto de Santa María y que entonces estaban situadas en su "altar del Sagrario". Supimos que la portentosa imagen del Crucificado, advocado entonces "de la Misericordia" (al que ya le dediqué su oportuno estudio) pasó a la iglesia de San Francisco, cuyo retablo mayor preside actualmente, y creíamos que las tallas del Discípulo Amado y la Dolorosa que lo acompañaban habían desaparecido (deterioradas, tiradas, vendidas o donadas, ignorándose cómo, a quién, porqué ni cuando).

Desde un punto de vista histórico, dichas imágenes pudieron ser encargadas por la misma orden hospitalaria, seguramente a partir de cuando tomaran posesión del primitivo hospital de la Misericordia en 1661, cuyas obras de reconstrucción prosiguieron a lo largo del siglo XVII gracias a las aportaciones de las rentas obtenidas por la venta de capillas y enterramientos en el templo en ésta y siguiente centuria. Pero quizá sea más seguro que se correspondan con el encargo de un comitente perteneciente a la burguesía enriquecida con el comercio americano o algún militar de alta graduación que las donara en agradecimiento de permitírsele sepultura en dicho espacio sagrado.

Hoy día flanquean a un devoto Cristo de la Luz en un corredor superior del patio de la que fuera casa de los Pisa transformada desde 1931 en Archivo-Museo de San Juan de Dios en Granada. Esta nueva ubicación data entre 1978 (no se encontraban en el inventario de este año) y 1983, cuando ya se citaban en un libro-guía escrito por Ruiz Ortega como "dos grandes y emotivas esculturas de Dolorosa y San Juan Evangelista policromadas, obra de Diego de Mora", atribución desde mi punto de vista desacertada, al igual que la actual, que asegura su paternidad a Duque Cornejo.

Dichas imágenes componían un modelo iconográfico denominado Calvario y representaban la Tercera Palabra de Cristo en la Cruz al plasmar aquella frase que alude a la relación materno-filial encomendada por Jesús a la Virgen y San Juan mientras, además, se convierten en testigos de su Crucifixión (San Juan, 19, 26-27). Así lo atestigua la atenta actitud de escucha reflejadas en ellos correspondida con el intento de comunicación del Crucificado.

Destacamos algunas características comunes a las tres tallas, a modo de señas de identidad de un mismo autor. Muestran cuerpos esbeltos y belleza de facciones en unos hermosos rostros despejados, naturalistas y humanizados, de acusados perfiles y rasgos faciales muy similares: cejas sinuosas, entrecejo fruncido, grandes ojos con iris de idéntico tono grisáceo, narices rectas, pómulos resaltados, surco nasolabial muy marcado, bocas entreabiertas de las que asoman lengua y dientes y barbillas pronunciadas. En los personajes masculinos, además de un minucioso estudio del natural en manos y pies, sus cabelleras se componen de largos mechones compactos, ondulados y de bordes aristados. Este grupo escultórico se caracteriza, igualmente, por un notable realismo en el tratamiento anatómico de las partes descubiertas y en la interpretación del ropaje, tallado a base de grandes planos con golpes de gubia cortantes. Un sugerente dinamismo basado en el lenguaje gestual de cabezas giradas y significativa torsión de cuellos esbeltos reflejando tensión contribuyen a intensificar la fuerza expresiva de efecto dramático cargado de emotividad pero también de elegancia, firmeza y dignidad.

Centrando la atención en las dos imágenes que flanqueaban al Crucificado, podemos agrupar y comentar los rasgos comunes presentes en la Dolorosa y San Juan. Ambas son tallas de tamaño natural (miden 170 centímetros de altura sin la peana) y madera de cedro policromadas y tienen el reverso ahuecado, es decir, el plano de las espaldas sin tallar y reforzado mediante travesaños, práctica común en imágenes concebidas para ser colocadas en retablos, como debieron estar éstas en el "altar del Sagrario" de la iglesia portuense de San Juan de Dios.

Las dos también se encuentran erguidas, al pie de la Cruz, girando hacia izquierda y derecha sus cabezas elevadas que dirigen la mirada hacia el Hijo y amigo para observar y atender sus palabras. Son, igualmente, de porte elegante, actitud gesticulante y expresión entristecida y dialogante que refleja sentimientos de pena y aflicción pero también de entereza y entrega perfectamente compatibles con los ideales de serenidad y belleza clásica bien manifiestas.

Gran interés muestran también ambas manos elocuentes (unidas con dedos entrelazados a la altura del pecho las de la Dolorosa y derecha reposando sobre el pecho e izquierda sosteniendo el libro que acredita su condición de evangelista las de San Juan). En cuanto a los cuerpos, destacamos los suaves contrapostos ocasionados por la flexión de rodillas y la indumentaria de escaso vuelo y tratada con naturalistas pliegues aristados y asimétricos de diferente trazo a lo alto y ancho de túnicas y mantos. Este ropaje presenta una policromía plana de colores lisos y monocromos, sin labores de estofado. En cuanto a la encarnadura, si bien no podemos asegurar que responda al primitivo tono o a una reciente restauración, es realista, mate y pálida en manos, cuello y cara, con toques rosáceos (posiblemente repintes) en párpados y mejillas y utilizando el marrón para el trazo curvilíneo de las cejas y el rojo para colorear lengua y labios.

Existe una gran dificultad para datar las imágenes y, por tanto, asignarlas a algún escultor y fecha determinados ante la falta absoluta (hasta el momento) de datos documentales. No obstante, tras un riguroso análisis descriptivo, estilístico y comparativo de las tallas con obras documentadas cuyo parecido con éstas es patente podemos aventurar una atribución.

Las características morfológicas y estilísticas citadas permiten catalogarlas como obras barrocas de escuela sevillana, las tres talladas en un mismo estilo, época, taller y posiblemente por un único autor. Ratifico la atribución del conjunto si no a la producción del mismo Pedro Roldán, sí a un discípulo aventajado, un insigne imaginero colaborador directo y seguidor de su estética, un buen oficial de su taller, podríamos afirmar, y fecharla en el último cuarto del siglo XVII. La mayoría de las citadas notas comunes presentan indudables concomitancias con obras documentadas de dicho maestro y su taller a partir de la década de 1670.

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