Carnaval de Cádiz | 'El taller de los libretos prohibidos'

Desnudando al coro a pie

  • La historia de la censura relatada en el tipo del coro de Sevilla Pecci ‘El taller de los libretos prohibidos’

El cajista y el impresor de 'El taller de los libretos prohibidos'. El cajista y el impresor de 'El taller de los libretos prohibidos'.

El cajista y el impresor de 'El taller de los libretos prohibidos'.

El Concurso Oficial de Agrupaciones, además de ser (que es lo que es) un certamen de coplas carnavaleras, se erige como un escaparate de la creatividad, sentido de la estética y, con formaciones como la del coro a pie, de recordatorio de nuestra propia historia. Por eso, tras concluir la fase preliminar del certamen, y permanecer nuestros ojos bien atentos a lo que pasaba por las tablas, Diario del Carnaval ha escogido a ‘El taller de los libretos prohibidos’ para, con permiso de Francis Sevilla Pecci, desnudar su tipo. Sus tipos.

Y es que no hay retal, leyenda o accesorio que no tenga sentido en cada uno de los cuatro tipos que se reparten los integrantes del coro y que vienen a ser una alegoría de la lucha contra la censura “en todos los tiempos, no sólo durante el periodo de la Dictadura aunque en éste se recrudeciera, pero tenemos alusiones a agrupaciones de antes de la Dictadura y de después, incluso de nuestro tiempo reciente...”, explica Sevilla Pecci.

El aprendiz de 'El taller de los libretos prohibidos'. El aprendiz de 'El taller de los libretos prohibidos'.

El aprendiz de 'El taller de los libretos prohibidos'.

En total, “vienen a ser como unas 25 agrupaciones”, víctimas de la censura por algún motivo, las que están representadas en los disfraces de estos personajes cuya historia se enmarca en una ficticia imprenta que desde el siglo XIX vendría recogiendo las letras de los autores de Carnaval “tal y como se concibieron en sus cabezas, antes de ser censuradas, por eso lo de los libretos prohibidos”.

Por ello, el personaje del impresor lleva en su mandil “pegados trozos de letras censuradas que hemos sacado de diferentes documentos históricos”, explica el autor que también provee al personaje del cajista de diferentes “letras de libretos censurados en su pantalones”, al igual que al aprendiz, “encargado de engrasar la máquina y de barrer la imprenta”, por lo que lleva las letras diseminadas por diferentes lugares de su tipo. “Y el vendedor, que es muy gracioso, porque tiene los libretos guardados en la parte interior de la gabardina, como vendiéndolos de estraperlo”, ríe Sevilla Pecci.

El comercial de 'El taller de los libretos prohibidos'. El comercial de 'El taller de los libretos prohibidos'.

El comercial de 'El taller de los libretos prohibidos'.

Letras de ‘Los de fin de curso’ (1956) de Paco Alba (“pues dos días antes de salir un censor decidió que el cuplé no se podía cantar pero ya había impresas tres mil y pico de hojillas con lo que se utilizó un tampón de tinta para tapar la parte censurada, aunque al trasluz se veía perfectamente”); de ‘Los hijos del moro Juan’, 1930, (“que se tuvo que cambiar el nombre por el moro Musa, porque lo de moro Juan tenía por entonces una connotación sexual”); de ‘Los amos de Cádiz’ (1933); de ‘Los nuevos ricos’ del Chimenea (1950); de ‘Los vendedores de marisco’ de 1953 (“pues sus componentes contaron cómo fueron descalificados por las presiones de grupos ultra conservadores, y todo por una confusión con la letra del pasodoble que terminaba “...es más bruta olé, que Santa es Rita” pero entendieron “es más bruta olé, que Santa Rita” lo que consideraban un imperdonable insulto a la Santa”) o el recuerdo a ‘Las viudas de los viejos del 55’ (“que no pudieron salir vestidos de mujer, excepto en alguna que otra fiesta privada”) se encuentran en los tipos de ‘El taller de los libretos prohibidos’ con reminiscencias de la censura más reciente, “por eso llevamos también detalles sobre ‘Los tontos de capirote’ (1986), que tuvieron que soportar una dura censura durante el concurso, o de ‘Los recortaos’ de Remolino en 2013 a los que registraron en camerinos con el objetivo de revisar las pancartas que llevaban”, detalla Sevilla Pecci.

Historia viva, y oscura, de nuestro Concurso para cimentar la estética y la ética del coro a pie que, en parte, es el resultado del afán investigador de Francis Sevilla Pecci que lleva “muchísimos años” indagando entre archivos, libros (“muy interesante El lápiz rojo de José Fernández”, recomienda) y documentos para recuperar la historia del Carnaval gaditano, con sus luces y con sus sombras, sin miedo alguno.

La sesión de hoy lunes puede ser una buena ocasión para que el aficionado repare en estos y otros detalles del tipo de ‘El taller de los libretos prohibidos’, que ha sido realizado por la empresa Dylo Creaciones.

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