Garriga se machaca en el gimnasio para estar en Jerez
Uno de los mejores españoles de los 80 no se perderá la cita de junio Subcampeón del mundo de 250 en 1988 en un apasionante duelo con Sito Pons, nunca llegó a ser campeón
Nunca llegó a ser campeón del mundo pero conserva una aureola especial para los verdaderos aficionados al mundo del motociclismo de velocidad. El 'Boing 747', 'El Comecocos' caló muy hondo en el corazón de todos. Y se lo ganó a pulso. Derrochando pasión y ganas en cada curva. Machacándose entre semana intentando convencer en los despachos a sesudos responsables de marketing de lo acertado que podría resultar apostar por él en un ambiente que crecía en popularidad de manera espectacular día a día. Si alguna vez habría que hablar de un campeón con mayúsculas, sin corona, ése es, sin duda, Joan Garriga.
Una auténtica fuente de inspiración para multitud de aprendices de piloto en los finales de los ochenta e inicios de los noventa. La vida, y sobre todo la suerte, nos marcan a veces caminos inesperados. Pero hoy, Garriga vuelve con muchas ganas. La afición, en especial la española, tiene una gran deuda con él y la mejor manera de saldarla es abrigarle en su retorno a las pistas con motivo del World GP Bike Legends. Él ya prepara su reencuentro con Jerez, ejercitándose en un gimnasio y confeccionando un programa de pruebas en Calafat y Alcarrás. "Considero fantástica esa iniciativa de hacer una carrera para las viejas glorias de nuestro deporte -afirma Garriga-. Nadie se lo había planteado hasta ahora y creo que va a ser un éxito rotundo. ¿Os imagináis a Spencer, Schwantz, Gardner, Capirossi volviendo a pelear como si el reloj hubiera dado marcha atrás? Desde que me plantearon tomar parte en esta iniciativa he comenzado a programarme sesiones de entrenamientos en el centro de preparación física y en los circuitos de Calafat y Alcarrás. Espero que Jerez vuelva a ser una gran fiesta el próximo junio… Y yo uno de los grandes protagonistas de la misma ¿me entendéis?".
Un piloto hecho a sí mismo La vida nunca fue fácil para este autodidacta del pilotaje. Desde los inicios, Joan Garriga se vio obligado a ser manager, mecánico y piloto, todo en uno. Comenzó, como tantos, en el Criterium Solo Moto, aunque pronto dio el salto al Trofeo Nacional Senior de 250cc con una Yamaha prestada por el desaparecido Mingo Parés. Siempre con la ayuda del Instituto Naturista Bellsolá, se mantiene en Senior 250cc hasta 1983, año en que se proclama subcampeón de la categoría.
Y en 1984 aún son más espectaculares sus prestaciones, pues se alza con el título nacional de la categoría máxima -250cc Super- con la misma moto. Pero si un título nacional con Sito, Nieto, Cardús y muchos más en la parrilla es algo prestigioso, Garriga consigue ese mismo año una victoria aún más valorada para el aficionado español: la de las 24 Horas de Montjuich, acompañado por Benjamín Grau y Luis Miguel Reyes, a los mandos de una Ducati 900. Este triunfo le supuso un fuerte vínculo con alguien que marcó una impronta en su vida profesional: Ricardo Fargas. Precisamente es con él con quien monta el intrépido Garriga su equipo para 1985. Con el patrocinio principal de Mitsubishi y con una JJ Cobas con motor Rotax, este barcelonés se lanza a disputar todo un Mundial de Motociclismo ejerciendo de chófer del furgón -entonces los grandes tráiler aún no existían ni para los mejores equipos de 500cc-, de inspirado mecánico y, sobre todo, de gran piloto. No consigue victorias, por supuesto, pero deslumbra a todos con sus trepidantes actuaciones. En Salzsburgring, especialmente, pone los pelos de punta a más de uno. No terminó entre los primeros, al sufrir una pérdida de rendimiento en su propulsor al final de la carrera, pero el mensaje estaba lanzado y los buenos lectores de éstos avisados.
