Suspende que algo queda
Doña Cuaresma
No he tenido un fin de semana malote. Empezó bien la cosa, con un sábado donde se suspendieron algunas mamarrachadas, por ejemplo la final del Concurso infantil. Y luego, de propina, el partido del Cádiz. Yo es que, sinceramente, de esas tres Ces de las que presumen los gaditas, sólo comparto la de los capillitas. El Carnaval, puaj, y el Cádiz me la repampinflan. Puedo entender que una criaturita se eche a llorar cuando está con su capirote bajo el brazo en el templo para acompañar al Señor en su estación de penitencia y le suspenden la salida, pero asistir al lamentable espectáculo de tíos como trinquetes llorando por no haber pasado a semifinales del esperpento este de certamen de canciones me pone enferma. El fin de semana empezó bien, pero ayer domingo ya volvimos a las andadas. El equipo amarillo que inspiró ese pasodoble tan cantado y que acabe de la manera más soez posible volvió a jugar. Uy, a jugar digo, jaja, qué risas. Pero si solo sabe perder. Es cierto que al menos Juanito Marchante llena el vestuario de estampitas del Nazareno, algo que le honra. Pero ni por esas. Claro, el Regidor Perpetuo hace milagritos, pero ascender al equipo mediocre este ya son palabras mayores. Para rematar la cosa, volvieron las coplas al Falla. Así que nada, un día de tregua. Nada. Y en unos días llegarán los inhumanos con sus botellones para obligarme a la cuarentena de cada febrero.
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