El pasodoble a Hassan
Opinión
No es que me haya equivocado de año ni que pretenda escribir un artículo anacrónico. Simplemente quiero sacar a colación y recordar el pasodoble que el año pasado Jesús Bienvenido le dedicó a Hassan y al cierre definitivo de un lugar tan entrañable como fue el Cambalache. Un pasodoble que, desde el primer verso, está cargado de sensibilidad, tratado con un respeto absoluto y capaz de ponerte los vellos de punta. Y lo hago con el fin de inmiscuirme en esos debates recurrentes en los que algunos ponen en duda este tipo de letras tan sumamente localistas, en un carnaval que —dicen— está ya tan universalizado que debería mirar mucho más allá de Cortadura.
Hace unos días alguien me comentó que aquel pasodoble quizá no era un tema demasiado oportuno para cantarlo en una final del Falla, ya que, según decía, la mayoría de los escuchantes no se iban a enterar absolutamente de nada. El argumento archiconocido es que existen cientos de miles de aficionados al carnaval que no tienen ni idea de a qué hacía referencia aquella letra y que, por tanto, resulta una pena “desperdiciar” la ocasión de cantar algo más ecuménico, más generalista o más fácilmente digerible para todos los públicos.
Creo no ser sospechoso de chauvinismo ni se me puede acusar de mirar solo de Puertas de Tierra hacia adentro en ninguna de las vertientes gaditanas. Más bien me defino como un ciudadano abierto a expandir el gaditanismo y, por ende, el carnaval hacia la provincia, Andalucía y el resto de España. Pero eso no es óbice para recordar a todo el mundo algo fundamental: esto es el Carnaval de Cádiz. Y llevar esa letra a la mismísima final no solo no fue desacertado, sino que supuso una reivindicación clara de que esto, por encima de todo, es nuestro. Abierto a todos, compartido con todos, exportable a todos… pero nuestro, con su acento, su memoria y sus pequeñas historias que son, en realidad, las que le dan grandeza.
Así que, ahora que acabamos de empezar el concurso, ningún pudor y ningún recelo a la hora de cantarle a Cádiz. Ningún miedo a traer letras tan locales que no se entiendan más allá de nuestra frontera, porque precisamente ahí reside muchas veces su autenticidad y su fuerza. Agradecidísimos, por supuesto, a todos los que nos visitan, nos admiran, nos quieren e incluso —en muchos casos— nos idolatran, porque estoy seguro, además, de que ellos son los primeros en entender que nuestro carnaval es de todo el que lo quiera. Y el que lo quiera, ha de quererlo así: con su apellido completo, Carnaval de… Cádiz.
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