Diario del Carnaval

No pregunte, mejor léalo

  • 'Diario del Carnaval' llega en 2017 a su año número 25

  • Desde el principio, la publicación especializada ha recogido todos los aspectos de la fiesta y ha inventado personajes irrepetibles como Doña Cuaresma

Reproducción de la portada del primer número del 'Diario del Carnaval', del 1 de febrero de 1993 Reproducción de la portada del primer número del 'Diario del Carnaval', del 1 de febrero de 1993

Reproducción de la portada del primer número del 'Diario del Carnaval', del 1 de febrero de 1993 / joaquín pino

El Carnaval se enmascaró una noche el rostro y le robó al periodismo, hace ya siglos, su vocación de contar cosas, hasta el punto de que Bartolomé Llompart acuñó a mediados de la centuria pasada su frase lapidaria: "El Carnaval de Cádiz es periodismo cantado". Esta profesión, que en cuanto a la vocación de narrar es realmente la más antigua del mundo, anduvo décadas pensando cómo responder al golpe musical de los seguidores de Momo. Durante años, los diarios anduvieron en una guerra de guerrillas de coplas contra crónicas que siempre terminaban perdiendo porque los ejércitos plagados de guerreros del antifaz eran mucho más numerosos que los compuestos por rastreadores de la verdedad armados con plumas. Pero toda lucha justa tiene su recompensa, y los periodistas y fotógrafos terminaron por dar con la fórmula: durante un montón de días de febrero, cada vez más, "el periodismo es Carnaval contado", al menos en Cádiz.

Una mañana de un 1 de febrero, tal que si se quisiera señalar la fecha como un "día D" histórico, nació el primer Diario del Carnaval, de los cientos que habrían de nacer. Tantos que en este año esta publicación hija de un más que centenario periódico está sacando a la calle su año número 25. El año 1 comenzó aquel principio de febrero de 1993. Bodas de plata entre la fiesta mayor de Cádiz y uno de los diarios más antiguos de España, que en junio de 2017, precisamente, cumplirá 150 años de salida ininterrumpida a la calle.

Aquel primer número fue producto de una genialidad. Los directivos del rotativo de la época, con el subdirector Antonio Pérez Sauci a la cabeza y seguido por una entusiasta plantilla pusieron en pie una réplica en miniatura del Diario normal. El recién nacido replicaba la estructura de la portada y de las diferentes secciones del periódico, con numerosos guiños tales como noticias inventadas, montajes fotográficos y la colaboración de destacados articulistas pertenecientes o relacionados de una forma u otra con el mundo carnavalesco.

Aquello fue, no está feo decirlo, un derroche de energía e ingenio. Nada escapaba a la ironía, no ya la armazón y los personajes que siempre han vivido en ese mundo de tanta purpurina como tizón, sino el propio periodismo, cuyas reglas de veracidad y objetividad eran rotas una y otra vez con la imbatible excusa del cachondeo y la libertad que enarbolaba como emblema su singular líder, Don Carnal. En aquellos carnavales, que (gloria bendita) sólo duraron 20 días entre concurso y fiesta callejera, también tuvo ya su sitio Doña Cuaresma, en un ejemplo de la tolerancia que nunca ha derrochado este personaje, enemiga declarada del desenfreno.

Quizá tanta libertad no sentó bien desde el principio a muchos integrantes del mundo carnavalesco, pero así es el periodismo, incluso cuando se disfraza de chirigotero y usa sus mismas armas. Desde el principio, las chanzas sentaron mal a quienes hacen del dardo su forma de expresión. Curiosidades de esta tierra que dice reírse de todo. De todo lo demás, se supone, porque muchas veces se olvida de lo principal:reírse de uno mismo. En esa batalla estuvo desde siempre el Diario del Carnaval para recordárselo a todos.

Los políticos tampoco escaparon. Esta publicación vio la luz cuando gobernaba la ciudad el PSOE con Carlos Díaz a la cabeza. Sus concejales, sobre todo los que se ocupaban de Fiestas, sufrieron más que nadie el escarnio sin sangre de sus cronistas, disfrazados o no. Peroal poco tiempo, a los dos años concretamente, se inició el largo reinado de Teófila Martínez por la gracia del pueblo gaditano. Ya en su primer Carnaval el Diario del Carnaval, como era su obligación, le perdió el respeto y se inventó una sección cuyo protagonista era la propia alcaldesa, apodada Barbie Puerto y vestida en cada número con un diferente traje no precisamente favorecedor. También en 1995, el Jurado Diario, otro de las grandes ideas con las que el ejército periodístico entablaba su batalle verbal con el establishment de la fiesta, dio por primera vez la cara. En sus páginas aparecieron los rostros de los integrantes de una institución que desde su aparición había desatado los rumores y los ataques del en muchas facetas anquilosado Concurso Oficial.

El Diario del Carnaval, por cuya redacción han pasado casi todos los profesionales del Diario de Cádiz, convirtiéndose también así en una peculiar y divertida escuela de periodismo, no ha dejado de inventar en todo este tiempo. Y no sólo noticias, como en el genial Carnaval Today, sino que fue innovador en la forma de las puntuaciones críticas de las agrupaciones, representadas gráficamente por diferentes dibujos o muñecos siempre pegados a la actualidad; imaginativo en el formato de las entrevistas a sus personajes ya sea con concursos tipo trivial o en pequeñas competiciones jocosas entre ellos; riguroso cuando organizaba encuestas como aquella que dictaminó que la mejor agrupación del Carnaval democrático habían sido Los Borrachos, según votación de los concursantes en 2003; persistente hasta el punto de informar de todos los pormenores con cada vez más inmediatez; exigente con las ediciones especiales que recogían a primera hora de la mañana todos los premios de la noche de las grandes finales; colaborador incansable de la fiesta, en las que ha participado ofreciendo a sus lectores colecciones gráficas y audiovisuales; carnavalesco a tope cuando ha recogido las grandes polémicas y peleas de certezas y vanidades en el elevado mundo de la comparsa, por ejemplo.

La historia del Carnaval ha recorrido la historia del Diario. Por eso hemos contado las vidas de los grandes, y hemos homenajeado a los históricos. Aquí desnudaron su vida carnavalesca en series correlativas Martínez Ares y Juan Carlos Aragón, picados hasta en eso, poniendo la sangre que necesita la fiesta.

En estos 25 años se ha recogida algo más que una batalla entre Don Carnal y Doña Cuaresma. El primero comenzó colaborando con entusiasmo, pero no soportó la pelea. A Doña Cuaresma, en cambio la hemos matado varias veces y ella sola, con ayuda de sus fans (muchos más de los que se imaginaría en principio) ha revivido. ¿Quién es más pesetero: Carnal o Cuaresma?No hay respuesta segura, pero esta acusación ha pesado varias veces en todo este tiempo sobre los autores, que se mostraron descarada e incluso reivindicativamente defensores de su dinero en la polémica que apareció al filo del año 2000, curiosamente a punto de aparecer el euro. Su reclamación de un canon a nuestras compañeras las radios envenenó durante muchas ediciones las ondas. Pero todo volvió a su cauce en 2005, y eso parece que ha calmado un negocio en el que todo hace pensar que ahora cada uno saca una buena renta. Mejor así.

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