De 'tijerita' a 'borde del área'
Fútbol
El árbitro asistente gaditano Julio Álvarez García ha conseguido recientemente el ascenso a Segunda B, donde debutó en el encuentro San Roque de Lepe-Betis B a las órdenes del arcense Perdigones Pacheco
Si en Cádiz le preguntas a alguien por la calle quién es el árbitro asistente Álvarez García, probablemente muy pocos lo conocerán si no están ligados al mundo del balompié. Pero si le dices que se llama Julio y en el pasado carnaval salía en la chirigota Salón de Belleza El Tijerita, todos sabrán de quién les hablo.
Julio, a parte de su amplio curriculum carnavalesco, es el máximo exponente del arbitraje en la capital gaditana. Esta temporada se ha estrenado en la Segunda B, a las órdenes del arcense Perdigones Pacheco, en el encuentro de la segunda jornada entre el San Roque de Lepe y el Betis B. De todas formas, su ascenso no ha sido de la manera soñada. "Este año me ha tocado la lotería, aunque no es la forma en la que me hubiera gustado subir. Lo he hecho por deméritos de un compañero que ha descendido por no superar las pruebas físicas", comenta el colegiado.
Su caso representa la figura del futbolista frustrado. "Yo jugaba al fútbol antes, estaba en el Esperanza. Pero mi hermano, que ahora es delegado provincial de árbitros, me dijo 'quillo métete a arbitrar'. A mí es que me gusta mucho el fútbol. La única forma que tenía de estar cerca del fútbol era arbitrar. Como futbolista no era muy bueno, la verdad", cuenta Julio.
Como árbitro asistente, Julio sufre en sus carnes que muchos ojos estén pendientes a su labor, algo que muy pocas veces se tiene en cuenta. "Tenemos mucha presión. La gente se cree que vamos a pitar y nada más. Yo estoy metido en el partido al cien por cien igual que un futbolista. A mí todos los partidos van a verme y me van a juzgar. Si tengo un partido malo y me ponen un cero eso me va a bajar mucho la media, ya que me juego ascender o descender", confiesa.
Durante su larga carrera son muchas las anécdotas, aunque también se pasan malos ratos. "A mí en Coria me vaciaron un paquete de garbanzos entero tres niños garbancito a garbancito. Yo no me suelo quejar y por eso no me voy a tirar al suelo, pero es un coñazo. Hay que aguantar mucho y, además, hay que estar atento a todo. En este tiempo nunca he tenido una agresión. Me han hecho auténticas barbaridades. En Ceuta, por ejemplo, me tiraron un cubo de meado por encima. Una vez también me apagaron un puro en la cabeza", relata Álvarez García.
Uno de los aspectos más desconocidos del mundo del arbitraje es el tema monetario. Al no ser una figura profesionalizada, los sueldos son más bajos de lo que en un principio pudiera parecer. "No hay mucha diferencia entre lo que se gana en Tercera y lo que se gana en Segunda B. La diferencia está en el salto de Segunda B a Segunda. Ahí ya todo es mucho más profesional. Yo ahora no puedo vivir del arbitraje en Segunda B", argumenta.
Como perfecto conocedor del fútbol base, el juez de línea no comprende muchas situaciones que se producen en Elcano. "Un niño tira un penalti y si lo falla le dicen 'venga no pasa nada que aquí estamos para aprender', pero, sin embargo, un árbitro que puede tener la misma edad tiene un fallo y no pita algo en un área todos los padres se echan encima de él. Se supone que los árbitros en esas categorías también están para aprender", denuncia.
Además de esto, hay otros aspectos de la cantera que para el colegiado rozan lo vergonzoso. "Lo de Elcano muchas veces es de vergüenza. Yo no dejaba entrar a ningún padre a ver a sus hijos a jugar. Yo he escuchado en un partido de alevines decirle un padre al niño 'pártele el tobillo'. ¿Qué le estamos inculcando a los chiquillos?", se pregunta.
Su condición de carnavalero le ha provocado situaciones curiosas, además de abrirle un trato diferente al que puede tener cualquier colegiado. "Por el tema del carnaval me conocen en muchos sitios de Andalucía. Después de los partidos, muchos jugadores han venido a buscarme para hacerse fotos conmigo. Aunque no me gusta mezclar las dos cosas, ha habido veces que eso me ha ayudado. Por ejemplo, me ha pasado alguna vez de querer echarse el público encima mía y venir gente a protegerme y decir 'oye que éste es el de Las Pitorrisas con que tener cuidado con él'", reconoce.
Uno de los temas más complicados en este mundo es la captación de nuevos árbitros. "Para mí es una alegría ver a chavales de 12 o 13 años empezando a arbitrar porque hemos pasado una época mala en la que se moría el arbitraje en Cádiz. Muchos padres no dejaban a sus niños ser árbitros. Hay que concienciar a la gente que nosotros somos también deportistas. Ahora hay cuatro o cinco chavales con una gran proyección que pueden llegar a ser árbitros profesionales. Se están formando muy bien y son muy buenos", concluye.
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