Del cielo de Londres al sol de Cádiz

Gimnasia rítmica

Elena Tomas, campeona mundial de cinta en 1979, ejerce desde hace 16 años como entrenadora del Club Polideportivo Cádiz · Revolucionó la gimnasia rítmica de la capital, que hoy sigue creciendo a sus órdenes

Elena Tomas posa en las instalaciones del Ciudad de Cádiz, donde trabaja a diario con sus alumnas del Club Polideportivo Cádiz.
Elena Tomas posa en las instalaciones del Ciudad de Cádiz, donde trabaja a diario con sus alumnas del Club Polideportivo Cádiz.
R. Jiménez / Cádiz

04 de enero 2011 - 05:02

Hace casi 17 años que aterrizó en Cádiz una de las joyas de la escuela soviética de la gimnasia rítmica, una mujer que siendo aún niña tocó el cielo de Londres con su cinta y que después recorrió medio mundo dando clases magistrales de su arte. La última parada de su viaje la llevó al Club Polideportivo Cádiz, donde recluta, entrena y educa a las figuras gaditanas del mañana. Elena Tomas, la mujer que llegó del frío, ha conocido el calor de este rincón y ya no piensa dejarlo.

Elena comenzó a practicar la gimnasia rítmica desde muy pequeña y le debía apasionar de verdad porque con sólo siete años y en soledad debía tomar dos autobuses y dar una larga caminata a 25 grados bajo cero para llegar hasta las instalaciones de su club, el Barrikady. Sus padres trabajaban y no podían acompañarla, pero el continuo apoyo de su entrenadora bastó para que Elena se enamorara de este deporte. "Con el tiempo llegué a ser la mejor gimnasta del club y tanto yo como una compañera llegamos a la selección de la URSS. Tenía 14 años cuando me llamaron por primera vez".

Con 17 años alcanza su mayor logro al convertirse en campeona del mundo de cinta en el Mundial de Londres'79, donde además consiguió sendos subcampeonatos en cuerda y en el concurso completo individual. "Cuando salía a la pista todo el público se callaba, el mundo se paraba y lo único que hacían era mirarme. Ese silencio me ayudaba a expresarme mejor, me ayudaba a sentirme alguien, que es lo importante en ese momento", recuerda. Elena relata que llegaba a Londres sin su entrenador porque el presupuesto de la Federación no daba para más, algo que la tuvo en tensión durante todo el certamen. Durante los meses de preparación, Elena había bordado el montaje que iba a presentar en Londres, pero justo antes de competir en suelo británico, en los entrenamientos previos, falló en su ejercicio. Por suerte, en competición volvió a clavar el montaje y la medalla de oro en cinta fue a parar a su pecho. "Es algo de lo que me siento muy orgullosa, pero un logró así te crea mucha presión. Cuando consigues algo tienes el deber de defenderlo, de estar ahí la próxima vez para repetir el triunfo".

Esa presión de la que habla Elena le pasó factura un año después, en el Europeo de Amsterdam'80. "La verdad es que llegué a la competición bastante presionada y un fallo en el ejercicio me costó el oro", asegura. No obstante, Elena pasó con nota el examen continental logrando la plata en cuerda. Explica, además, que desde la cita flamenca en adelante "ya no me sentí tan bien compitiendo, quizá gasté mucha energía y estaba un poco cansada".

En 1982 Elena deja la gimnasia y termina sus estudios universitarios, una especialidad la suya que en la entonces URSS le permitía ejercer como profesora de colegio o como entrenadora. Aquel mismo año Elena se casa y se traslada con su marido a Moscú, donde ejerce de entrenadora en el Dinamo y la selección soviética hasta que en 1993, justo un año antes de recalar en Cádiz, inicia una nueva aventura como entrenadora en Japón, concretamente en Matsuyama.

Las fluidas relaciones que existían entonces entre las Federaciones de Rusia y España le dan la opción a Elena acceder a la petición del Club Polideportivo Cádiz de conseguir una entrenadora. El marido de Elena, que por negocios viaja con frecuencia por toda Europa, le habla maravillas de España, ella no se lo piensa dos veces y se instala en Cádiz.

Sus primeros años en la Tacita son complicados, sobre todo por el obstáculo del idioma. Elena tiene la ayuda de un traductor para llevar a cabo sus clases, pero en su adaptación a la ciudad cuenta sobre todo con el apoyo de los padres de dos de sus alumnas, Carolina Malchair y Elena Fernández. "Los países que tienen más sol, son más alegres y yo estoy muy contenta aquí. Mi futuro lo veo en Cádiz, mi tierra siempre va a estar presente, pero me encanta mi trabajo y quiero seguir aquí", afirma Elena después de 16 años en la ciudad, una etapa complicada, pero que le ha traído grandes satisfacciones a través de sus alumnas, que han subido a podios nacionales e internacionales e incluso han participado en Juegos Olímpicos, caso de Carolina Malchair en Sydney 2000.

En la actualidad Elena trabaja en el Club Polideportivo Cádiz con una veintena de niñas de categorías benjamín, alevín e infantil que ella misma se encarga de ir reclutando, una tarea nada fácil. "Cada vez que vienen niñas a entrenar a la piscina me fijo en las que creo que reúnen mejores condiciones y preparo una carta para sus padres. La condición física siempre es fundamental, pero también debe haber un interés por parte de la niña, y esto se nota mucho más los años de Juegos Olímpicos, porque las niñas lo ven por la televisión y se sienten mucho más atraídas", explica Elena, que asegura que "las piernas y brazos largos, la figura estilizada, la belleza y la flexibilidad" son las condiciones físicas idóneas para la práctica de la gimnasia rítmica, aunque también debe existir una sensibilidad especial en la niña para la interpretación de los ejercicios. "La gimnasia rítmica es como un arte. A veces me despierto en mitad de la noche con una idea para un montaje y la apunto. Aquí es importante todo, al margen de los elementos con los que se trabaja, y hay que tener muy en cuenta el toque individual de las niñas y que cada una tiene un encanto especial".

Elena Tomas es ya una gaditana más, una de esas que nacen donde les da la gana. Todo un lujo para la gimnasia rítmica de Cádiz, que desde su llegada está alcanzando metas antes inimaginables.

stats