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Yo es otra

  • Tras el éxito de la autobiográfica y dolorosa 'Nada se opone a la noche', Delphine de Vigan propone una reflexión sobre la verdad y la mentira en la que se guarda unos cuantos ases en la manga.

La escritora francesa Delphine de Vigan (Boulogne-Billancourt, 1966), cuyo último libro será llevado al cine por Roman Polanski. La escritora francesa Delphine de Vigan (Boulogne-Billancourt, 1966), cuyo último libro será llevado al cine por Roman Polanski.

La escritora francesa Delphine de Vigan (Boulogne-Billancourt, 1966), cuyo último libro será llevado al cine por Roman Polanski. / Benjamin Chelly

La autora francesa Delphine de Vigan (Boulogne-Billancourt, 1966) vuelve a la ficción con Basada en hechos reales. Con su anterior Nada se opone a la noche (Anagrama), la novela más galardonada en Francia en 2011, hizo un profundo y doloroso ejercicio de memoria, reconstruyendo desde la autobiografía el suicidio de su madre y las causas que pudieron haberlo motivado. Lo cierto es que el éxito del libro y la intensidad de la escritura que hurga en la herida abierta sumieron a la autora en una especie de fatiga que la alejó de la biografía y del tratamiento literario de la propia vida. Aunque no era la primera vez que se sumergía en la realidad para contar historias: ya su primer título, la novela de iniciación Días sin hambre (Anagrama), relataba su experiencia personal con la anorexia. Pero entre uno y otro De Vigan publicó dos títulos de ficción, No y yo y Las horas subterráneas (ambos publicados en español por Suma de Letras), y ahora, como decimos, su nuevo libro retorna a ella. Aunque la autora no se ha resignado a dejar de jugar con lo autobiográfico (es ya su marca de la casa), y de esta forma, presta su nombre a la protagonista de la novela así como gran parte de su vida. No cabe duda de que es un procedimiento habitual en literatura dotar de rasgos y experiencias propias y ajenas a los personajes de papel, que nacen de esa amalgama, pero nos detenemos en los casos de autoficción quizás porque nos llama la atención la técnica desvelada y deliberada, la promesa de verdad.

Basada en hechos reales embauca al lector (que muy probablemente espere, predispuesto, una suerte de continuación de Nada se opone a la noche dado el título de esta nueva entrega) con señales que le hacen pensar que es de la vida real de lo que se está tratando: la Delphine protagonista se siente exhausta tras el éxito abrumador de su último libro y ha entrado en una etapa de sequía y bloqueo profesional que le hace imposible enfrentarse a la página en blanco. El lector siente que ya sabe de qué va el asunto: reconoce esa provocación de la verdad, de la vida real.

La maravilla es que esta vez la escritora se reserva varios ases en la manga que dosifica para que los vayamos desentrañando paulatinamente en la lectura y una vez ya atrapados por completo dentro de su red. Nos encontramos ante un thriller psicológico con todas las de la ley, un sutil homenaje al género a través de Stephen King. Del novelista estadounidense toma las citas que enmarcan los tres apartados de que consta su novela (seducción, depresión, traición), dejándonos caer que ronda por el libro el mito del doble literario y la metaliteratura (alude a Misery y a La mitad oscura).

Lo que empieza siendo una primera persona que parece dispuesta a confesarse de tú a tú con el lector, va tornándose una novela de otro género, que cuestiona nuestra opinión previa e incluso la controversia de las etiquetas literarias. ¿Es Basada en hechos reales una historia verdadera? ¿Quién la escribe, De Vigan o su doble?

Todo comienza cuando el otro personaje principal, del que sólo conocemos la inicial de su nombre, L., entra en la vida de Delphine. L. aprovecha que la protagonista está atravesando un momento vulnerable para colarse en su vida. Y tiene esa habilidad que a todos nos resulta familiar en mayor o menor medida de las personas especialistas en absorber la energía ajena. Uno de los temas tratados es, de hecho, el de esas amistades perniciosas que acaban debilitándonos, imitándonos y finalmente, viviendo algo que se parece demasiado a nuestra vida (¿un doble forzado?). Tal y como suena, esta relación con L. va volviéndose altamente peligrosa para Delphine y aumentando así el ritmo del suspense de la novela que, logrado con sutileza y sobriedad lingüística, da excelentes resultados. La expectación envuelve de veras al lector, que se encuentra con un cóctel de ingredientes muy suculento para saborear un thriller: flecos que quedan sin atar, la tensión psicológica que va aumentando gradualmente, e incluso un final sorprendente. Por sus conexiones con la metaliteratura éste me trajo a la mente el de Ian McEwan en Operación Dulce, relacionando así nuestro título con una novela contemporánea del mismo corte.

Es necesario hacer hincapié en lo metaliterario, pues tiene un peso muy fuerte en la novela y sostiene la trama. Además de que ambas protagonistas son escritoras y con ello se ganan la vida (a Delphine ya la conocemos y L. trabaja como negro para una editorial), el conflicto narrativo tiene que ver en gran parte con sus diferentes planteamientos teóricos: mientras L. está convencida de que Delphine ha de escribir su novela fantasma, la que relate todo lo oscuro de su autobiografía que le quedó por contar desde su novela anterior, Delphine busca ahora personajes que no surjan de ninguna parte, que sean invención pura. Y en un guiño divertido al debate que la autoficción genera hoy por hoy entre la crítica literaria y entre lectores aventajados, las desavenencias entres ambas mujeres hacen derramarse el veneno que L. guarda en secreto. Sus diferentes puntos de vista sobre verdad y ficción (la verdad de la propia Delphine, o de su autora o de su doble -ustedes ya lo van a descubrir- importan tanto como importa la vida). No en vano, sus posturas al respecto serán vitales en el desenlace de este relato. Que podría ser la realidad contada o pura invención de la reina de la autobiografía.

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