De las rastas a Chanel. Fernando Santiago
Como en España hay que repetir lo evidente, empezaremos por ahí: 1.Cada uno es libre de vestir y peinarse como le parezca. 2. Por supuesto que es mejor un honrado harapiento que un corrupto bien vestido. Ya puestos, yo prefiero alguien honrado y que vista con decoro, sin aspavientos. No me gustan ni las rastas, ni los pantalones cagaos , ni el grunge en los cargos públicos, pero tampoco el estilo Chanel de Silvia López o Gema Pérez. Un término medio está bien. Cuando uno representa a otros debe prestarle atención a la indumentaria, me parece a mí. Sobre todo si las funciones públicas son singulares como el alcalde o un ministro. Las funciones de un cargo público no precisan vestirse como si se fuera a participar en la Pasarela Cibeles pero tampoco es preciso hacerlo como el que limpia cristales en un semáforo. Así lo veo yo, aunque es probable que esté equivocado. De la misma manera soy tan ingenuo que siempre pensé que para gestionar el bien común había que elegir a los mejores. Los partidos se han convertido en una agencia de selección de personal, casting le dicen ahora. Lo que ocurre es que en lugar de elegir a los más capaces seleccionan a los adeptos al mando. Celia Villalobos es un ejemplo burdo, pero la manera en que Susana Díaz elige a los diferentes cargos de responsabilidad de la Junta es prueba palpable de que lo más importante no es la capacidad de cada quien sino la docilidad con el poder, en este caso Ella misma. Lo más chirriante es que quienes venían a romper con todo este sistema han caído en los mismos errores. Podemos Cádiz dijo que iba a hacer una prueba pública para seleccionar a sus asesores, en lugar de acabar con tan innecesario cargo. 500 incautos mandaron su curriculum para que al final eligiesen a la novia de Lolo Bouza, a la novia de Barcia, a la Laura y al Perico. Lo mismo que el resto. Quizás el problema venía ya viciado de origen: cuatro de los ocho concejales de Podemos no había trabajado nunca. La primera vez que van a cotizar a la seguridad social va a ser por un cargo público, lo que ellos mismos habían criticado tanto del Régimen del 78. Ahora abrevan en las arcas públicas como si fueran casta pura y dura. En el 79 los partidos elegían a los mejores : muchos profesionales, algunos desde la universidad, el sindicalismo, el movimiento vecinal y así. Ahora se llaman activistas pero al final vienen a lo mismo, a vivir de la política. No se distinguen en nada de aquellos a los que pretendían sustituir. Nepotismo e ineptitud. Fernando Santiago
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