En 1986 todos le quieren, pero nadie se moja. Le ofrecen motos con 'kit' como se llamaban en la época, pero nadie se arrancaba para darle una 'factory'. Y entonces entran en acción los hermanos Castiglioni. Tras las grandes actuaciones de Juan a los mandos de sus motos en las pruebas de 24 horas, deciden apostar por él en el Mundial de 500cc a los mandos de su recién diseñada Cagiva. Debuta con una prometedora octava posición en la primera carrera, celebrada en el Jarama, pero el resto de la temporada no responde a las expectativas creadas en esa primera carrera. Así, Garriga decide cambiar de aires para 1987. Consigue patrocinio de Ducados y firma un contrato que le une a Yamaha. Dispone de dos motos semioficiales YZ250 y, aunque el presupuesto no llega a cubrir lo esperado, el talento del piloto le llevan a subirse al podio en Jerez -tercero- y en el Jarama después- segundo-.
El año prodigioso 1988 comenzaba con pocas novedades en cuanto a los medios con los que contaba Garriga: la misma Yamaha 250 semioficial y el mismo equipo técnico. Nadie se esperaba semejante año: Garriga y Pons firmaron, quizá, la temporada más apasionante en la historia del Mundial de 250cc.
Curva a curva, vuelta a vuelta, a lo largo de 15 inolvidables grandes premios, estos dos indómitos catalanes marcaron a fuego la historia de un certamen que todos los puristas recordarán de por vida. Al acabar la temporada, Garriga acumulaba tres victorias -una de ellas, Jerez- y tal cúmulo de puntos que le permitió ser segundo, tras Sito Pons, el gran campeón. Y muy por delante del resto de los piloto Yamaha participantes.
Garriga quería dar el salto, pero Yamaha le instó a quedarse un año más en 250cc. Y 1989 no fue precisamente para recordar. Las Yamaha no andaban y poco pudo hacer el catalán por mejorar la situación. De este modo, en 1990 pasa, finalmente, a 500cc. Cuenta con una estructura más profesional, pero siempre dependiente de él. Ese año se enfrenta a los grandes 'cocos' de todos los tiempos en la clase reina: Schwantz, Gardner, Lawson… Pero él no se arredra y acaba su primera campaña con una moto que "era poco menos que ingobernable. Había que tratar de pararla rápido, mantenerla el menor tiempo posible inclinada y, según la levantabas, atacar el gas".
Pero pese a sus constantes exhibiciones de talento, Garriga no terminó de tener suerte. Dicen que la suerte es de quien la persigue, pero no hay mayor mentira. Hay auténticos mediocres que se mantienen muchos años en el candelero y talentos inigualables, como el que nos ocupa, que de haber contado con un apoyo como el que mereció en su momento podría haber escrito las más brillantes páginas en la historia de este deporte.
A finales de 1992, Tabacalera cerró su programa de patrocinio para Garriga. Una vez más, los Castiglione -de los pocos que supieron valorar el infinito talento de este quijote español de las motos- le llamaron para pilotar sus Ducati oficiales en el Mundial de SBK. Pero Garriga no estaba centrado.
Cerrar su equipo de carreras supuso una auténtica pesadilla a todos los niveles. Algo de lo que no llegó a sobreponerse jamás. Renquea en SBK y, cuando le ofrecen salir en el GP de Montmeló para cubrir una baja, no lo duda. Aunque nadie lo sepa va a ser su última carrera. Al bajarse de la moto, cuelga el mono y los guantes.
Atrás quedan unos años que los buenos aficionados no olvidarán jamás. El próximo mes de junio y en el Circuito de Jerez Garriga vuelve. Es la gran ocasión para tributar al 'Comecocos' un más que merecido homenaje.
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