Balas de plata
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Feliz Carnaval
LUCHON / PAU (16ª etapa)
LA última oportunidad había llegado: sólo quedaba esta etapa de montaña. Lo que sería la gloria para algunos sería la tumba deportiva para otros. Por delante cuatro terribles puertos -Peyresourde, Aspin, Tourmalet y Aubisque- y 194 kilómetros. Palabras mayores.
Pero no había tiempo para pensar, a quince kilómetros de la salida se veían las primeras rampas del Peyresourde. Esta subida es corta -sólo 9 Km- pero dura; una dureza que se incrementaba con tiempo frío y lluvioso de este día. La pendiente hizo que el pelotón se estirara hasta formarse pequeños grupos desperdigados. En cabeza quince hombres batallando por llevarse la cima. A falta de 500 metros demarró Berrendero y coronó primero. Ezquerra, definitivamente hundido, no puntuó en Peyresourde y veía cómo se le escapaba el Premio de la Montaña, que encabezaba él hasta este momento.
En el descenso, como siempre, fue cazado Berrendero y superado por Maes, Verbaecke, Magne y el resto de los favoritos. Al llegar al col de Aspin todos sospechaban que se repetiría la escena: subida en grupo, demarraje de Berrendero para coronar y el descenso en grupo otra vez.
Berrendero no le caía bien a Maes y Verbaecke, sobre todo al primero. En realidad no despertaba muchas simpatías en el pelotón, por su fama de alocado y poco colaborador en las fugas. Y sin hablar una papa de francés lo tenía difícil para congeniar con los corredores, mayoritariamente francoparlantes.
Así que los belgas se la jugaron: controlaron el demarraje del madrileño, y en la cima se le adelantó el routier francés Yvon Marie, seguido de Verbaecke y Maes. Con todo, Berrendero pudo arañar unos puntitos que lo ponían por delante de Ezquerra, que venía con mucho retraso.
Pero todavía quedaban el Tourmalet y el Aubisque, nada menos.
Al terrible Tourmalet se subió en un numeroso grupo en el que estaban todos los favoritos y en la cumbre se impuso, imperial, Sylvère Maes. Julián Berrendero puntuaba y ampliaba su ventaja en la Montaña sobre Ezquerra que no daba señales de vida.
Sin embargo fue en la inacabable subida del Aubisque donde se decidió definitivamente este Tour. En las primeras rampas Magne empezó a dar signos de debilidad y se rezagó bastante de la cabeza. Dándose cuenta de la oportunidad, Maes, Verbaecke y Marie volaron hacia la meta. Pronto Maes se vio sin compañía, pues Marie tuvo un desfallecimiento y Verbaecke rompió su bici teniendo que tomar una prestada. Esta bici tenía derailleur, o sea cambio por cable, algo prohibido en el Tour, aunque se autorizó al año siguiente.
Así que Sylvère Maes se fue solo hacia la cima y por allí pasó sin mirar atrás, majestuoso, dando una exhibición de fuerza, dosificación y estrategia, a dos minutos por delante de Verbaecke. Tercero fue Berrendero a más de once minutos, sexto Cañardo y un desolado Magne a casi doce minutos.
El campeón belga voló cuesta abajo los 60 Km que restaban hasta Pau y en la meta se presentó solo con más de ocho minutos sobre Magne que, si bien había hecho esfuerzos sobrehumanos para alcanzarlo, no pudo evitar que esta 30ª edición del Tour quedara sentenciada -salvo accidente- en favor de Maes. Con todo merecimiento, esta es la verdad.
Mucho más cuando ya en la meta se supo que 'Tonin' Magne era sancionado con cinco minutos por haber recibido, fuera de zona de avituallamiento, un bidón de Victor Fontan. Por si fuera poco, a Verbaecke se le sancionaba con ocho minutos por utilizar bici con derailleur, aunque fuera solo durante un kilómetro, y con otro minuto más por recibir avituallamiento irregular de su mujer en la cima del Aubisque.
La carrera estaba decidida: Antonin Magne quedaba ya a 26' 13'' del líder, y Verbaecke -que perdía la segunda plaza en favor del francés- a 28' 38''.
En la etapa Cañardo fue tercero, Álvarez y Berrendero entraron 18' 42'' y un desfondado Ezquerra a 23' 48''.
Julián Berrendero se proclamaba Rey de la Montaña con 132 puntos, seguido de Maes con 112 y Ezquerra con 99.
Por equipos, el combinado hispano-luxemburgués ocupaba provisionalmente el segundo lugar, tras los intratables belgas y por delante de Francia.
En la general, Cañardo era 6º, Berrendero 11º, Ezquerra 13º y Álvarez 25º, de un total de 43 corredores.
Este 27 de julio de 1936, lejos del Tour, llegaban al Marruecos español los primeros veinte trimotores Junckers-52 proporcionados por el III Reich, que serían trascendentales en el desenlace de la Guerra Civil. A última hora de la tarde también aterrizaba en la Playa Victoria de Cádiz una avioneta procedente de Sevilla. Traía a Ramón de Carranza, el antiguo alcalde, que venía a hacerse cargo de la ciudad con el doble nombramiento de alcalde y gobernador civil en el bolsillo.
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