Punt Eau de Cologne
Conciliando
APERO de Labranza se paseaba por la piedra cuadrá. Los gargajillos que se había puesto para evitar darse un carajazo en la Bella Caleta no pegaban mucho con sus calcetines a rombitos de Ives San Loran… le hubieran pegao más unos leotardos del refino de la calle San Loren…zo, pero un gurú de la moda no puede perder el glamour ni encima de la piedra cuadrá de la Caleta y rodeado de coñetas dispuestas a darle un bocao hasta en sus esqueléticos muslos, más propios de los jilgueros que había colgados en la puerta de Casa Crespo.
Apero de Labranza nunca va solo. Siempre lleva un grupo de pelotas que le dicen "ideal" a todo y hablan en pijinglis. Gente que ve la manteca colorá y le salen pupitas en el cutis. En verdad Apero, se llama Ose Pérez, pero como se iba a llamar Ose y Pérez el product manayer ingeniar (el que manda) en Oswey Clip & (símbolo muy habitual en las carajotás) Video Playing.
Cuando Apero piensa se soba el pirsing del osito Yogi que lleva en la tetilla de la oreja. Pero la tranquilidad le duró poco. Por debajo de la puerta de la Caleta aparecía Maravillas Lozano, 1,90 de bienmesabe que cada vez que meneaba el culo tiraba a dos tíos que estaban mirándola en el camino que lleva hasta el Castillo de San Sebastián.
Maravillas Lozano, Ma Lo, cuando estaba trabajando, siempre llevaba al lado a un tío que le lleva un paquete de gusanitos de queso. Dice que comerse uno le relaja cuando entra en modo de los nervios, algo que ocurre a menudo (hay que tener cuidado con esta palabra que está prohibida en estos ámbitos). En esta ocasión los gusanitos los había sustituido por un paquete de a cuarto de papas fritas del Corralón. A Maravillas le encantaron las papas. "Que cosa más cruji, Antuan", le decía a su portador oficial de paquete papas (papafrita asistant). "El único inconveniente que le veo es que llevas una peste a pollo asao, que no se si hablarte o meterte en un shangüi".
Maravillas y Apero se vieron de lejos. El abrió los brazos y ella tiró la papa que se estaba comiendo y salió corriendo para abrazarlo, haciendo un sonoro clo clo con los tacones de medio metro que llevaba puestos. El encuentro fue tumultuoso porque la argolla que llevaba Ma Lo en la oreja se enganchó en una patita del pirsing del Osito Yogi de Apero, como un anzuelo atrapa a una mojarra. A pesar del esfuerzo no pudo darle un beso a Apero porque tiene la cara tan esmirría que los labios neoprenados de Maravillas no le cabían en el cachete.
El equipo de maquilladores se acercó a la musa que moría por las papas fritas de El Corralón. Se encendieron los focos. De fondo sonaba Quince Piedras de Enrique Villegas que habían puesto para dar ambiente a la escena.
Apero avanzó elegante con sus gargajillos y puso voz de product manayer para explicarle a Maravillas la escena: "Ma tú avanzas más sensual que un langostino de Sanlúcar en una fuente blanca. Con el mismo gracejo con que te comes los gusanitos de queso sacas el tarro de Punt Eau de Cologne, la colonia del comparsista y te pones dos gotitas en el cuello. Bueno, tú con el cuello que tienes tendrías que ponerte un camión del Butano, pero sólo dos gotitas. Entonces, ya perfumada, bajas hasta la piedra cuadrá, te sientas junto a la mesita de playa, apartas la piriñaca y coges la caballa que te está esperando, todavía tibia. Estate atenta, detrás de ti emergerá un guitarrista vestido de arlequín tocando un punteao y contorneándose más que una gamba cocía. Es como un birkiki, pero con guitarra. Tú besarás a la caballa y esta se transformará en El Piojo vestido de camaleón".
"Oh, Apero, la historia me conmueve. ¿No se podría transformar más bien en Bienvenido, que tiene mejores cuplés?" dijo Ma. "Kipping, actión, over de strangis" dijo Apero (si la gente supiera que nació en Paterna) y todos se pusieron más concentrados que un tarro tomate Fruco. En un banquito que había junto a una cámara se quedó un tarro de "Punt Eau de Cologne". Milagri, la tía de Margari. Sí hija, la de la casa grande de La Palma, se acercó sin que nadie se diera cuenta. Le quitó el tapón, metió la narí y dijo mirando pal Castillo: "Qué peste, carajo".
También te puede interesar