La ley del embudo. Por Fernando Santiago

16 de noviembre 2015 - 07:57

Lo diga el secretario general del Ayuntamiento, el Tribunal Constitucional , los más reputados especialistas en la materia o el Consejo de Ancianos de la tribu: si uno tiene dedicación exclusiva significa que no puede dedicarse a otra cosa. Luego vienen las argucias de abogados y las artimañas de los políticos. El caso es que si la Ley de Incompatibilidades de Cargos Públicos impide a Antonio Sanz ejercer la abogacía ¿para qué está dado de alta como ejerciente en el Colegio? Si la dedicación exclusiva le impide a Martín Vila el ejercicio de la abogacía ¿para qué está dado de alta como ejerciente en el Colegio? Todo ello, por si fuera poco, sin un justificante que demuestre que no obtienen ingresos por el ejercicio de la profesión , nos debe bastar con su desgastada palabra. Luego vienen las explicaciones , las excusas, los gatillazos del Grupo Municipal del PP y tantas cosas más. Conviene recordar que ni uno ni otro son recién llegados a esto de la política profesional : Antonio Sanz era diputado y Martín Vila asesor de la Consejería de Turismo . Los dos son licenciados en Derecho, lo que debería suponer un cierto conocimiento de la leyes, si es que llegaron a aprenderlas a su paso por la Facultad, cosa que no parece suficientemente demostrada. El asunto se habría zanjado con una excusa pero la soberbia y el enfrentamiento partidista tienen una impronta extraordinaria. No resulta a primera vista un fallo grave, quizás un olvido o un intento de acumular años en el Colegio de Abogados por si eso reporta algún beneficio posterior. Un pecado venial, desde luego, máxime con el vendaval de corrupción que ve la sociedad española a diario. Todo lo empezó el Grupo Municipal Popular del Ayuntamiento de Cádiz. Al final el asunto se les vino encima cuando se supo que afectaba a su presidente provincial y Delegado del Gobierno en Andalucía. El afán desmedido por criticar al adversario le ha supuesto un ridículo espantoso al PP lo que nos lleva a pensar con qué ligereza tratan sus propios compromisos y obligaciones quienes nos gobiernan. Se tienen ellos mismos por unos servidores de la sociedad que se sacrifican por todos nosotros con abnegación y entrega mientras se arrojan la basura unos a otros como si cada uno estuviera al margen del oprobio. Volvamos a Jorge Manrique “por los comunes afanes dejad los particulares”. Si quienes gestionan el bien común y los recursos públicos se aplican a sí mismos tanta indulgencia ¿qué harán con lo de todos? Fernando Santiago

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